Opinión

El "Corolario Trump", imperdible y desquiciado

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 29 de enero de 2026
Dios nos asista, porque es lo que viene y al de la Casa Blanca le quedan 3 años como mínimo. La lectura cuidosa del documento Estrategia de Seguridad Nacional publicado en noviembre de 2025 fue exaltado por sus referencias negativas a Europa, pero eso invisibiliza lo mucho que contiene en sus 33 páginas. Lo expongo. Finalizada su lectura solo pude repetir: Dios nos ampare. Pasen y lean.
Autoelogioso con Trump, advierte que plantea un nuevo Corolario Trump a la Doctrina Monroe. Con todas sus letras. Emulando al imperialista Corolario Roosevelt, antesala del saqueo propinado a la América hispana hace más de un siglo por los yanquis metomentodo. No resignifica tal Doctrina, solo la muestra descarnada, descarada, que no es lo mismo. No limitada a las Américas –“nuestro hemisferio” las alude, refiriéndolas: “que permanezca libre de fuerzas extranjeras hostiles” – y abarca al mundo entero. La alusión textual a China fue inevitable. Vaya por delante el extracto del texto de 2022, suscrito por Blinken bajo Biden:
“La diplomacia estadounidense seguirá apoyándose en las redes incomparables de aliados y socios que tiene nuestro país para conformar la coalición de naciones más sólida y amplia posible. En forma conjunta, vamos a promover y defender esta visión en un momento en el cual las potencias revisionistas y autoritarias socavan la paz y la estabilidad internacional y nos enfrentamos a desafíos comunes, como la crisis climática y las pandemias, que ponen en riesgo la vida y los medios de subsistencia de nuestra gente.”
Lo de Trump es más puntual y agresivo, no tiene desperdicio, pero ambos, demócratas y republicanos son a cual más imperialistas y mostrando la decrepitud de la insaciable clase política yanqui. Ambos son una vulgar loa a su injerencismo y él, Trump, de bélica postura, descrita meses antes de afirmar que ya no tenía motivos para pensar en la paz. Nunca los tuvo. Es que tiene mucha cara. Ambos, son documentos apotropaicos de una nación decadente. El de Trump describe que es el Corolario Trump: “Queremos impedir que una potencia adversaria domine el Medio Oriente, sus suministros de petróleo y gas y los puntos de estrangulamiento por donde pasan, al tiempo que evitamos las “guerras eternas” que nos han empantanado en esa región a un gran costo; y la incursión o la propiedad de activos clave que sustentan cadenas de suministro críticas; y queremos asegurar nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave”. Apunta: (quiere) “garantizar que la tecnología estadounidense y los estándares estadounidenses –particularmente en inteligencia artificial, biotecnología y computación cuántica– ” se mantenga. Y apuesta a remilitarizar, en pocas palabras, basándose en su tecnología calificada de más vanguardista.
Dejando de lado eso de defender libertad y democracia, zarandajas que lo son en boca de Trump y sus halcones –entiéndase en ese contexto– apunta sin reservas: “Queremos detener y revertir el daño continuo que los actores extranjeros infligen a la economía estadounidense, manteniendo al mismo tiempo el Indo-Pacífico (sic) libre y abierto, preservando la libertad de navegación en todas las rutas marítimas cruciales y manteniendo cadenas de suministro seguras y confiables y el acceso a materiales críticos”. Al Indopacífico lo llama “uno de los principales campos de batalla económicos y geopolíticos del próximo siglo (sic)”. Quiere libres a la navegación el mar Rojo, el estrecho de Ormuz o el mar de China Meridional. Todo quiere en pro de sus ciudadanos “con derechos naturales otorgados por Dios”. Esa manía de meter a Dios en todo. Y por encima de todos, lo cuestionable.
Apunta que “para garantizar que Estados Unidos siga siendo el país más fuerte, rico, poderoso y exitoso”, los estadounidenses deben saber qué quieren y su élite creyó, tras la Guerra Fría, que dominar el mundo redundaba en su beneficio, pero calcularon mal, porque apostaron a un estado de bienestar y a un complejo militar sofisticado, binomio insostenible. Claro, calla que ambos solo para beneficio, sobre todo, de EE.UU.. No se entiende la queja. Clama que fue un error apostar a la globalización y al libre comercio que debilitaron su clase media y su base industrial “de las que depende la preeminencia económica y militar estadounidense” y “socavando el carácter de nuestra nación, sobre el cual se construyeron su poder, riqueza y decencia”. ¡Ja! permítame remarcar lo de la decencia. Anota: “Queremos reclutar, entrenar, equipar y desplegar las fuerzas armadas más poderosas, letales y tecnológicamente avanzadas del mundo para proteger nuestros intereses”. Con “Poder blando”, que cultive la fortaleza industrial de EE.UU. y ese “poder blando” será “eficaz si creemos en la grandeza y la decencia inherentes a nuestro país”. Declara: “y no nos disculparemos por el pasado y el presente de nuestro país”. Mentecatos.
Hay más frases elocuentes: “Paz a través de la fuerza” o “la adhesión rígida a la no intervención es imposible”. Acciones. Afirman que no quieren depender de nadie, mas apunta que deben buscar penetrar economías consiguiendo ser el socio predilecto y evitar para sí “interferencias externas”. Ley del embudo. Que los demás dependan de ellos. Trato justo, dice. ¿Para quién? No los precede la transparencia y la ecuanimidad. A las organizaciones internacionales –que demerita– hará “que promuevan los intereses estadounidenses”. Esquivar “los intentos de potencias o entidades extranjeras de censurar nuestro discurso o restringir la libertad de expresión de nuestros ciudadanos, las operaciones de cabildeo e influencia que buscan dirigir nuestras políticas o involucrarnos en conflictos extranjeros, y la manipulación cínica de nuestro sistema de inmigración para construir bloques de votantes leales a intereses extranjeros dentro de nuestro país. Estados Unidos trazará su propio rumbo en el mundo y determinará su propio futuro.” Tienen cara. Incluye la idea de acercarse al “Sur Global” y África.
Rechaza para sí ejercer dominación global y no lo admite en otros, afirma, mientras dice que militarmente ya no será el Atlas que sostiene la defensa de los demás. Como si tal no fuera en provecho de EE.UU., primero que nada. Como lo ha sido. Y expresa: “necesario para la defensa y la economía de la nación […] debemos asegurar nuestro acceso independiente y confiable a los bienes que necesitamos para defendernos y preservar nuestro estilo de vida. Esto requerirá ampliar el acceso estadounidense a minerales y materiales críticos, al tiempo que se combaten las prácticas económicas depredadoras”. ¡Ja! ¿las suyas no son depredadoras? No ¡qué va! lo suyo es llevar libertad y democracia. Timoratos.
Avanzando el texto, enfoca a este hemisferio que alberga “recursos estratégicos” que EE.UU. deberá desarrollar con sus aliados y procederá a localizarlos, identificándolos. Saqueo y voracidad anunciados. Sentencia: “Competidores no hemisféricos han realizado importantes incursiones en nuestro hemisferio, tanto para perjudicarnos económicamente en el presente como para perjudicarnos estratégicamente en el futuro.” Permitirlo ha sido un gran error, concluye. En ese tenor, se apunta: “Todo funcionario estadounidense que trabaje en la región o para ella debe estar al tanto del panorama completo de la influencia externa perjudicial y al mismo tiempo aplicar presión y ofrecer incentivos a los países socios para proteger nuestro hemisferio” Chirria lo de “nuestro”.
Y otra vez China se lleva la peor parte, no Europa –reducida a que su problema es tener la UE y su política regulatoria y migratoria que la hará irreconocible “en 20 años” cuestionando si es vigente su vocación civilizatoria– y apunta: “(creímos que) al abrir nuestros mercados a China, alentar a las empresas estadounidenses a invertir en China y externalizar nuestra producción a China, facilitaríamos la entrada de China en el llamado "orden internacional basado en normas". Fue un error. Y añade: Lo que comenzó como una relación entre una economía madura y rica y uno de los países más pobres del mundo se ha transformado en una relación entre países casi iguales, aun cuando, hasta hace muy poco, la postura de Estados Unidos seguía anclada en esas premisas del pasado.” La culpa es de China, aunque el argumento lo aplica a los demás con las drogas o el comercio. Respuesta: todos jugaron las reglas yanquis, solo que les ganaron. Pese a ello, con China modera su lenguaje. Ya no habla de prevalecer sobre frente a. Eso sí, llama a evitar una guerra, disuadir y “la propaganda, operaciones de influencia y otras formas de subversión cultural”. Rusia lleva su parte en ello, sin nombrarla.
El documento se avienta otro autoelogio. Son tan fabulosos. Plasma: “Lo que diferencia a Estados Unidos del resto del mundo —nuestra apertura, transparencia, confiabilidad, compromiso con la libertad y la innovación y el capitalismo de libre mercado— seguirá convirtiéndonos en el socio global de primera opción”. Solo falto poner que Trump se peina con limón. Resulta vomitivo, sin duda. Y ya lo ve, lo pergeñado no es ni promisorio ni mucho menos, sencillo. Tenemos problemas.