La NFL, cúspide del fulgurante fútbol americano, es una de las ligas deportivas del mundo en las que la suerte y la casualidad poseen un menor margen de influencia. Cierto es que la retina de los aficionados están trufadas de jugadas rocambolescas que parecen pertenecer más al azar que a la lógica. Los 'Hail Mary' (en los que el 'quarterback', cuando quedan pocos segundos para el final, se juega un pase larguísimo y bombeado a la buena de Dios para ver si un compañero lo recoge en la otra punta del campo) son un ejemplo claro. Son maniobras muy recordadas, por lo general, debido a su unicidad, como el pase frenético que rebota en el casco de un defensor y acaba en las manos de un receptor suertudo para desembocar, in extremis, en un 'touchdown' decisivo. Hay un amplio catálogo histórico de estos 'accidentes' que se puede consultar y disfrutar en las videotecas. Pero incluso para que esas acciones exóticas sucedan ha tenido que haber un trabajo constructor detrás. Siempre lo hay.
No hay que dejarse engañar por el amplio número de jugadores que conforman las plantillas de los equipos. Un 'roster' de competición llega hasta los 53 jugadores, un número que puede parecer una barbaridad a ojos de un espectador desentrenado. Aquel no iniciado puede concluir que ante semejante montonera de atletas en un mismo plantel habrá unos cuantos que figuran de relleno. Pues bien, la realidad es que cada miembro de estos abarrotados vestuarios es necesario. Los motivos son varios: al ser un juego tan físico, las lesiones se multiplican y hacen falta recambios en todas las posiciones; se trata de un deporte muy especializado en el que hay tres fases independientes (ataque, defensa y equipos especiales) e igual de importantes; y todas las franquicias acaban tirando de muy secundarios que dan un paso adelante cuando van avanzando los meses de esfuerzo. En resumen, todos los que llegan a nutrir las plantillas de los equipos son la élite más absoluta de esta actividad deportiva. Además, el proceso de formación, a través de las muy exigentes universidades, es una maquinaria que pule productos listos para rendir al máximo nivel desde el aterrizaje en el profesionalismo. La consecuencia de esta excelencia perseguida casi desde la niñez son los registros de audiencia. Estados Unidos se entrega cada fin de semana a este deporte, desde septiembre hasta febrero, porque sabe que todo es posible. El espectador cree que su franquicia, por humilde o pequeña (en cuanto a mercado y potencia financiera, como los recientes ganadores del anillo) que sea, puede competir y tumbar a un gigante en un domingo cualquiera. Y en un lustro puede pasar de la nada más absoluta a soñar con el Olimpo desde los argumentos. Las restricciones presupuestarias pautadas por la liga se toman en serio y, entonces, el 'draft' anual en el los jóvenes prometedores dan el salto se convierte en una herramienta de crecimiento sin límites. Las reglas garantizan una igualdad competitiva que cuesta encontrar en otros deportes y lo estrecho del calendario permite el renacer o el desplome de un equipo en cuestión de unos pocos años.
Esta es la lógica que explica el triunfo de los Seahawks este lunes, en la Super Bowl LX. La franquicia norteña tardó más de una década en volver a jugar el partido por el trofeo Vince Lombardi, lo que muestra la enorme dificultad de revivir en un medio tan exigente, en el que todos pueden coronarse si toman las decisiones correctas de forma encadenada. La entidad de Seattle ha ganado el segundo anillo de su historia con estos ingredientes: ensayo y error hasta lograr el aprendizaje atinado en los despachos; estudio concienzudo y paciente de los entrenadores; y compromiso de los jugadores por estudiar, desde la sala de vídeo, para depurar imperfecciones y modelar su juego hasta la cima del rendimiento. Esa mezcla, cada cual desde su parcela, ha derivado en el éxito arrollador que se han ganado disfrutar después de tanto tiempo de espera y de aquel drama del Super Bowl XLIX ante los Patriots de Tom Brady y Bill Belichick, que acaban de vengar.
La cabeza de este éxtasis es compartida por la familia propietaria y el 'general manager' John Schneider. Esa conjunción le ha dado a la franquicia los dos anillos de historia, conseguidos en el siglo XXI (en 2013 y 2025). Paul Allen, uno de los fundadores de Microsoft, adquirió el equipo en 1997 y con su gerencia logró el respingo ganador que llevó al conjunto de Seattle a sus únicas Super Bowl disputadas (en 2005, 2013, 2014 y 2025). En la última no pudo asumir la riendas, ya que falleció en 2018, pero fue su hermana pequeña, Jody Allen, la que le relevó en el cargo. Ella también confió en la capacidad directora de Schneider y el tiempo le ha dado la razón. Y es que a este presidente de operaciones de 'football' le corresponde una gran parte de la alegría de la franquicia. Los traspasos y, sobre todo, las elecciones del 'draft' acometidas durante su mandato han cambiado la dimensión de los Seahawks para siempre.
Para entender la virtuosa habilidad que le condecora cabe recordar que su visión identificó el talento juvenil de la gran mayoría de los jugadores que abrasaron a una leyenda como Peyton Manning en la Super Bowl XLVIII, la del primer trofeo Vince Lombardi de la entidad. A través de sus ojeadores llegaron por medio del 'draft' Russell Wilson y los jugadores que conformarían una de las defensas más temibles que se haya visto: Richard Sherman, Kam Chancellor, Earl Thomas III, Bobby Wagner, K.J. Wright o Byron Maxwell. En aquel título inaugural también están subrayados los traspasos que llevaron a Seattle a piezas fundamentales como el estelar Marshawn Lynch y la adquisición de agentes libres como Michael Bennett, Cliff Avril o Brandon Browner y de receptores no drafteados como Doug Baldwin y Jermaine Kearse. El acierto en tal cantidad de decisiones (Wilson llegó desde la tercera ronda del 'draft', Sherman y Chancellor en la quinta y Wagner, en la segunda), desde luego, no es una casualidad.
Tras la irrupción colosal de la emblemática 'Legion of Boom' tardaron en volver a acercarse a la gloria. Las desavenencias internas entre algunas 'vacas' sagradas y el entrenador Pete Carroll después del trauma del mencionado fracaso ante Brady complicaron la continuidad de un proyecto que acabaría siendo devorado por la competitividad asfixiante de la liga. Desde 2014 hasta 2024 tuvieron temporadas de récord positivo casi siempre (sólo en 2021 acabaron en negativo, con un 7-10) y llegaron a 'playoffs' seis veces. Sin embargo, encontraron su frontera insuperable en la ronda divisional. La igualdad reinante en la competición y la posibilidad de los demás de reforzarse cada año con juveniles de potencialidad estelar les complicaría la supervivencia en la zona noble. No fueron los únicos. De hecho, desde el 2000 sólo dos equipos han encadenado dos anillos seguidos (New England y los Chiefs de Patrick Mahomes) y ni los míticos Patriots pudieron concatenar tres victorias consecutivas. Schneider afrontó años de transición con contrataciones ambiciosas que no fructificaron, como los 'tigh end' Jimmy Graham y Greg Olsen y, sobre todo, el 'strong safety' Jamal Adams. Los defensivos Jadeveon Clowney y Quandre Diggs aparecen como algunos de los pocos jugadores firmados que respondieron a la expectativa. Asimismo, en ese lapso la mayoría de las elecciones de 'draft' no brindaban el rendimiento esperado, con la línea ofensiva como el principal área perjudicada. No fue rescatable más que un puñado de nombres, como el 'punter' Michael Dickson, los receptores Tyler Lockett y DK Metcalf, el corredor Chris Carson o los linieros defensivos Frank Clark y Jarran Reed. Pero en 2022 el trabajo lleno de determinación empezó a recoger esperanza.
De la camada reclutada en se año salieron algunas semillas que han brotado, como el liniero ofensivo Charles Cross (elemento fundacional del resurgir de la indispensable línea que protege al 'quarterback' y la carrera), el 'linebacker' Boye Mafe, los 'cornerbacks' Riq Woolen y Coby Bryant, y el reciente MVP de la Super Bowl LX y 'running back' Kenneth Walker III. El cambio de inercia se palpaba y el directivo entendió que era el momento de establecer un punto de inflexión. En la temporada baja de 2022 sacó del equipo al extraordinario pasador Russel Wilson, que llevaba 10 años en Seattle y consiguió el primer anillo de la entidad. Le negó una extensión de contrato y le incluyó un traspaso que impactó a toda la liga. Comprendió el inicio del declive de la piedra angular del proyecto y recogió a cambio un botín para el draft que cambió la relación de fuerzas de la competición. Cross y el espectacular 'cornerback' Devon Witherspoon llegaron de dos primeras rondas, y Mafe y el decisivo 'outside linebacker' Derick Hall se sumaron en las dos segundas rondas obtenidas. Y al ver que en el curso siguiente no pudieron alcanzar la postemporada, Schneider y Jody Allen completaron el volantazo con decisión y sacaron de las instalaciones a un mito como el entrenador Carroll, que había estado en la franquicia 13 años.
Pasó entonces al momento más delicado de su gerencia: la elección del nuevo entrenador. Por sus oficinas desfilaron como candidatos entrenadores asistentes que habían logrado un anillo en dicho cargo, como Ejiro Evero (con los Rams en 2021), Patrick Graham (con los Patriots, en 2014) y Mike Kafka (con los Chiefs, en 2019); o el actual entrenador de los Commanders y uno de los ideólogos de la 'Legion of Boom', Dan Quinn. Tras una reflexión profunda y el estudio de todas las variables disponibles, los Seahawks se la jugaron en base a sus convicciones más puras. Apostaron por un entrenador que nunca había sido el director jefe de un vestuario profesional, que sería el técnico más joven de la liga y que preponderaba la defensa, contradiciendo la corriente actual de la NFL. Mike Macdonald se había hecho un nombre como el coordinador defensivo de los contundentes Ravens de Lamar Jackson pero cayó en el mayor desafío de su corta carrera. El riesgo, por tanto, era alto pero entraba dentro del plan de ruta pensado. Y Macdonald respondió a la abrumadora confianza con celeridad, ya que en la campaña de 2024 registró un récord de 10-7, una cifra de victorias nunca vista en la franquicia en el primer año de un entrenador. Con su llegada entró aire fresco, con esquemas y métodos de entrenamiento y de análisis actualizados al presente, y esta temporada arribó la pieza que elevó del todo al cuerpo técnico: el coordinador ofensivo Klint Kubiak.
Las siguientes páginas del libreto ordenaban una reconstrucción decidida (que se llevó por delante a Lockett, Metcalf y al sorprendente 'quarterback' Geno Smith) y el regreso a la base, las elecciones del 'draft'. Del último talento juvenil elegido resuenan con fuerza el corredor Zach Charbonnet (vital en este curso triunfal), los linieros ofensivos Anthony Bradford y Christian Haynes, el 'defensive tackle' nuclear Byron Murphy, el 'linebacker' Tyrice Knight o el sensacional 'tigh end' AJ Barner. Pero hay más. Y para contextualizar sus nombres es necesario mencionarlos adheridos a los galardones individuales recogidos en 2025. Son el receptor Jaxon Smith-Njigba llegó en el número 20 del draft de 2023 y esta temporada ha sido el Jugador Ofensivo del Año, miembro del primer equipo del All Pro (los mejores jugadores de la competición) y el líder de la liga en yardas recibidas (sumó 1,793 y en la final de la NFC acumuló la mareante cifra de 153 yardas); el 'safety' Nick Emmanwori llegó como 53ª selección del 'draft' de 2025 y ha sido reconocido como miembro del mejor equipo de novatos de la Pro Football Writers of America (PFWA); y el liniero ofensivo Grey Zabel, la joya de la corona de la línea que tanto había flaqueado en los años de Wilson y Smith, que llegó como 18º selección del último 'draft' y ha sido seleccionado también como miembro del mejor equipo de novatos de la PFWA.
La guinda del pastel lleva la rúbrica Schneider en la decisión de firmar a jugadores notables con un hambre de reivindicación sobrehumana, después de haber sido despreciados por grandes equipos de la liga. En esa carpeta entra Sam Darnold, el 'quarterback' titular contratado este curso y que había sido desahuciado por cuatro equipos tras haber sido un numero tres del draft de 2018. Le firmó con uno de los contratos más amistosos de la liga y eso permitió gozar de un margen de gasto que terminó por solidificar el equipo campeón. Adquirió a Cooper Kupp, un receptor MVP de la Super Bowl LVI caído en desgracia en los Rams y al brillante 'pass rusher' DeMarcus Lawrence, cinco veces seleccionado para el Pro Bowl y rechazado por los Cowboys. Finalmente, traspasó por el imperial 'defensive end' Leonard Williams, un múltiple Pro Bowl y repudiado en los equipos de Nueva York; el valiosísimo 'linebacker' Ernest Jones, campeón de la Super Bowl con los Rams, que se desprendieron de él después del triunfo; y el 'safety' Julian Love (Pro Bowl y salido de los Giants). Para colmo, en 2025 añadió lo que le faltaba: un retornador y receptor extremadamente rápido. Traspasó por Raheed Saheed, que causó un impacto inmediato en el excelso funcionamiento de los equipos especiales. Por último y para reforzar los cimientos adquirió sin campanillas en 2022 al 'linebacker' Uchenna Nwosu (logró un 'pick six' trascendental en la Super Bowl del pasado lunes); en 2019 repescó al 'kicker' Jason Myers, que ha resultado por batir el récord de 'field goals' en el partido más importante del año; y en 2024 selló al 'cornerback' Josh Jobe, el paradigma de lo relatado en el segundo párrafo de este texto. Fue firmado para el equipo de entrenamiento y ha terminado por subir al equipo titular, ganarse un lugar en la elitista secundaria y ejercer una defensa pegajosa clave en estos 'playoffs' que han conducido al título. El resultado de esta dirección no es otro que un anillo, un título de la NFC, un seleccionado para el primer equipo del All Pro y otros cuatro elegidos para el segundo equipo del All Pro. Y, bueno, un dato curioso: ningún 'general manager' en la historia había conseguido ganar dos anillos con la misma franquicia disponiendo de nuevos entrenadores y sin ningún jugador que compartiera las dos plantillas campeonas. Se trata de una obra maestra discreta, que está detrás del confeti y los festejos que encenderán al estado de Washington como nunca este miércoles.