Opinión

Beti Jai: un Bien Cultural que amenaza ruina

Alicia Huerta | Miércoles 17 de diciembre de 2008
Hay que ver la manía que tenemos en este país de destruir las cosas del pasado, incluso aquellas en las que el recuerdo se ha construido con sólidos artesonados y pesadas piedras. Tal es así, que, a veces, las visitas turísticas consisten más en contemplar placas que señalan el lugar donde antaño se alzó algún monumento arquitectónico digno de ser recordado, que en ver realmente el edificio irremediablemente perdido. No conservamos y, cuando el paso del tiempo deja su huella de destrucción, nos limitamos a echar abajo el anciano vestigio y a construir algo nuevo en su lugar.

Es verdad que precisamente una de las políticas más acertadas de Gallardón es la de rehabilitar el centro de Madrid, con subvenciones para arreglar las fachadas que han ido recobrando su antigua y oculta belleza y que, gracias a las obras del Ayuntamiento, mercados como el de San Miguel volverán a vivir momentos de esplendor mercantil sin renunciar a su maravilloso edificio. Por eso, se comprende aún menos que una construcción como el Frontón Beti-Jai, declarado en 1977 Bien de Interés Cultural y del que se ha vuelto a hablar estos días por la desgraciada muerte de su vigilante en un incendio declarado en su interior, lleve décadas de abandono, a pesar de estar considerado como el único documento arquitectónico de este tipo que queda en el mundo.

No es que nadie le haya echado el ojo en este tiempo. Construido en 1893 con la tecnología más moderna de la época y de estilo neomudejar, no le han faltado pretendientes. Ubicado en el número 7 de la calle Marqués de Riscal, a escasos 20 metros del Paseo de la Castellana, y sobre un terreno de 4.000 m2, no podía pasar desapercibido para los especuladores de un bien tan escaso como es el suelo en el centro de la capital. El problema es que sus distintos propietarios a lo largo de estos años, se han topado con la ley, que exige que las obras que se realicen en un edificio catalogado como Bien de Interés Cultural sean únicamente con el objetivo de devolverlo a su estado original. Un claro conflicto entre los planes de futuro de los propietarios que quieren hacer negocio y lo estipulado por la ley.

Dicen los expertos en recuperación de inmuebles que si no se actúa rápidamente en el Beti-Jai, el paso del tiempo acabará destruyendo lo poco que se conserva aún en él. ¿Será precisamente su ruina definitiva e irreparable lo que persigue esta incomprensible desidia de la administración que no interviene para obligar a sus propietarios a la conservación de tan magnífico edificio? Los vecinos de Chamberí se han propuesto no permitirlo y han creado la Plataforma “Salvemos el Frontón Beti-Jai de Madrid”, que, entre otras actuaciones, ya ha puesto en marcha la recogida de firmas para que esta joya de la arquitectura madrileña sea rehabilitada cuanto antes y se le de un uso público relacionado con actividades deportivas. Lo cierto es que no debería ser difícil de conseguir en una ciudad que persigue con tanto ahínco convertirse en sede de unos juegos olímpicos.

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