Opinión

Escurrir el bulto

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 28 de enero de 2026

Cuando el error se convierte en hábito, este pasa a ser delito. Si además la reiteración contiene víctimas, el peso de la ley debe recaer sobre quienes traen causa de culpabilidad. Esto es justicia democrática en su máximo cumplimiento. Lo demás es pura demagogia y despotismo.

El sanchismo se ha instalado en las desgracias continuadas y, ¡oh casualidad!, en todas ellas con resultado de mayor o menor número de damnificados. Y, por desgracia, siendo esta la parte más impagable por tener que asumir las culpas ajenas, lo peor es que la sociedad española da muestras de acostumbrarse a las desdichas. Lo acontecido en el accidente ferroviario de Adamuz pone el foco en la posible negligencia y no en la fatalidad; de manera que la verdad se convierte en la prueba irrefutable. Ahora bien, la línea que separa el engaño de la realidad de los hechos coloca a este gobierno al pie de los caballos, porque una vez más, los fallecidos forman parte de un siniestro cuanto menos evitable, a tenor de las investigaciones y testimonios que se vienen sucediendo.

Me van a permitir que me incline por la irresponsabilidad como causante de este nuevo desastre. Lo digo porque el sanchismo tiene a gala faltar a la verdad a base de marear la perdiz y, ¡oh casualidad!, de nuevo el argumentario oficial está entre los minutos de la basura y encontrar el comodín de la excusa para echarle la culpa a cualquiera excepto a los responsables directos. Es decir, lo que se conoce como “escurrir el bulto”.

Sabido es que el sanchismo, viene demostrando que la vida de los ciudadanos les importa la nada más absoluta. Somos de usar y tirar y en ello no hay siquiera pena, solo gestos; incluso les resultamos incómodos cuando en un funeral de Estado proponen que sea laico antes que una celebración cristiana. Quizás para que los creyentes no tengan otra opción que la de comulgar con ruedas de molino. Los familiares de las víctimas no quieren la presencia de este gobierno. Nada de extraño al no sentirse representados por quienes acostumbran a mercadear con la dejación de funciones. Se niegan a la farsa.

Hablar de Óscar Puente, singular ministro de Transportes, mayormente conocido por su irrefrenable dedicación a las redes sociales y por su bien merecido título de ministro más bronco de los últimos diez años, ya resulta meritorio catalogarle como un servidor público, pues mientras el susodicho tuiteaba sobre los más diversos asuntos, envenenando la convivencia con cualquier pretexto, los trenes se paraban en medio de un páramo, los viajeros se buscan la vida como podían, los retrasos, las averías, la alta velocidad convertida en el tren de la fresa y lo peor de todo, trenes que descarrilan con resultado de muertos, heridos y dolor humano. Las consecuencias de todo este desaguisado, desgraciadamente, son las que son. Aquí se promete o se jura el cargo, ya sea sobre la Biblia o sobre la Constitución; sin embargo, para algunos y algunas parece que lo hicieran sobre el libro gordo de Petete. De ahí vienen los lodos de la impericia e irresponsabilidad en el desempeño de funciones. El resto, queda en la inseguridad reinante de tener que viajar en el tren de la suerte o de la muerte.

Así la muerte, por difícil que esto pueda parecer, resulta barata cuando un gobierno deja de invertir en infraestructuras para prevenir buena parte de las catástrofes que vienen ocurriendo en nuestro país. No es un resultado casual, sino que proviene del despilfarro, de una ideología y de una gobernanza más enfocada en sostener el gasto político con el fin de perpetuar a Sánchez en la Moncloa al precio que sea. Nadie dimite, ni siquiera cuando saben que ya es tarde en la porfía de los remedios. Son tantas las víctimas, tantas las negligencias, que es inútil restituir el dolor vertido.

Gobierno de mal hacer/y peor fundamento/buscando falsas verdades/con infames argumentos/Culpables directos esconden/sus vergüenzas y tropiezos/Silencios cómplices se delatan/se arrugan y se desmarcan/son los mismos belitres/que sus maldades arrastran/El pueblo sufre/llora el dolor de sus muertos/mientras las lágrimas juzgan/con su color negro.