La presentación del Gobierno de la regularización de las pensiones empaquetada en el llamado decreto ómnibus no era más que una estratagema para culpar al PP de ir contra los jubilados. Era, quizás, la última bala de Pedro Sánchez para aliviar el trastazo anunciado de Pilar Alegría este domingo en Aragón. Pero Núñez Feijóo y Miriam Nogueira coincidieron en anunciar su rechazo con el argumento de que el PP y Junts votarían a favor en caso de que el decreto fuera por separado, no embuchado en el escudo social que incluía prohibir los desahucios. Con todo, Pedro Sánchez, incluso antes de que se produjera la votación en el Hemiciclo, a sabiendas de que la medida sería rechazada, grabó un vídeo en Tik Tok donde culpaba a la Oposición de atentar contra los pensionistas. La trampa duró poco, pues el Gobierno se vio obligado a cumplir con la exigencia de Junts, más que la del PP, y anunció su presentación sin aditivos. Y de nuevo Núñez Feijóo anunció su apoyo al nuevo decreto.
Se demuestra así que Pedro Sánchez es el que ha jugado con el miedo de los pensionistas por un mero propósito electoralista. Ha inquietado a los jubilados, preocupados de que no saliera adelante la medida y se congelaran sus cuotas. Pero, al final, se ha visto obligado a rectificar para que el trastazo del PSOE en Aragón no fuera mayor del anunciado. Aún así, el trastazo se antoja descomunal, incluso más doloroso que el sufrido en Extremadura.
Pero la derrota anunciada no sólo obedece a una pésima candidata, achicharrada como portavoz del Ejecutivo y como ministra de Educación. El protagonista del nuevo batacazo será Pedro Sánchez por su Gobierno progresista pringado de corrupción y machismo que ya no convence ni a sus socios comunistas por mucho que ahora intente plantar cara a Elon Musk y su red social X para salir en el New York Times. Pues también en este caso se ha descubierto la trampa. La prohibición del acceso a las redes sociales de los menores de 16 años no busca proteger a la infancia, sino censurar la información que le perjudica mediante “el rastreo de la polarización” y, de paso, localizar a los usuarios pequeños y mayores y controlar las plataformas digitales y a sus dueños en su sueño imposible de poner puertas al campo de Internet.