Opinión

Un cura del pueblo desde hoy en los altares

EN LA FRONTERA

Rafael Ortega | Sábado 07 de febrero de 2026
En la mañana de este sábado las lagrimas de alegría han corrido por las mejillas de miles de huercalenses, que han visto y vivido como el representante especial del Papa, el cardenal Marcello Semeraro, Prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, ha presidido el acto del Beatificación del sacerdote Salvador Valera Parra, conocido popularmente como el Cura Valera. Un acontecimiento de gracia que ha desbordado los límites de la población de Huércal-Overa y de la diócesis de Almería, y que ha situado a este sacerdote humilde y entregado como un referente luminoso de santidad sacerdotal.
Pero, ¿quién fue el Cura Valera?. Pues el 27 de febrero de 1816, en un hogar de labradores, nace en Huércal-Overa, Salvador Valera Parra, que con 14 años se traslada a Murcia para estudiar en el Seminario de San Fulgencio. En esta ciudad le acoge su tía María Josefa, abadesa del Convento de las Clarisas Capuchinas, la cual le hospeda en la casa de donados del convento, una vivienda situada frente al mismo. A los 24 años, el 4 abril de 1840 es ordenado sacerdote en Alicante, y seis días después canta su Primera Misa en el Convento de las Monjas Capuchinas, para después trasladarse a su pueblo natal, Huércal Overa, donde cumple sus primeras misiones sacerdotales, para después, con casi treinta y tres años, hacerse cargo del “curato” de la Parroquia de San Lázaro en Alhama de Murcia, donde lleva una vida sencilla y con una austeridad que se acerca a la pobreza, pues tiene como mansión unos graneros anejos a la iglesia.
En 1851, la Diócesis de Cartagena convoca oposiciones para las parroquias, ganando el Cura Valera la de Nuestra Señora de la Asunción de Huércal-Overa, regresando a su pueblo como Párroco, donde inicia un largo periodo de trece años. Tras muchos ruegos del obispo de Cartagena, Francisco Landeira Sevilla, en el año 1864 acepta el Cura Valera el encargo de regir la Parroquia de Cartagena, la más grande de la diócesis en esa época.
En el año 1865 la ciudad mediterránea sufre una epidemia de cólera y la entrega del Cura Valera es total, llevando ayuda y esperanza tanto a enfermos como a sus familiares, pues no hay moribundo que no reciba su atención y su auxilio.
A finales del año 1868, Salvador Valera regresa definitivamente a Huércal-Overa. Es un día grande, las campanas de la iglesia repican de alegría, el pueblo entero sale al encuentro de la humilde carreta en la cual vuelve su cura, se suceden los abrazos y vítores. El pueblo celebra su regreso. Don Salvador tiene ya cincuenta y dos años y una ligera cojera en la pierna derecha, que disimula apoyándose discretamente en un bastón. Lleva casi treinta años consagrados al sacerdocio, luchando por ayudar a sus vecinos en esos difíciles años. Y nuevamente Huércal-Overa vuelve a ser testigo de hechos portentosos, tales como el incendio del Templo que se apaga súbitamente cuando invoca a la Virgen María y muestra el cuadro de Nuestra Señora de los Desamparados, la Virgen del Río, y pedir que rece de rodillas todo el pueblo, y diversas predicciones, entre ellas la del sacerdote que le sucedería al frente de la parroquia de Huércal-Overa a su muerte, que tuvo lugar el 15 de marzo de 1889.
Ahora para el proceso de beatificación ha sido necesario el reconocimiento de un milagro. En este caso hace referencia a la asombrosa e inexplicable recuperación de un niño nacido el 14 de enero de 2007 en el Memorial Hospital de Rhode Island, en los Estados Unidos. Su madre había sido ingresada debido a la rotura de la bolsa amniótica, con el bebé presentando un ritmo cardíaco fuera de los parámetros clínicos, lo que llevó a la inducción artificial del parto. Posteriormente, se realizaría una cesárea ante el diagnóstico de corioamnionitis —infección e inflamación de la placenta y el líquido amniótico—, con el feto en deficiencia de oxígeno. En este contexto, el recién nacido llegó al mundo prematuro, cianótico —de color azul—, sin respiración, con baja frecuencia cardíaca y sintomatología de apnea secundaria. Una hora después del parto, no mostraba signos de mejora y los médicos no percibían latido cardíaco. En ese momento de extrema urgencia, el médico que los trataba , que era de origen de Huércal- Overa, invocó a su paisano Salvador Valera Parra, hacia quien sentía una sincera devoción, y, con una oración espontánea, pidió su intercesión para salvar la vida del pequeño. Poco después, sin intervención externa alguna, el neonato recuperó el latido cardíaco y comenzó a reanimarse.
Al día siguiente, fue trasladado a la unidad de cuidados intensivos neonatales, donde permaneció 15 días con un diagnóstico de encefalopatía hipóxico-isquémica, lo que llevó a los médicos a estar seguros de que sufriría graves daños en su desarrollo, como parálisis cerebral o retraso mental. Sin embargo, a pesar de la sintomatología clínica, el pequeño presentó actividad espontánea de manera difícilmente explicable. El 19 de enero, comenzó una mejora progresiva de su cuadro neurológico y de comportamiento. El 1 de marzo de 2007, fue dado de alta de la UCI neonatal y trasladado a otro hospital, debido a una colectomía. El 3 de abril, el neonato fue dado de alta, y en las visitas de control posteriores se constató un desarrollo psicomotor normal, hablando a los 18 meses y caminando a los 2 años. El niño, llamado Tyquan, continuó su crecimiento como un niño normal, y lleva una vida regular en la que practica deporte con frecuencia. Un joven que ha asistido a la ceremonia de Beatificación.
Una Beatificación que León XIV autorizó con la promulgación de sendos decretos por parte del Dicasterio para las Causas de los Santos, abriendo oficialmente el camino a la Beatificación del Venerable Siervo de Dios Salvador Valera Parra, tras reconocerse oficialmente el milagro atribuido a su intercesión. Esta decisión fue comunicada el 17 de marzo de 2021, tras la audiencia concedida por el papa Francisco al cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio.
Al acto de Beatificación han asistido numerosos prelados españoles y sacerdotes ,pero lo más importante, a mi entender, ha sido la presencia personal y espiritual de miles y miles de personas que naturales o no de Huércal- Overa, han sentido hoy la presencia del Cura Valera. Recordamos aquí, como ejemplo, las palabras de Ginés García Beltrán, obispo de Getafe y natural del la villa, que siempre ha recordado al sacerdote, hoy Beato: “Desde que me reconozco, en la subida de mi casa había una pintura del Cura Valera. Al tocar el cuadro decíamos: Cura Valera líbranos de todo lo malo”.