José Antonio Sentís | Martes 16 de diciembre de 2008
¿Cómo puede Zapatero pasear a los batasunos por Europa y conseguir la complicidad de la Unión Europea en la negociación con Eta, y dos años después promover la calificación de grupo terrorista de esos mismos proetarras y perseguir a muerte a esa misma Eta?
¿Cómo puede permitir Zapatero que los proetarras de ANV sean parcialmente legalizados para que ocupen decenas de ayuntamientos vascos mientras negocia con Eta y luego denunciar a ANV en Europa?
¿Cómo puede Zapatero poner entre algodones a señeros asesinos terroristas y calificarlos de hombres de paz cuando negocia con Eta, para después poner cara de indignación y pesadumbre ante los asesinatos de los colegas de esos terroristas?
No es fácil desarrollar una política tan contradictoria frente al terrorismo y salir indemne. Y, sin embargo, Zapatero lo consigue. La causa: la amnesia colectiva. Una enfermedad degenerativa de la sociedad española.
Es un terrible precedente del que se puede tomar buena nota desde el poder. Si la sociedad española olvida la indigna inutilidad, o la inútil indignidad, de la negociación con Eta, que dio el respiro que necesitada la banda terrorista cuando más contra las cuerdas estaba, esa misma sociedad puede olvidar muy pronto la actual firmeza contra Eta si se da un nuevo y milagroso marco negociador.
Claro que las tragaderas nacionales no son diferentes de las europeas. En Bruselas costó un congo reconocer que el entramado político de Eta era el propio de un grupo terrorista internacional. Sólo lo hizo en la época de un Aznar muy influyente en la Unión, y tras mucho esfuerzo, porque sus predecesores tropezaron siempre con el muro de la insensibilidad mundial ante nuestro terrorismo doméstico.
Ese esfuerzo lo tiró por la borda de un plumazo Zapatero, volviendo a dar dignidad internacional a los terroristas, a lo que mansurronamente accedió la Unión Europea.
Ahora, volvemos por donde solió Aznar, y Zapatero saca pecho porque detiene muchos terroristas. Tantos como dejó en libertad cuando le convenía. Que es exactamente como si un desertor se convirtiera en héroe al regresar al campo de batalla atemorizado por la amenaza de los suyos.
El Gobierno y la Unión Europea aciertan ahora por colocar, obviamente, a los terroristas en el saco del terrorismo. Pero nadie puede asegurar que no vuelvan por sus pasos cuando les convenga; lo que, en el caso de Zapatero, dependerá de las encuestas electorales para el País Vasco y para el conjunto de España.
Entiendan, sin embargo, los gobiernos español y europeo que sus frivolidades sobre Eta no salen gratis. Que cuestan muertos. Que los terroristas han tenido, y en parte conservan, más información sobre sus víctimas, más libertad de movimientos, más cobertura cómplice y más dinero gracias a que se les permitió desprenderse por un tiempo decisivo de la presión europea y ocupar instituciones (Parlamento vasco y municipios) en España.
La realidad, al final, es que Zapatero no entendió cómo los etarras eran tan estúpidos como para continuar una guerra sin posibilidad de victoria, y los etarras no entendieron cómo aprovechar la estupidez de Zapatero por aplazar una victoria al alcance de su mano.
Ahora que Zapatero (con Europa) ha vuelto, aparentemente, a la guerra de trincheras contra Eta, la incógnita es saber si mantendrá el tipo. Y si se expresan temores no es por otra cosa que por la sensación de que nos está engañando, pues, en caso contrario, ¿por qué no desaloja de una vez a los proetarras de los ayuntamientos, por qué no legisla en ese sentido, por qué no disuelve las corporaciones contaminadas con el terrorismo?
Que no dé más excusas de mal pagador. Zapatero está jugando en un cálculo arriesgado sobre las consecuencias políticas y electorales de sus movimientos contra Eta. Estira y afloja la cuerda, soñando con Pachi López en el sillón de Ajuria Enea, para tener el Triángulo de las Bermudas nacionalista (Cataluña, Galicia, País Vasco) bajo su control. Todo muy legítimo, pero que no juegue más con la dignidad colectiva, porque hasta sus propios partidarios empiezan a cansarse de defender en días alternos la paz y la guerra con Eta.
Zapatero tiene, a la vez, frente a Eta, vocación de desertor y de héroe. Y si no se aclara es porque duda sobre lo que en cada momento le conviene. Por eso nos tiene siempre en vilo, y por eso es extraordinariamente difícil confiar en él.
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