El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha ordenado el envío de un segundo portaaviones a Oriente Medio en un movimiento que refuerza el despliegue militar estadounidense en la región y eleva la presión sobre Irán en pleno proceso de negociaciones sobre su programa nuclear.
El buque elegido es el USS Gerald Ford, considerado el portaaviones más grande y avanzado del mundo. El grupo de ataque del Ford, que se encontraba desplegado en el Caribe tras haber sido desviado del Mediterráneo el pasado otoño, se unirá al USS Abraham Lincoln y a otros nueve buques de guerra que ya operan en la zona.
Con más de 100.000 toneladas de desplazamiento, 335 metros de eslora y una tripulación de 4.500 marinos, el Ford puede transportar hasta 70 aeronaves. Su llegada supondrá la incorporación de al menos 40 aviones de combate adicionales y medios de vigilancia, lo que incrementa de forma notable la capacidad de ataques aéreos estadounidenses en la región. La Armada lo define como la "plataforma de combate más capaz, versátil y letal del mundo", equipada con catapultas electromagnéticas, radares de última generación y reactores nucleares.
El despliegue se produce apenas una semana después del primer encuentro indirecto entre Washington y Teherán para tratar de rebajar la escalada de tensiones. Por ahora no se ha anunciado una segunda reunión ni una hoja de ruta clara. Irán pretende limitar el diálogo a su programa nuclear, mientras que la Casa Blanca aspira también a abordar el desarrollo de misiles balísticos y el apoyo iraní a milicias que combaten a Israel en la región.
Trump aseguró este jueves que las negociaciones "continúan" pero advirtió de que, si no se alcanza un acuerdo, el escenario será "muy traumático". "No quiero que eso suceda", añadió, al tiempo que mantiene abierta la amenaza de una intervención militar.
Desde Teherán, el jefe de seguridad iraní, Ali Larijani, ha dejado la puerta abierta a ampliar el alcance de las conversaciones "a otras áreas" si prosperan las negociaciones nucleares. Esta semana se reunió con representantes de Omán, país que ejerce de mediador, y señaló que recibió mensajes estadounidenses a través de Mascate, sin detallar su contenido.
También Turquía participa en los esfuerzos diplomáticos. Su ministro de Exteriores, Hakan Fidan, afirmó que Washington estaría dispuesto a tolerar el enriquecimiento de uranio iraní "dentro de límites claramente establecidos". Por su parte, el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Grossi, advirtió en la Conferencia de Múnich de que aún existe una "ventana de oportunidad" para el acuerdo, aunque subrayó que estas oportunidades pueden cerrarse de forma abrupta.
Más allá del frente diplomático, imágenes satelitales del Institute for Science and International Security apuntan a que Irán estaría reforzando la protección de sus instalaciones nucleares ante un eventual bombardeo. Los análisis muestran el fortalecimiento de accesos a túneles en el monte Pickaxe, donde se cree que podría almacenarse uranio enriquecido, así como nuevas estructuras en instalaciones como la planta de Natanz para dificultar la observación por satélite.
En paralelo al despliegue militar, Washington intensifica la presión económica. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, aseguró que las medidas adoptadas han provocado una "escasez de dólares" en Irán, forzando al banco central a imprimir dinero, lo que habría contribuido a la caída de la moneda y al repunte de la inflación.
Las tensiones internas aumentaron tras las protestas masivas registradas a finales de año por la situación económica, que derivaron en movilizaciones contra la República Islámica. Según el observatorio Hrana, la represión dejó más de 7.000 muertos y miles de casos adicionales bajo investigación.
El envío del Ford, sin embargo, no está exento de costes para la propia Marina estadounidense. Medios como The New York Times apuntan a que su despliegue en Oriente Medio retrasará importantes trabajos de mantenimiento previstos en la base de Norfolk, en Virginia. Además, expertos militares subrayan que Washington no dispone actualmente de capacidad suficiente para sostener una guerra prolongada contra Irán, lo que convierte el movimiento en una demostración de fuerza con fuerte carga disuasoria en un momento diplomático crítico.