Javier Zamora Bonilla | Martes 16 de diciembre de 2008
Tenía pensado hoy preguntarme en público, dentro de este espacio sideral que son las páginas internautas, “¿qué quieren los jóvenes?”. Mi pregunta nacía a propósito de las protestas por el plan Bolonia en las universidades y de las violentas manifestaciones que han tenido lugar en Grecia por la muerte de un muchacho a manos de la policía, manifestaciones que se han reflejado, no sé si con sentido, bullangeramente en España, pero mi entrañable y entrañado maestro Agustín Andreu me sugiere un tema que me parece importante abordar. En el fondo, (¿hay alguien?) lector, con mi pregunta sobre los jóvenes sólo iba a mostrar mis dudas, pues no tengo respuesta a qué quieren los jóvenes, y no sé si es de recibo ponerse en público a hacer ejercicios banales de oratoria cartesiana para no decir nada sustancial, así que acepto el tema propuesto por Andreu, quien piensa como yo que la “historia magister vitae est”, y no sólo porque de las enseñanzas de la historia (de la experiencia de los mayores, de los antiguos) pueda aprenderse mucho, sino también porque tememos a los adanistas, que creen estar iniciando la historia universal a cada paso.
Lo que me sugiere mi maestro Andreu -que acaba de iniciar hace unos meses la adolescencia de los 80 años, pues vive la vida con una pasión veinteañera- es que me haga eco de un texto publicado en la revista francesa Le Mois. Syntèse de l’activité mondial, que reprodujo en sus Novísimas sideraciones (Institució Alfons el Magnànim, Valencia, 2007, p. 70) y que viene muy bien para ver, a propósito de los últimos escándalos financieros y en concreto el ultimísimo de Madoff, lo poco que aprendemos de la historia, lo tozudo que somos los hombres en la comisión de errores. El texto en cuestión son unas palabras del electo presidente Franklin D. Roosevelt poco antes de tomar posesión de su cargo y dice así: “Una de las causas principales de nuestro presente malestar es la explotación financiera absolutamente desarreglada que hemos padecido. Los «Holding» de financieros insolventes han infligido grandes pérdidas a la economía americana. Esas creaciones artificiales son enormes edificios, demasiado pesados por arriba, que se alzan peligrosamente por encima de las sociedades. Los Holding permiten a ciertas administraciones ambiciosas, crear valores fingidos que no tienen nunca como contrapartida acciones reales (de gages réels). Sus promotores dicen favorecer así el desarrollo de empresas dirigidas por hombres competentes y que facilitan la financiación de los negocios. En realidad, lo que hacen es permitir que sus administradores se asignen emolumentos más altos, ayudar a los financieros a que le arranquen beneficios ilícitos a un público inexperto y confiado al que no se informó útilmente [...]. No se ha cometido jamás un acto de bribonería mayor contra el público americano, con un éxito más completo...”.
Si no queremos aprender de la historia, nos irá mal, y a este paso vamos a cometer un liberticidio contra esa gran ideología que ha sido el liberalismo al dejarla en manos de libertinos económicos, que no liberales.
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