El Real Madrid respondió este sábado con éxito al primer examen al mandato de Álvaro Arbeloa. Es más, aprobó con sobresaliente. Le tocó visitar al Estadio de la Cerámica, uno de los más complicados de LaLiga, y salió victorioso mostrando la cara que todo el madridismo quería ver desde el comienzo de la temporada. Doblegaron al Villarreal, cuarto clasificado y uno de los mejores del campeonato jugando en casa, compitiendo de verdad durante los 90 minutos, con sacrificio colectivo, concentración y solidaridad de esfuerzos. Y, claro, con la calidad que hay en la plantilla merengue, cuando la actitud y el compromiso están sobre la mesa todo es más fácil. Y las aspiraciones desempolvan la vigencia que parecía perdida. El novedoso entrenador madridista no se dejó nada en el banquillo. Sabía que este duelo era crucial (por el contexto propio de su vestuario y por el marco clasificatorio, pues el Barcelona venía de pinchar en San Sebastián), así que alineó a lo mejor que tiene sano. Dean Huijsen y Raúl Asencio jugaron en el centro de la zaga, con Fede Valverde en el lateral diestro y Eduardo Camavinga supliendo al ausente Aurelien Tchouaméni en el eje. Además, dio el técnico continuidad a las apuestas que ha ido esbozando en su breve estadía. Arda Güler es el organizador del juego y Franco Mastantuono dispone de una nueva alternativa. Pero sabe el preparador novel que más que de nombres, de lo que se trataba para ganar en esta plaza es de intensidad y hambre. Y ese parámetro, de momento, lo tiene conquistado.
El equipo de Marcelino García Toral, que lidió con las bajas por sanción de los titulares Santiago Mouriño y Santiago Comesaña, arrancó como se le supone, mordiendo y trazando contragolpes volcánicos. Desplegaron su planteamiento tradicional ante los grandes, un libreto en bloque medio que convierte el terreno de juego en una guerra de guerrillas. Si algún futbolista tarda un segundo de más en decidir, automáticamente pierde el cuero y, lo que es peor, propicia una contra directa hacia la portería de su escuadrón. El ritmo y la exigencia técnica asumen cotas que rozan lo asfixiante. Eso es lo que se encontraron los capitalinos... y decidieron combatir al fuego con gasolina en el primer tiempo. Si los locales querían un toma y daca ardiente, los visitantes aceptaron el reto y doblaron el desafío. Porque saben que la pegada juega a su favor y que la naturaleza de sus delanteros tiende más a la carrera que al estatismo.
Así las cosas, temprano quedó claro que para dañar debían afinar los cambios de orientación. Éste es el método predilecto para provocar que el repliegue rival no llegue a vascular a tiempo y amanezca espacios y unos contra uno en las bandas. Los que mejor lo entendieron fueron Asencio (dejó cambios de banda milimétricos) y un Güler pletórico. El turco lideró a sus compañeros en la distribución, en el filtrado de pases y en el trabajo sin balón. La confianza le está propulsado, tanto a él como al esquema, que acometió una presión tan coordinada que provocó múltiples recuperaciones en campo contrario. Y cuando los de Chamartín dispusieron de la iniciativa mostraron una movilidad e intercambio de posiciones destacable. Arda caía a la derecha, Jude Bellingham volvía a romper con desmarques en profundidad o Mastantuono se disfrazaba de rematador en el área.
El Submarino tardó en asentarse y fue la inteligencia de Gerard Moreno la que les mostró el camino. El veterano atacante mostró su excelsa visión de juego bajando a recibir, sacando a Huijsen de sitio y abriendo con lucidez hacia los costados. Así avisaron en el minuto 12, con una llegada de Alfonso Pedraza y una volea de Tajon Buchanan que cortó, providencial, Álvaro Carreras. Fue éste el pistoletazo de salida. Los chuts de Georges Mikautadze y la pintura de Güler (sentó a dos rivales en una baldosa y remató centrado) anunciaron la tormenta ofensiva venidera. En el 24 Asencio salvó in extremis la situación tras un fallo conceptual de Vinicius; en el 25 Arda disparó arriba una circulación fluida tejida entre Mastantuono y Bellingham; en el 26 un robo adelantado madrileño derivó en otra llegada clara sin remate; y en el 27 Kylian Mbappé desenfundó su arsenal con un latigazo raso que detuvo el meta Luiz Junior.
Más que seguir una trama, el encuentro vivía a borbotones. El descontrol, con un tempo de juego desaforado, obligó a todos a realizar esfuerzos largos y continuos, que sin duda pasarían factura más adelante. Pero en el entretanto confeccionaron un escenario vibrante en el que Pape Gueye (héroe de Senegal con un golazo en la final de la Copa África) se agigantó ocupando mucho terreno, distribuyendo y cortando, y Camavinga naufragó otra vez en la asociación (su lentitud e imprecisión le restan galones como pivote). Asimismo, Pedraza multiplicó su influencia con centros espinosos, completando una oda al fútbol ofensivo que no alteró el marcador de casualidad. Gueye, Mikautadze, Vinicius y Mbappé disfrutaron de situaciones nítidas de remate, siendo el brasileño el más atinado (cruzó un zurdazo que se marchó cerca del poste en el minuto 41).
Juan Foyth se perdió esta fiesta al caer lesionado antes de la media hora. El zaguero argentino, muy castigado por las dolencias a lo largo de su carrera, se dañó el tendón de Aquiles y tuvo que ser sustituido por Rafa Marín, que cuajaría un gran encuentro. De hecho, en el minuto 30 salvó a su equipo al desviar un pase largo sensacional de Asencio que dejaba a Bellingham solo ante el arquero. Con todo, el 0-0 aguantó hasta un intermedio muy necesario por el derroche físico de ambos conjuntos. Entonces Arbeloa tomó la decisión de quitar el pie del acelerador y buscar más aplomo. Quiso tomar las riendas del choque y sus subordinados cumplirían con creces, pues en la reanudación ajustaron las marcas (sobre todo, Huijsen mejoró la vigilancia sobre Gerard Moreno) y limitaron al máximo el número de transiciones fulgurantes concedidas.
Quedó pues nublado el abc de Marcelino y el preparador asturiano sufriría otra complicación en el prólogo del segundo tiempo. El Madrid había vuelto a presionar de verdad y en el 47 Mbappé estableció el 0-1. Ocurrió en una circulación de lado a lado, alimentada por otro cambio genial de Arda, en la que Vinicius se marchó por primera vez de Pau Navarro, apuró la línea de fondo y centró con mala idea. Pape Gueye no supo despejar con contundencia y Kylian, astuto y atento, embocó el rechace con un trueno rasante que se coló entre las piernas del arquero. Su 33ª diana del curso dio más convicción a los merengues, que ya no soltarían el timón. Su activación tras pérdida terminó de desnivelar el partido.
El cansancio hizo acto de presencia atacando más a los locales, que curiosamente, había podido rotar en la Liga de Campeones. Dani Parejo habría sufrido en el primer tiempo por el ritmo y ahora le costaba responder con creatividad. Sólo alcanzó a filtrar un centro a la espalda de Huijsen que Moreno voleó a las nubes. Ambos serían relevados por puro agotamiento y lo notó su colectivo. Eso sí, antes de descansar casi dibujaron las tablas en una acción ensayada que lanzó el mediocentro y desperdició el atacante, solo desde el punto de penalti -minuto 63-. Le salió gratis el fallo en la marca a los capitalinos, pero no cometerían más errores llamativos. Camavinga creció en lo que sí se le da bien, la destrucción, y Thibaut Courtois sólo intervendría en el disparo centrado de un Alberto Moleiro bien medido por Fede Valverde. El meta belga no recibió más que un tiro entre palos esta noche. Por ahí se entiende la espléndida actuación de la delegación de Concha Espina, que acabó con más remates totales y a portería, con más duelos ganados y con la posesión dominada.
La entrada en juego de Ayoze Pérez pareció dar nuevos bríos a los levantinos. En cambio, el canario no bastó para deshacer las coberturas concienzudas de los favoritos. Nada perturbó la reivindicación colectiva de un Madrid que parece haberse rehabilitado de un plumazo como grupo. Cosas de este deporte. Mbappé le puso la guinda al triunfo al provocar un penalti (de Pedraza) y transformarlo 'a lo Panenka' -minuto 94-. El astro francés le hizo un guiño a su compañero Brahim Díaz, que también fue de la partida al final. Suma 21 tantos en 20 jornadas disputadas de Liga (se perdió el duelo frente al Betis de principios de mes). Su nombre quedará fijado a esta victoria coral que les devuelve al liderato liguero. Aunque sea sólo de forma provisional, parecería que sopla un aire nuevo en el Bernabéu.