Y regresamos a Acrópolis santa con mármol pentélico,
Del Licabeto, Agrileza, el Himeto, y de Paros estatuas.
En la estación del metro de Acrópolis vemos los tipos
Clasificados de vasos de griega cerámica fina,
Kýlix, kelebe, loutróphoros, stamnos, y skyphos y kálpis,
Lékhitos, crátera, enócoe, píxide, y otros como ánfora.
Tres Ateneas soñamos de Fidias, bastión de la pólis,
Y la Afrodita Sosandra de Cálamis, cuerpo Elpinice.
Los ergolabos de Acrópolis tienen la ayuda de Ergane,
Potnia suprema Atenea, la musa del arte y la plástica.
En Filopapo podemos mejor Partenón otear,
Pero en Hotel de Titania en mañanas de almuerzo lo vimos.
Abandonaron los monstruos el gran Erecteo temido,
E inaccesible está el templo del aya Pandrosio devota.
Testa Medusa horroriza en muralla por arte Mirón.
Pura belleza de austeras aristas lanzadas al cielo,
Las estrías en aristas tajantes la pértiga surcan,
Formas icásticas sanas pasiones apelan del hombre.
Dórica forma de líneas básicas del gran misterio.
Los arquitectos Calicles, Ictino, Mnesicles, Calímaco
Cómo los ojos las cosas perciben sabían y amoldan
Mundo a los ojos, rebajan extremos de los estilobatos,
Fustes engordan de extremos del templo a los dioses olímpicos.
Píndaro dice “mamaf” refiriéndose al dórico templo.
Soñamos bellas talóforas subiendo a los templos,
Y conmemora la muerte de obrero la Atenea de Pirro.
Vivo Museo de Acrópolis vemos salido del sitio,
Casco corintio defiende cabeza de diosa con lanza.
Las arreforos, juntitos los pies de muñecas en círculo,
Llevan cestillas de dones ignotos a dioses potentes.
Tañen las musas forminges laderas del monte Helicón.
Ágiles monos azules demuestran presencia cretense.
Pisa Afrodita tortuga con cuerpo de formas mojadas.
Serenidad de los dioses olímpicos llevan al goce.
La coroplastia, figuras pequeñas, nos llena de gusto.
Las esculturas de ritmo quiástico de Policleto.
Llama a las artes “poesía silenciosa” gran Simónides.
“Muestran las artes aquello que vista no ve”, nos decía
Gran Anaxágoras, sobre Agatarco, Micón y gran Sótades.
Bien que parece Cupido tensando gran arco el amor
Del buen Alfonso, marido al servicio de musa graciosa.
Alfa cerveza el humor nos mantiene y el chípuro fuerte,
Y la musaka, y arnaki y moschari y los chiri nos nutren.
Y Jota Jota pilota con sabia experiencia probada,
Un Palinuro y un Tifis en una persona afamada.
Inaccesible a nosotros estuvo el Theseion del ágora.
Peregrinamos devotos a Delfos de Apolo y de Baco,
Y te busqué, Polignoto, en sagrados caminos de lluvia,
Híades Baco llamaba llenando la tierra sagrada,
Pero la lesque de cnidios estaba cerrada a nosotros,
Veraz Capilla Sixtina del mundo de griegos y Roma,
Que en corazón tú ya estabas sin búsqueda ansiosa y devota.
Cuádrigas vimos, estadio mojado en la linde final,
Mientras Andrea nos abre la senda que lleva a la meta,
Ninfa manchega de dulce sonrisa que aporta su fuerza,
Y tiene la nébride impresa de Baco en sus calcetines.
Lluvia tampoco dejó traducir la inscripción del peán
A Dioniso, del gran Filodamo Escarfea poeta:
Prueba que Delfos tenía dos dioses, buen Baco y Apolo.
El santuario de Delfos espera de nuevo a los ANPES
Que sin el tholos incierto la lluvia de Baco dejó.
Llora el auriga sus lágrimas vítreas, santas, tenaces,
Verde cristal inmortal que nos mira con críptica arcaica
Risa-sonrisa y los labios de plata robada y perenne.
Sótades dice “kalí antamosí” levantando su diestra,
Puesto que espera la vuelta de mismos amigos de Delfos.
Marcos e Hilario vislumbran las dríades, ninfas del bosque,
Tímidas diosas oréades, vírgenes bellas del monte,
Que pudorosas se esconden de instintos adultos impropios.
Las hipodámicas calles del puerto Pireo recuerdan
El interés pericleo en alzar neosoíkoi de barcos.
Sale del mar Afrodita, y se llenan los pechos de amor.
El centelleo de lanza de Prómacos vemos del mar.
Isla de Egina con Teucro y gran Áyax acogen visita,
Y Telamón en Afaya sonríe pasión por Hesione.
Píndaro cántico al templo compuso de los eginetas.
Guerra de Troya en frontón adquirió buen rey Luis de Baviera.
Perturbadora la Esfinge nos mira hasta el alma profunda,
Y nos revela el milagro de Grecia gloriosa y eterna,
Que con pistachos ahora edulcora a los hombres soturnos.
Santo Nectario y pistachos conforman el alma de Egina,
Mora Nectario en parroquias con frescos que enseñan la Biblia,
Megalografía de Polignoto regresa en Sixtina.
Luis de Esperanza los “Cien Años de Soledad” compra en griego,
Pues que lo griego engrandece lo grande y casi inmortaliza.
Mira la esfinge de Egina y pregunta enigmas difíciles.
El gran corego Lysícrates alza linterna de mármol,
Y en su cornisa coloca su trípode de la victoria,
Y seis columnas corintias sostienen el tholos del Himeto,
Friso elegante y delfines piratas en círculo eterno.
Literatura premiada en un tiempo más bello y humano.
En Queronea el león rememora a Filipo Segundo
Y su rugido me espanta y a amigos de Atenas libérrima.
Pero la historia inclemente nos lleva a Alejandro Grandioso,
Cuya locura Lisipo refleja con arte supremo,
Y que el Apeles pintó con permiso del mismo león.
Todo un león atronante con dientes amables, punzantes.
Los pensamientos sombríos Demóstenes tiene en estatua
De Poliuctos, psicólogo artista de mármol y bronce.
El macedonio dios Ares ultima la Grecia períclea.
Artemisión se quemó el mismo día que nace Alejandro.
Éfeso sabe el futuro si bañas en fuente Castalia.
Al Poseidón de Sunión ascendemos cual Byron poeta,
Y recordamos a Egeo saltando a la muerte marina.
Versado Antonio en el mármol indaga las firmas famosas.
Tras las columnas se esconden guardianas que pisan el templo.
Los pisistrátidas bella cerámica arcaica promueven
Que recorrió el mar Egeo y pintores de Pan y Onasías.
Desde el Parnaso en su cumbre las ninfas de Baco y Apolo
Gracia y placer nos desean en vuelta a la España más griega,
Y que mañana Neptuno nos dé esos alientos de cola
Que nos devuelva a La Mancha de Nuestro Señor Don Quijote.
Mónica, gran capitana, severo su estilo de auriga,
Cascabeleras palabras que animan la marcha y camino,
Rige este grupo de profes perfectos buscando la Hélade.
La humanidad de los dioses olímpicos siempre acompañe.
No suplantemos jamás a los mitos por filosofía.