Los novillos de Jiménez Pasquau protagonizaron la apertura de la temporada. Tuvieron fuerza, carácter, algunos llegaron hasta la aspereza. Aguantaron los tercios de varas reducidas a procedimiento tradicional: meter el palo hasta dónde llegue y agujerear donde se pueda, exceptuando al cuarto toro que fue bien picado. La plaza de la Candelaria estaba casi llena. La presidencia, como todos los años, se hizo rogar a la hora de otorgar los trofeos provocando protestas del respetable.
Álvaro Serrano abrió la tarde citando con afarolados a Compositor (1º 10/22), lo enganchó con las verónicas y lo citó con el oro del capote para llevarlo a caballo. La faena, sin embargo, no cuajó: hubo un desajuste de temperamentos, velocidades que llevo a una voltereta. La estocada de ejecución correcta y un trofeo.
Mario Vilau quiso aprovechar la ocasión al máximo. Citó a porta gayola a Sal Gorda (2º9/22), lo abordó por verónicas y gaoneras, para luego torearlo de pie y de rodillas. El diestro lo apostó todo y se llevó un fuerte puntazo en el muslo. Larga fue la faena, llena de emoción y valentía. Entró a matar de corto y por derecho. Un trofeo.
Julio Méndez dejó marcado su estilo en el ruedo con Olvidado (3º11/22), veroniqueando a gusto y rematando con el quite de frente por detrás. Brindó su toro a Sergio Rollón y amoldó la incierta embestida del animal a su muleta. La faena tuvo emoción, el novillero se impuso a la aspereza del toro y cuajo unas tandas al natural sin perder ni un palmo de terreno. La espada entró hasta las cinchas y el diestro paseó un trofeo.
Sergio Rollón tuvo un enemigo complicado. Turqueso (4º1/23) desde los primeros capotazos hizo saber que no iba a conceder nada. Los delantales del quite revelaron aún más su naturaleza brusca. Rollón demostró que está completamente recuperado de la grave cornada que sufrió en julio pasado. Su faena comenzó por flexionados, se desarrolló con la mano derecha y en tantas rematadas por la brusquedad del animal. Rollón se sobrepuso a los cabeceos, pero la espada quedó a medias, aunque en muy buen sitio. La petición sólo llegó a una vuelta al ruedo.
Pelador (5º10/22) no le regaló nada a Felix San Román. Ni en el saludo capotero, ni tampoco durante la faena hubo un entendimiento entre los contrarios: una obra llena de enganchones, falta de temple y de mesura. Fue muy protestada la porfía de San Román en alargar la faena. Además, se llevó un pitonazo en la espalda en uno de los pases.
Garrote (6º1/23) mereció una vuelta al ruedo y su contrario, Samuel Castrejón, se llevó dos orejas de trofeo. La faena fluía por ambas manos, de tandas cada vez más largas y ligadas. Una con la mano derecha y compás cerrado fue un broche de oro de la obra lograda. El diestro no quiso, afortunadamente, alargar la faena y la remató con una estocada hasta la bola, pero cuya colocación quedo algo baja. Dos orejas le abrieron la puerta grande.