El Barcelona volvió a jugar en el Camp Nou en el pasado noviembre. Joan Laporta catalogó el día como histórico y el barcelonismo se mostró al fin ilusionado al poder acudir a un estadio que había estado cerrado un total de 915 días. Todo ese tiempo de espera se lo pasaron los aficionados subiendo a Montjüic, al estadio Lluis Companys, el recinto en el que Espanyol fue feliz y que fue el designado para que los azulgranas jugaran como locales. El presidente 'culé' actuó en esa inauguración como si todo hubiera salido de maravilla, en una interpretación más del discurso triunfalista que tantas veces se ha estrellado con la realidad en su segundo mandato.
Laporta, que publicó las fotografías que se hizo en el renovado palco, estaba henchido de orgullo, como si todo el proceso de reconstrucción hubiera sido un camino de rosas. Pero la verdad es que en ese momento de la reapertura las obras estaban muy lejos de terminar (todavía lo están, pues se calcula que terminarán a finales de 2027) y las dificultades se habían multiplicado, con el club haciendo malabarismos para maquillar el despropósito. El mayor de los borrones fue la fecha misma de apertura del estadio, ya que la presidencia proclamó a los cuatro vientos plazos y fechas que se demostraron falsos en varias ocasiones. Anunciaban el día de la reapertura y la realidad terminaba por negarlo con tozudez. Los retrasos en los plazos se han acumulado hasta subrayar como un absurdo el empeño de la directiva en anunciar la reapertura con premura.
Pero hay más. En todos estos meses de construcción el Barcelona ha tenido que hacer frente a multitud de multas. La mayor penalización llegó tras una Inspección de Trabajo de la Generalidad de Cataluña, que descubrió que en las obras había 79 trabajadores extracomunitarios sin papeles. Esta infracción fue registrada el mismo mes de la reapertura definitiva del estadio, en noviembre. El monto de la multa ascendió a 1.098.853,97 euros. Asimismo, el club ha tenido que desembolsar 1,87 millones de euros por haber cometido más de 200 fraudes laborales y ha tenido que hacer frente a penalizaciones porque los trabajadores estaban trabajando fuera del horario permitido por las autoridades (de las ocho de la mañana hasta las 20:00 horas). En total, el Barça se ha visto obligado a pagar más de tres millones de euros por haber subcontratado a empresas de discutible pelaje para reconstruir el Camp Nou.
Hasta ahí llega el entuerto previo a la apertura del estadio. Sin embargo, cuando abrieron las puertas amanecieron más problemas que han convertido estos meses de regreso del fútbol al templo azulgrana en un motivo de burla en las redes sociales. Los vídeos de las condiciones en las que se encuentran las instalaciones han corrido como la pólvora. La gran mayoría de los clubes visitantes han denunciado que sus aficionados son colocados en un sector de la grada que tiene una cristalera entre los asientos y el césped, impidiendo así ver el juego con facilidad.
Además, con el paso de los partidos se ha comprobado que el graderío y los puestos de trabajo de los medios de comunicación se inundan cuando llueve. El panorama visto este pasado fin de semana ha dado la vuelta al planeta, con cascadas de agua descendiendo desde la parte alta del estadio y la lluvia bañando las mesas y los ordenadores de los periodistas, y ha remarcado el vergonzoso estado con el que Laporta ha querido abrir el campo. Y el colmo ha llegado esta semana cuando la cadena de televisión TNT Sports México ha emitido un vídeo en el que se ve a ratas corriendo por uno de los fondos del terreno de juego. Los retrasos por los fallos en el proyecto, las multas por las condiciones laborales del personal contratado y, finalmente, los llamativos desperfectos con los que conviven aquellos que acuden al estadio retratan las prisas de una directiva que tiene elecciones a la vuelta de la esquina.