Opinión

Entre Milano Cortina 2026 y Bad Bunny

DESDE ULTRAMAR

Marcos Marín Amezcua | Jueves 12 de febrero de 2026
Había agendado referirme a los JJ.OO. de Milano Cortina, ya sabe, el nombre comercial, pero dada la barahúnda causada por la participación de Bad Bunny en el medio tiempo del Supertazón 2026, dedicaré escuetas líneas al suceso de marras, pues ni sigo el evento ni atiendo estas fruslerías yanquis.
Lo de Milano Cortina tiene su aquel. Presididos por primera vez por una mujer al frente del COI, la zimbabuense Kirsty Coventry, dos ciudades se reparten albugíneos escenarios y hasta el desfile de las delegaciones participantes en la esperada gala, una que supone ser un remanso en medio de un mundo convulso en que competir de otra manera se agradece, como lo es la deportiva, que no es menos política, quiérase que no. Y para el COI con temas cual patatas calientes como Rusia, Israel y EE.UU. de fondo, midiendo con doble y desvergonzado rasero. Como la FIFA. Más extraño resulta no ver el poderío chino hasta ahora, viniendo de ser sede olímpica invernal. No es lo usual en esos casos.
Hay tregua olímpica aprobada por la Asamblea General de la ONU y buenos deseos expresados en una Carta por Su Santidad el Papa. Supone para Italia una demostración que nunca decepciona cuando la involucra. La ceremonia inaugural ha sido elegante, sobria, pero bonita, moderna y con ese toque equilibrado de clasicismo, refinamiento y practicidad que solo los italianos domeñan con singular y siempre admirable maestría. Momento ampo refrendando recuperar los aros olímpicos, visibilizándolos, ya que habían quedado muy relegados durante el mandato de Rogge y Thomas Bach pareciera que heredó la línea de reincorporarlos. Bien ahí.
La Paussini en su faceta patriota efectuó una interpretación loable del himno nacional italiano. Las mascotas, unos armiños, olímpica y paraolímpica, son geniales. Me agradan.
Hasta ahora transcurren expectantes y con las consabidas emociones que de suyo deparan estos certámenes asaz níveos y de nimbos paisajes. Se oye la queja de la rival candidata en su día, la dupla sueca Estocolmo-Are, que difunde paisajes nevados desde días previos, muy nevados, aludiendo a que la ganadora y sede 2026 carece de los elementos idóneos que, gracias al clima que no ayudó, pareciera que no tiñen lo suficiente de blanco todo aquello, pero uno se pregunta si con los temporales invernales recientes que han azotado Europa, no ha compensado y revertido esa denunciada carencia de adecuadas condiciones climáticas resultando en la nieve requerida, para que se verificara los Olímpicos invernales. O solo será aquello de si la envidia tiñera….
Y luego está como de tapadillo esto del medio tiempo del Supertazón 2026 en que el puertorriqueño-estadounidense Bad Bunny sí la rompió, pero tengo mis asegunes. Su mensaje fue recibido y retobón, Trump ha replicado con uno soez, propio de su personita. No cabía esperar otra cosa del neoyorquino. A mí no me ha gustado lo de Bunny, porque recurrió al folklorismo que estereotipa al latinoamericano situándolo en los estándares que más le aborrecen y critican los yanquis. Flaco favor a su raza. Pero va. La visibilizó.
Por otra parte, reconozco que Bad Bunny sí se mojó, se la jugó en la cima de su carrera y no como su invitado Ricky Martin que, en la cima de su carrera, le sacó al parche sobre el futuro de Puerto Rico planteado en 1998, en el centenario de la ocupación yanqui. Calló vergonzosamente. Evadió el tema sobre ese botín de guerra, tal y como me lo describió una academia estadounidense, Barbara Driscoll, en 1994. ¿Conseguirá algo el reguetonero? es pronto para saberlo. De momento, quedémonos con que su participación fue enteramente en español. ¡Qué bien! Un país bilingüe que persiste en arrinconar ese idioma, ahora se le restriega en su cara que los EE.UU. son y serán bilingües. Que su raíz hispana es robusta e incortable. Que no solo es el idioma, son las personas, aunque se las trate de “estás, pero no perteneces”. Fue un ¡basta! y sí, no hay que cantar victoria. Y son tan botarates los seguidores de Trump que quieren deportar al estadounidense. No tienen remedio.
Seguirá bilingüe EE.UU. no por lo que le pasó a Hawái, sino justo lo contrario, porque es hispánico antes que anglosajón. Y que lo vea quienquiera. El valor de sostener el medio tiempo en español me congratula, porque confirma mi tesis frente a mi profesora de inglés –admiradora tan proyanqui, ella– quien afirmaba a inicios de los 80 que el inglés sería la lengua del futuro y para mis adentros siempre me dije “si los hispanohablantes lo permitimos”. Pues eso.