Sociedad

El T. Rex pudo alcanzar su tamaño adulto a los 40 años

(Foto: IA).

INVESTIGACIÓN

José María Fernández-Rúa | Viernes 30 de enero de 2026

El estudio más grande jamás realizado sobre cómo creció el Tyrannosaurus rex (T. rex) demuestra ahora un camino hacia la edad adulta mucho más largo y lento de lo que los científicos creían anteriormente.

Concretamente, los modelos de crecimiento sugerían hasta ahora que el T. rex superó los 8.000 kilogramos de peso en dos décadas y tuvo una esperanza de vida cercana a los 30 años.

Sin embargo, esta comprensión de la dinámica de crecimiento del T. rex depende del muestreo histológico puntual de múltiples elementos esqueléticos y carece de especímenes que abarquen las etapas iniciales de crecimiento, como se describe en el trabajo observacional que aparece en Peerj.

Un equipo de investigadores de la Universidad estadounidense de Oklahoma describe las innovadoras técnicas con las que estudió restos de 17 especímenes de tiranosaurio, que abarcan desde juveniles tempranos hasta adultos enormes.

Este equipo, dirigido por Holly Woodward, profesora de anatomía de la Universidad Estatal de Oklahoma, concluye ahora que el rey de los carnívoros tardó 40 años en alcanzar su tamaño adulto de unas ocho toneladas de peso.

El nuevo análisis, la historia de vida más completa jamás realizada sobre T. rex, pudo ensamblar una imagen más completa y precisa del crecimiento de los tiranosaurios mediante el uso de algoritmos estadísticos avanzados y el examen de cortes de hueso bajo un tipo especial de luz, que revela anillos de crecimiento ocultos que no se contabilizaron en estudios anteriores.

Además de extender la fase de crecimiento de Tyrannosaurus en 15 años, los resultados sugieren que algunos de los especímenes pueden no ser T. rex en absoluto, sino más bien miembros de otras especies o diferentes por alguna otra razón.

Nuevo enfoque estadístico

“Este es el conjunto de datos más grande jamás recopilado sobre el Tyrannosaurus rex. Examinar los anillos de crecimiento preservados en los huesos fosilizados nos permitió reconstruir la historia de su crecimiento anual”, asegura la profesora Woodward.

A diferencia de los anillos visibles en un tocón de árbol, un corte transversal del hueso de T. rex solo registra los últimos 10 a 20 años de la vida del animal.

Por su parte, Nathan Myhrvold, paleobiólogo de Intellectual Ventures, miembro del equipo y responsable del análisis estadístico, explica que idearon “un nuevo enfoque estadístico, que combina los registros de crecimiento de diferentes especímenes para estimar la trayectoria de crecimiento del T. rex en todas las etapas de la vida con mayor detalle que cualquier estudio previo. La curva de crecimiento compuesta proporciona una visión mucho más realista de cómo creció y cuánto variaba su tamaño”.

En lugar de alcanzar la edad adulta rápidamente, el Tyrannosaurus rex creció de forma más lenta y constante de lo que se creía. “Una fase de crecimiento de cuatro décadas pudo permitir a los tiranosaurios más jóvenes desempeñar diversas funciones ecológicas en sus entornos”, según el acreditado paleontólogo Jack Horner, miembro del equipo que investiga en la Universidad Chapman, en California. “Ese podría ser uno de los factores que les permitió dominar el final del Cretácico como carnívoros ápice”, matiza.

T. rex Jane y Petey

Aunque el Tyrannosaurus rex es la especie más conocida de este grupo de dinosaurios, estudios recientes han propuesto que algunos especímenes previamente identificados como T. rex podrían, de hecho, pertenecer a otras especies relacionadas. Algunos científicos, por ejemplo, han argumentado que ciertos especímenes más pequeños representan una especie de cuerpo pequeño, denominada Nanotyrannus, en lugar de ejemplares juveniles de Tyrannosaurus rex.

Otros han sugerido que incluso los ejemplares de mayor tamaño podrían pertenecer a dos o tres especies diferentes. Sin embargo, estas propuestas siguen siendo controvertidas, según los autores de este estudio.

Un hallazgo actual importante es que las curvas de crecimiento de dos de los especímenes más famosos, conocidos por los investigadores por los nombres de Jane y Petey, son estadísticamente incompatibles con las de los demás. Aunque los registros de crecimiento por sí solos no pueden establecer si eran especies distintas, la evidencia sugiere esa intrigante posibilidad, entre otras posibles explicaciones.

En este punto, recuerdan que un análisis independiente de Zanno y Napoli, utilizó diferentes métodos para clasificar a Jane y Petey como pertenecientes a una especie diferente de Nanotyrannus.

Este hallazgo de los científicos Woodward, Myhrvold y Horner, en el sentido de que la luz polarizada circular y cruzada revela un nuevo tipo de anillo de crecimiento de dinosaurio, ayudará a los especialistas a solucionar que reconcilian el crecimiento de algunos especímenes.

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