Este Atlético no está para competir con seriedad y consistencia durante varias semanas seguidas. Diego Pablo Simeone lo ha intentado desde agosto sin éxito, más allá de algún segmento destacado. La inversión del club el pasado verano construyó una plantilla más amplia y preparada para responder en cada partido, pero la mentalidad de la plantilla no se corresponde con la exigencia. La irregularidad colchonera les pinchó el sueño de pelear por LaLiga y ahora, en febrero, sólo les queda resignarse a quedar entre los cuatro primeros clasificados. Este domingo cayeron goleados por un Rayo Vallecano que quiso vencer con muchas más ganas, ya que habían empezado esta jornada en los puestos de descenso. Venían los rojiblancos de dar una exhibición en la Copa del Rey. Hace tres días vapulearon al Barcelona, quizá en su mejor rendimiento del curso. Se desfondaron para dejar casi sentenciado el billete para la final copera, de modo que el 'Cholo' optó por aplicar una rotación masiva esta tarde. No le faltan razones, ya que el próximo miércoles se la jugarán ante el Brujas. El técnico argentino guardó a los primeros espadas y sólo repitieron alineación inicial Matteo Ruggeri y Nahuel Molina. La idea era competir con los secundarios e ir dando entrada a los pilares en el segundo acto... pero no funcionó el plan y se marcharon al descanso con 2-0 en contra.
Quisieron los visitantes asumir la iniciativa en el comienzo, pues saltaron al verde juntando en el centro del campo al prometedor Rodrigo Mendoza, Álex Baena y Thiago Almada. Sin embargo, les costó un mundo esquivar la presión efectiva que preparó Íñigo Pérez. El preparador 'rayista', que a pesar de la mala racha (sólo habían ganado uno de los doce partidos precedentes y acumulaban tres derrotas seguidas) no negocia su estilo y a punto estuvo de pescar un punto en el Bernabéu, ordenó jugar con la valentía que les es característica, como si estuvieran en Vallecas. Da igual quién este disponible (hoy causaron baja los fundamentales Pathé Ciss y Pep Chavarría), juegan siempre igual. Sus líneas adelantadas y la agresividad para robar arriba provocaron que los colchoneros replegaran en un bloque medio, en campo propio.
Aunque en las gradas sí se notaba el exilio de Butarque, sobre el verde 'La Franja' competía como se estuviera en su casa. Su peligro emana de las bandas, sea quien sea el extremo. En esta ocasión la colaboración entre Andrei Ratiu e Ilias Akhomach (flamante fichaje invernal) constituyó su puntal, el carril preferido de amenaza y el principal argumento de desequilibrio. Por ahí avisó el carrilero rumano con un centro mal intencionado en el segundo minuto. No era nada más que la inauguración de la tortura que le dedicaron a Ruggeri. Los rojiblancos pasaron a achicar con orden, a armarse atrás, antes de adueñarse del cuero y cumplieron en este cometido, ya que su trinchera no concedería más que un zurdazo de Gumbau que estrenó los guantes de Jan Oblak y una falta lejana y desviada de Florian Lejeune antes de la media hora. Los locales tenían claro que debían aplicar un ritmo volcánico a todo para examinar la compostura física rival y se pusieron a ello, pero les faltó creatividad en estático. Y cuando los visitantes empezaron a encontrar a Baena y a Almada perdieron el pie.
La resistencia colchonera dio sus frutos y esa seguridad les permitió salir en transición. Y en su primera llegada casi hicieron diana: en el 11 Molina dibujó un centro pasado que Nico González devolvió al centro del área, el cuero rebotó en Nobel Mendy y se estrelló en el larguero. El rechace afortunado del central senegalés rescató a sus compañeros mas dio alas a los favoritos, que a partir del minuto 25 mejoraron con balón e inquietaron al meta Augusto Batalla. Fue un partido de alternativas y en este lapso los colchoneros llegaron a dominar, con Ruggeri y Molina subiendo. El problema es que Pérez les había negado el juego entre líneas y los visitantes sólo pudieron acumular centros laterales. Disponían de Alexander Sorloth en el área, hecho que convertía la metodología ofensiva en idílica. Sin embargo, la precisión de los centradores encalló y la estrategia predefinida derivó en una montonera de centros sin remate. En el primer tiempo lanzaron 17 centros parabólicos y sólo uno encontró un rematador; en el minuto 90 la cifra llegó a alcanzar los 36 centros. Sólo cuatro de ellos recibieron una finalización. Ese bagaje mermaría las opciones de triunfo visitante de forma irresoluble, pues tanto Baena como Almada siguen sin salir de ese estado intermitente que arrastran.
Como si la fórmula atacante sintetizase el alma de todo el equipo, el río tozudo de centros a la nada terminó por contagiar todas las fases de juego rojiblancas. Y el Rayo, que corría a lomos de la urgencia, lo aprovechó. Nico González le arrebató a Fran Pérez el 1-0 tras un córner botado por Isi Palazón en el 31 y a partir de ahí los vallecanos aceleraron con la misma convicción que les ha metido en los octavos de final de la Liga Conferencia. Una subida corajuda del 'Pacha' Espino con chut repelido por Oblak dio continuidad al arreón y Akhomach elevó el órdago en el 34, cuando regateó a varios rivales, Oblak incluido, pero Molina sacó su intento bajo palos. El golpe energético local hizo tambalear al Atlético y en el 40 Fran Pérez abrió el marcador. Ratiu se escapó por enésima vez, bailó a Ruggeri, centró con veneno y el atacante levantino marcó a placer llegando desde atrás. Un premio a la fe en el estilo. Trabajar e insistir es la única solución a la sequía que les persigue (sólo el Oviedo ha anotado menos goles).
Para entonces la agilidad de Akhomach había abierto una fuga en la defensiva colchonera, propiciando llegadas claras como la que le sacó el arquero esloveno a Pérez. Mas el excelso guardameta no pudo hacer nada para frenar el vendaval y en el 45 encajó el 2-0 que dejó el choque desnivelado. La acción nació de la buena presión 'rayista', que generó un error en el pase de Clement Lenglet; Óscar Valentín recuperó el esférico y abrió para el centro de Akhomach que Isi engatilló con un trueno que sacó lo mejor de Oblak; la falta de tensión competitiva de la zaga rojiblanca se hizo notar y Óscar facturó el balón suelto sin miramientos.
Con todo perdido y un único tiro a portería realizado, Simeone les dio otra oportunidad a sus muchachos en la reanudación. En su mano estaba recobrar la intensidad exigida y girar el juego con la velocidad suficiente para que el Rayo no llegase a las ayudas. Confió el técnico y como no percibió rebeldía, intervino. En el 56 metió, de una tacada, a Julián Álvarez, Robin Le Normand y Obdel Vargas. Pasó a jugar con tres centrales y algunos titulares. Pero el 'Cholo' tampoco tuvo su mejor día y en el 63 deshizo la modificación. En ese minuto dio entrada a Ademola Lookman y a Marcos Llorente. De repente, con más de media hora por delante, se quedó sin cambios y ofreció la misma sensación de caos que los locales habían podido inyectar en sus futbolistas sobre el campo.
Mantuvieron la lluvia inocua de centros laterales y agigantaron la figura de Nobel Mendy y de Lejeune. Ambos se manejaron con comodidad como anti-aéreos y entregaron a sus compañeros una solidez valiosa. No en vano, las dificultades para imponerse en las áreas ha sido el mayor déficit que les ha llevado a caer en la clasificación. En esta fecha rindieron a la perfección en las tres fases del juego y cuando Íñigo Pérez interpretó que les estaba faltando cohesión, metió mano. Colocó al zaguero Jozhua Vertrouwd de extremo, para taponar las subidas del fallón Molina y de un Nico González que sigue desentonando. Ese matiz táctico dio mensura a su esquema y apagó una reacción visitante que se quedaría en el eslalon de Almada y zurdazo de Nico que sacó Batalla con colocación; el disparo del extremo cedido de la Juventus rechazado por Mendy; y el córner cerrado de Julián que desvío José María Giménez en el primer palo y despejó con reflejos el ex arquero de River Plate -minuto 83-.
Hasta ahí llegó la producción de un Atlético presa de sus fantasmas. Sólo suma tres triunfos en sus 12 salidas ligueras. No hay manera de localizar la regularidad mental en el rendimiento. En cuartos de Copa le metieron cinco al Betis y cayeron contra los verdiblancos en Liga días después; y ahora, una semana más tarde, replican el mismo comportamiento, incapaces de imponer su calidad a través de la posesión, también con los titulares. Al final se llevaron una goleada de este viaje al sur madrileño y escaparon sin mayor sonrojo porque a Jorge de Frutos se le escapó un control en el área pequeña. En el 76 Mendy coronó su gran partido voleando a la red un centro brillante de Álvaro García, que hoy alcanzó el récord de encuentros en Primera con 'La Franja' de Jesús Diego Cota. Tarde redonda para los vallecanos con una victoria vital y el regreso de Unai López después de un mes de baja (que ha coincidido con el bajón colectivo). Quién sabe si este es el espaldarazo que tanto necesitaban. Butarque acabó escuchando olés vallecanos.