Opinión

Inventando un mundo perfecto

Carlos Loring Rubio | Martes 16 de diciembre de 2008
Atónitos asistimos al declive del sistema financiero. El último golpe asestado por el Caso Madoff, hace temblar los cimientos de lo que parecía inalterable: La solidez del capitalismo como mejor sistema para el logro de los propósitos de las sociedades organizadas. La confianza se pierde y se atisba el caos. Los próximos años serán cruciales para salvar los ánimos de todos nosotros. La especulación sobre la especulación, las rentabilidades altas y fáciles, la competencia desleal, el dinero. Parece que todo está corrompido, que nada es verdad, humo sin fuego, codicia.

Es entonces cuando aparecen con más fuerza los legitimados para establecer un nuevo orden: sectas, radicales, iluminados, extremistas y toda clase de hordas que, con la razón que les da la actual situación, dibujan en sus cabezas la sociedad culmen a los propósitos de los que saben entender los dogmas propugnados. Ya no hay impedimento para ejercer, fuera del orden establecido, el sistema salvador. Es para ellos necesario un Mundo sin especulación, sin símbolos, sin bajas pasiones, sin pecados. Volver al origen de la humanidad, en “armonía con la naturaleza”, en solidaridad con el resto, para llegar a la verdadera realización del hombre en sencillez y austeridad. Se hace necesario desaprender. Es difícil entender que la modernidad y el progreso son parte de nuestra naturaleza.

Quizás debemos recordar que Hitler, Marx o Pol Pot, concibieron mundos ideales. Los resultados dramáticos son por todos, o casi todos, conocidos. Hoy jóvenes con las hormonas alteradas queman, apedrean y asaltan al grito de los que inventaron utopías, cronotopías, protoutopías o ecotopías. Se sienten con fuerzas de imponer su criterio por la fuerza y sus razones atienden a ilógicos propósitos, nada importa, hay que estar en lucha.

Debe ser difícil tener que encajar en una sociedad que necesita de libertad, orden y trabajo. Tediosa y aburrida es la vida del rebaño. No es soportable una gris existencia, se necesitan héroes de la destrucción, de más fácil naturaleza que la de las agallas necesarias para construir y convivir con el resto.

Lo que hace al mundo perfecto son sus imperfecciones. Los dioses envidian nuestra efímera existencia, nuestro dolor y nuestro sufrimiento. Imponer, mediante la violencia, remedios globales tiene siempre consecuencias desastrosas.

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