Opinión

Las lágrimas de la Virgen del Sol

EN LA FRONTERA

Rafael Ortega | Sábado 24 de enero de 2026

Lágrimas de dolor por las 45 víctimas del trágico accidente ferroviario de Adamuz, pero lágrimas también de alegría, de gozo, por el comportamiento de los cuatro mil vecinos de ese pueblo serrano de Córdoba del que la Virgen del Sol es la patrona, que tiene su casa en un paraje conocido como el Cerro, a siete kilómetros el centro del pueblo, y que recibe el 16 de agosto en su ermita a la romería, que asienta todos los años la imagen de la Virgen en un pedestal, que es el tronco de una encina.

El pasado domingo todos vivimos, y lloramos también, según íbamos conociendo las noticias que nos llevaban a la triste realidad de vivir en un país, en donde creíamos que ya estas cosas no pasaban, pues la soberbia del desarrollismo nos había cambiado la percepción de esa realidad, a pesar de que hace poco menos de quince meses habíamos convivido con una “dana” brutal, con más de doscientos muertos. Entonces fueron los elementos físicos con probables fallos humanos, ahora han sido los mecánicos, también con esa posibilidad, que por ahora no atrevo a calificar, ya que la rabia interior que tengo puede que me haga expresarme de forma muy dura.

Lo que sí que quiero calificar, es el comportamiento de los adamuceños y adamuceñas, que con su alcalde, Rafael Ángel Moreno, al frente, nos han dado una lección a todos al abrir su pueblo, es decir sus casas, sus hogares, a todos los afectados y a sus familiares. Es más, quisiera centrar mi homenaje particular en un joven de 16 años, Julio, que a los pocos minutos de tener noticia del accidente, salió corriendo hasta el lugar de la tragedia y ayudó a decenas de pasajeros a salir de los vagones e incluso se quitó su calzado para dejárselo a una persona para que los cristales de la ventanas rotas no hirieran sus pies. Julio es ejemplo de esa juventud española que tantas veces denostamos en público y en privado, olvidándonos de una cosa fundamental: los jóvenes son todo corazón y son nuestra esperanza para el futuro.

Unos jóvenes que todos los 16 de agosto, cuando la imagen de la Virgen del Sol llega a su ermita cantan: “ De lo alto de los cielos, la vista Madre extiende y a nuestro amor atiende, Santa Virgen del Sol” Y seguro, que Julio, mientras ayudaba a los afectados iba cantando estos versos y rezando a su patrona, que, como hemos dicho, pasó de las lágrimas de tristeza a las de alegría de ver a su pueblo, a Adamuz, como se hacía protagonista de una noticia que para muchos, para casi todos los españoles, colocó a esa localidad en el mapa de España.

Y digo a casi todos los españoles, pero no para mí, porque Adamuz es el pueblo de toda mi familia política y mi mujer se llama Sol, como quiso su padre, al conocer el lugar donde nació su esposa. Por eso, además, me ha llegado al fondo de mi alma esta triste noticia, pero al mismo tiempo me ha llenado de orgullo y de satisfacción por esos cuatro mil habitantes, que con apellidos como Ayllón, Ceballos y otros, merecen todos nuestro respeto y por qué no- y hago esta petición en serio-la Medalla de Oro de Andalucía.

Mi respeto y mi agradecimiento y también mi orgullo, porque queridos lectores los españoles somos así y no como nos quieren hacer ver algunos.