El máximo responsable de Sanidad en Estados Unidos, Robert Kennedy Jr., retira la recomendación de aplicar la vacuna contra el virus de la hepatitis B a los recién nacidos. Esta enfermedad puede causar enfermedad hepática, cirrosis, cáncer de hígado y muerte prematura. Es altamente contagiosa y puede transmitirse de madre a hijo al nacer.
El Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP) de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) votó, a principios de diciembre pasado, a favor de suspender su recomendación, vigente durante décadas, de la vacunación universal contra la hepatitis B desde el nacimiento.
La profesora Janet A. Jokela, experta en salud pública y enfermedades infecciosas, así como decana de la Facultad de Medicina Carle Illinois, hace hincapié en que la hepatitis B se transmite a través de la sangre y otros fluidos corporales, lo que significa que toallas, paños y cepillos de dientes pueden transmitir la infección. Es resistente al medio ambiente y puede permanecer infecciosa en superficies sólidas hasta siete días.
Antes de la implantación de la dosis al nacer, solo se vacunaba a las madres con resultado positivo. Esto seguía provocando infecciones infantiles: algunas madres nunca se sometían a pruebas de detección u obtenían resultados falsos negativos y algunos bebés, además, contraían la infección de otros cuidadores. Por esta razón, se decidió implementar la dosis universal de la vacuna al nacer.
Con contundencia asegura también la doctora Jokela que, desde la implementación de la dosis inicial de la vacuna contra la hepatitis B en 1991, las infecciones crónicas por hepatitis B en niños y adolescentes se han reducido en un 99 %. Se han evitado más de 500.000 infecciones infantiles y se estima que 90.100 muertes. Esta recomendación se reforzó y reafirmó en los años 2005 y 2018.
Este Comité -explica Jokela- votó a favor de eliminar la recomendación de vacunación a pesar de no existir nueva evidencia de sus efectos perjudiciales y de ignorar los claros beneficios. También recomendó que los padres soliciten a los médicos un análisis de sangre de anticuerpos para determinar la necesidad de dosis posteriores de la vacuna, a pesar de la falta de evidencia que respalde este enfoque.
“La justificación para retrasar la vacunación no está clara -se lamenta la catedrática-. La seguridad de esta vacuna se ha estudiado y examinado a fondo durante décadas, y sus beneficios son significativos. Aproximadamente el 90 % de los bebés infectados cerca del nacimiento desarrollan una infección crónica por hepatitis B. También corren el riesgo de padecer cirrosis, cáncer de hígado y muerte prematura. Además, quienes padecen hepatitis B activa sin tratamiento corren el riesgo de infectar a otros. Retrasar la administración de la dosis de la vacuna contra la hepatitis B al nacer aumenta todos estos riesgos”.
Históricamente, el ACIP ha sido un comité asesor de los CDC compuesto por expertos en vacunas, inmunización, seguridad y epidemiología de enfermedades infecciosas. Sin embargo, esto cambió cuando el secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., despidió a todos los expertos del comité en junio de 2025.
Actualmente, muchos de sus miembros tienen poca o ninguna experiencia clínica, importantes conflictos de intereses no declarados y un sesgo evidente; sus antecedentes indican que muchos tienen vínculos significativos con iniciativas antivacunas.
Además, se ha excluido a los expertos en vacunas de las deliberaciones del Comité, y se ha abandonado el meticuloso proceso de toma de decisiones, que normalmente requiere meses de preparación minuciosa.
La doctora Jokela subraya que, normalmente, las recomendaciones del ACIP son aceptadas por el director de los CDC y se convierten en política sanitaria nacional. Las compañías de seguros deben cubrir las vacunas recomendadas, y el Programa de Vacunación Infantil requiere la aprobación del ACIP para la cobertura en niños sin seguro médico o con seguro insuficiente.
Además, muchas políticas y leyes estatales relativas a la cobertura de vacunas se vinculan a las decisiones del ACIP. “Por lo tanto -dice a renglón seguido-, las decisiones y recomendaciones de este grupo tienen importantes implicaciones económicas y políticas. Esta es una de las razones por las que algunos Estados ya publican sus propias directrices sobre vacunas, incluyendo la cobertura de seguros: ya no confían en las decisiones del ACIP ni en las recomendaciones de los CDC”.
Por último y ante el incalificable alcance de esta medida propiciada por el sobrino del 35 presidente de Estados Unidos, asesinado en Dallas en 1963, esta experta hace hincapié en que “las vacunas pediátricas y el calendario de vacunación se han estudiado exhaustivamente y revisado cuidadosamente durante décadas».
«Los expertos siempre han estado dispuestos a revisar el calendario y las vacunas para garantizar que cumplan con los más altos estándares de seguridad -continúa-. Los datos actuales no respaldan cambios en el calendario de vacunación pediátrica, como la eliminación de la dosis al nacer de la vacuna contra la hepatitis B, el espaciamiento de las inyecciones ni la separación de los componentes individuales de las vacunas combinadas. Dado el amplio deseo de minimizar el número de inyecciones, las vacunas combinadas contribuyen a lograrlo. Separar los componentes de las vacunas combinadas aumentará el riesgo de omisión de vacunas y de que los niños enfermen por infecciones prevenibles mediante vacunación”.