Con 2.500 pantanos y presas, la mitad de los cuales superan los 15 metros de altura, España se encuentra a la cabeza de Europa en infraestructuras hidráulicas. Como ocurre con las carreteras y las vías de tren, las presas necesitan un mantenimiento preciso. Sin él, se puede producir incluso un resquebrajamiento que permita al agua escaparse, inundando todo.
La Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, que se caracteriza por su calidad científica y su sentido de la realidad, ha advertido a la ministra de Transición Ecológica, según confirma Periodista Digital, del grave riesgo en el que están algunos de nuestros pantanos. Lo único que le faltaba a Pedro Sánchez es que se fracture una presa y vierta descontroladamente sus aguas. La gran política consiste en prevenir, no en curar. Y el Gobierno sanchista se ha caracterizado por el hedonismo y el disfrute de los cargos, enfrentándose con los problemas mal y tarde.
Los expertos calculan que el mantenimiento de los pantanos españoles exige una cantidad entre los 250 y 500 millones. Apenas se alcanzaron los 100 en los últimos años y las copiosas lluvias de este invierno han encendido todas las alarmas. El 75% de nuestras presas, por otra parte, carecen de planes operativos de emergencia. Y aunque la Confederación Hidrográfica del Duero se dispone a gastar una treintena de millones en 26 presas, 7 balsas y 12 azudes, está claro que todo ello es insuficiente y que el Gobierno tiene la obligación de atender el problema en su entera dimensión, aprobar el gasto imprescindible para el mantenimiento y hacer un esfuerzo para evitar la catástrofe. Si no se toman las medidas que los ingenieros plantean, España puede encontrarse con un suceso en que los muertos y las pérdidas materiales compitan demostrando la ineficacia gubernamental