Opinión

La guerra contra Irán

ORIENT EXPRESS

Ricardo Ruiz de la Serna | Domingo 01 de marzo de 2026

La acción militar combinada entre Israel y los Estados Unidos ha acabado con la cúpula del aparato de seguridad de la República Islámica de Irán. En una operación cuya precisión recuerda al descabezamiento del alto mando de Hezbolá en septiembre de 2024, los dos aliados han matado al Líder Supremo de la Revolución, Alí Jameneí, así como a Alí Shamkhani, asesor de seguridad de Jameneí; Mohammad Pakpour, comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica; Aziz Nasirzadeh, ministro de Defensa; y Abdolrahim Mousavi, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas. Todo parece indicar que la penetración de los servicios secretos israelíes y estadounidenses en el Estado iraní es muy profunda y llega hasta la precisión operativa de saber cuándo estarían todos reunidos en el mismo complejo. Esto revela una posible vulnerabilidad decisiva en la defensa de la Revolución Islámica. Hasta el momento no consta que hayan alcanzado a Ismail Qaani, comandante de la Fuerza Quds, la unidad de la Guardia Revolucionaria especializada en operaciones en el extranjero.

La respuesta iraní ha sido el lanzamiento de cohetes y misiles contra Israel y contra las bases estadounidenses en Irak, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait, Bahréin y Omán, bien por parte del ejército iraní bien por las milicias que Irán respalda. Los sistemas defensivos de los países han neutralizado los ataques iraníes. Con esta acción, Teherán se ha granjeado la oposición del mundo árabe y ha socavado aún más su seguridad en la región. Ha habido rumores de que el estrecho de Ormuz podría haber quedado bloqueado. De momento, sólo hay un pronunciamiento iraní de que el paso está cerrado pero, en la práctica, el tráfico marítimo se ha detenido casi por completo. El influyente ayatolá Naser Makarem Shirazi, ha llamado a la yihad contra Estados Unidos e Israel.

Todo esto recuerda al entusiasmo con que se vivieron las primeras operaciones militares contra el Afganistán de los talibán en 2001 y el Irak de Saddam Hussein en 2003: victorias rápidas, golpes certeros y una indiscutible superioridad tecnológica de los Estados Unidos y sus aliados. Sin embargo, no parece que se vayan a enviar tropas por tierra. Tanto Donald Trump como Benjamin Netanyahu han hecho llamamientos al pueblo iraní para que se alce contra el régimen de la revolución islámica, que por el momento mantiene el control de la situación. De hecho, la República Islámica se dotó de la Guardia Revolucionaria precisamente para evitar que un alzamiento desde el interior hiciese estallar el sistema. Si se intenta emplear a las minorías de Irán -baluchis, kurdos, árabes, azeríes...- el resultado podría ser una guerra civil y no sólo un cambio de régimen. Los llamamientos de Reza Pahlavi, heredero del Shah, y de la señora Maryam Rajavi, presidenta electa del Consejo Nacional de Resistencia de Irán, no tendrían tanto una base
étnica como nacional, pero es incierta la influencia que puedan tener en el país. Se ha iniciado ya el proceso para designar al nuevo Líder Supremo mientras un triunvirato actúa como autoridad transitoria y el gobierno se mantiene con sus funciones ordinarias. En este sentido, Irán no se ha precipitado en el caos.

Mientras tanto, la Revolución Islámica ha activado sus fuerzas espirituales, que a la vista de la Guerra Irán-Irak (1980-1988) no han de ser desestimadas ni minusvaloradas. En lo alto de la mezquita Jamkaran -uno de los principales santuarios del chiismo iraní y que se vincula a la devoción al imán oculto, al-Mahdi- se ha izado la bandera roja, que simboliza el martirio, la injusticia sufrida y la promesa de represalia. Se trata del núcleo duro del sentido martirial y místico del islam chií: la lucha por la justicia y contra la tiranía aun a costa de la propia vida. Sería un error soslayar este aspecto, que ya fue decisivo en la guerra contra Irak. La religiosidad del pueblo iraní va más allá de las clases urbanas y occidentalizadas de las grandes ciudades, que son las que suelen aparecer como representativas del Irán moderno. La presentación de Alí Jameneí como mártir brinda una oportunidad notable al régimen para fortalecerse a los ojos de su propio pueblo como víctima de un ataque mientras aún estaban abiertas las negociaciones indirectas con los Estados Unidos. Una vez más el régimen iraní puede ganar apoyos en los países africanos y asiáticos que ven en las intervenciones militares de los Estados Unidos y sus aliados una extensión de las guerras y agresiones coloniales e imperialistas de los últimos dos siglos.

En este sentido, el marco narrativo de la Descolonización y las luchas anticoloniales, antiimperialistas y de liberación sigue siendo persuasivo y eficaz en buena parte del mundo. Esto puede ofrecer a Irán oportunidades de atacar objetivos "blandos" -poco o mal protegidos- en cualquier lugar del mundo. El Eje de Resistencia está roto e Irán se enfrenta ya a sus enemigos directamente, pero la experiencia de los días posteriores a los atentados terroristas del 7 de octubre de 2023 en Israel demuestra que los grupos antioccidentales y antisemitas están activos en todo el mundo.

Así, lo que quizás resulte definitivo sea precisamente un estallido dentro del propio régimen lo bastante fuerte como para desactivar a la Guardia Revolucionaria, es decir, una intervención del Ejército iraní que provoque el hundimiento del régimen y divida sus fuerzas. No digo que esto vaya a suceder. Sólo apunto a que, si el régimen no estalla de forma controlada desde dentro, parece difícil que el cambio de régimen del que se habla vaya a producirse gracias a una intervención desde el aire y un alzamiento popular desarmado. Otra cosa será lo que puedan hacer las minorías si es que alguien les facilita armas como se hizo en el pasado con los baluchis de Jaish al-Adl y los kurdos del Partido por una Vida Libre en Kurdistán-PJAK.