Opinión

Groenlandia y la Unión Europea

TRIBUNA

Juan Carlos Barros | Martes 03 de febrero de 2026

Cuando Europa (occidental) diseñó una organización para su unión pero sin término final ¿atipicamente original? lo hizo con distintos niveles de aplicación territorial (total o parcial) y participación estatal (miembros y asociados). En el primer caso Argelia (viz. Groenlandia) y en el otro los “países y territorios de ultramar”, pero ¿estaba pensado que ambas categorías se podían comunicar?

Así ella (Europa) no incluía solo en el tratado unos estados geográficamente determinados por su localización continental sino que se le unían (por así decir) sin (co)titularidad los asimilados (y nominados), lo que al fin y al cabo elevaba el experimento a mundial aunque fuera conscientemente (pro)visional.

Después de ensayar la fórmula sectorial, nuclear y mercantil ¿qué nos puede extrañar después la decisión que tomó la parte (Groenlandia) de una parte (Dinamarca) de abandonar su total (CEE), no geográficamente porque ya estaba en otro continente, y resultar categóricamente aceptada y trasladada? Una desvinculación de esa manera contemplada se reconstituye a partir de sus líneas básicas (siquiera aún sin terminar) comprehensivamente.

Con el tiempo quedó (y sigue así) la segunda categoría desvirtuada como si no dispusiera de autonomía (sucedió algo similar después con la ciudadanía), la cual no destacaba como no fuera por su presencia eclíptica más que elíptica. No obstante contribuía, eso sí, a la peculiaridad de aquel mosaico multiangular, cuya disposición en cuanto a la asociación se basaba en recibir financiación estructural, sin tener en cuenta que eso, al carecer de adecuada presencia institucional y medidas apropiadas en la organización de los mercados, no tenía trascendencia real.

Si la asociación no se (re)integró debidamente en el escalafón sino que quedó en segunda posición ¿quién dudaría que habría competencia y/o interferencia entre las partes de las partes e incluso terceras partes, por resurgir en el porvenir cuando lo mereciera la coyuntura internacional?

Dependiendo de un pasado predeterminado no emprendería específicamente una acción la unión y ningún estado miembro tampoco se desprendería de su rol ni desvirtuaría el vigor de la autonomía cedida a la organización sin deslindar la geografía pero con la inconsistencia geopolítica (subpartes incluidas); apenas se intuía una razón debida y en menor medida desprendía aquella (Europa) efecto eufónico sino como mucho un (des)per(fecto).

Groenlandia no se marchó de la Comunidad Económica Europea sino que marcó el inicio de su disolución. Puso la puerta de salida de una organización que no lo concebía por ser seña de identidad y voluntad inequívoca la permanencia. Y ahora con la Unión simplemente está volviendo la formula primitiva y eso le va a costar afrontar el camino marcha atrás que cuesta más. La CEE ya no está y el tratado de la UE (a imitación de la fallida constitución europea) permite su descomposición, cuyos matices se ven en la actual respuesta contenida.

Esa dirección la acaba de remarcar EEUU con su intención de adquisición de Groenlandia, cuya situación estatutaria tampoco permite ya una solución metropolitana, y sobre esos parámetros no se alcanza a ver ninguna salida que no sea repetida.

Actualmente la UE desestructura la situación rehaciéndola (si cabe más) cuando por principio la salida debería ser exactamente igual que la entrada, de modo que la (re)solución con Groenlandia permanece condicionada por la (p)referencia tomada.

La relación entre las partes sigue una fórmula desintegradora mientras va ella (Europa) en su misma contra, poniendo las bases de su desmembración al mismo tiempo que se ha dotado de mecanismos para una respuesta sustitutoria, que permanecen tan detallados como condicionados. Mientras tanto el funcionamiento de la OTAN se nos presenta tan superior que no se distingue cuando sí y cuando no.