Pedro Sánchez se ha vuelto a situar del lado de los países terroristas, ahora Irán y antes Venezuela. Nunca denunció la represión comunista de Nicolás Maduro ni la del criminal fanatismo religioso de Jamenei. Pero critica a Donald Trump por capturar al dictador caribeño y por atacar al país gobernado por los Ayatolás. Peor aún, ha prohibido a Estados Unidos utilizar sus bases en Rota y Morón para abastecer a los aviones que participan en la guerra. La reacción del entorno del presidente norteamericano no se ha hecho esperar. Ha calificado de “aberrante” la postura española y algunos senadores republicanos ya han pedido que nuestro país sea expulsado de la OTAN; más aún, después de negarse a cumplir con el acuerdo al que se había comprometido de incrementar hasta el 5% del PIB su gasto en defensa.
Mientras las grandes democracias europeas como Alemania, Francia y el Reino Unido se alían con Estados Unidos en su ataque al régimen teocrático de los Ayatolás, España se queda aislada al criticar la actuación de Donald Trump con la excusa del incumplimiento del derecho internacional. Pero rechaza reforzar la seguridad en la UE ante la amenaza de Rusia y ahora de Irán. Definitivamente, Pedro Sánchez ha elegido bando. En España, gobierna con el apoyo de los herederos de ETA y los golpistas catalanes. Y en el mundo, sus posturas “pacifistas” son aplaudidas por los terroristas de Hamás y de Irán, como el embajador persa en nuestro país que ha elogiado con entusiasmo la negativa del Gobierno español a permitir a Estados Unidos el uso de sus bases militares de Rota y Morón.
La política exterior y de defensa del Gobierno español no sólo es errática por su progresismo trasnochado. También pone en riesgo la permanencia de nuestro país en la OTAN. Mientras, Sánchez es excluido sistemáticamente de las reuniones entre las grandes democracias europeas cuando se trata de abordar los problemas de seguridad y defensa. Se ha convertido en un apestado por sus delirantes posturas y sus continuos incumplimientos. Trump le llegó a llamar tacaño. Pero en Europa es considerado un traidor a los postulados de la Unión, después de rechazar contribuir a los acuerdos económicos y militares, además de defender a ultranza la criminal dictadura de Maduro o de recibir en el aeropuerto de Barajas a Delcy Rodríguez, a pesar de la prohibición de pisar suelo europeo impuesta por Bruselas.
Y, ahora, Pedro Sánchez aprovecha la guerra en Irán para sacar pecho y enfrentarse a Trump en su intento de erigirse en el líder progresista del mundo. Pero sólo consigue ser tachado de “paria” al situarse en el lado equivocado de la historia. Pues, si de verdad es “progresista” debería permanecer junto a las democracias liberales frente a las dictaduras terroristas. Pero el presidente español prefiere apoyar la Venezuela de Maduro o el fanatismo religioso y criminal del Irán de los Ayatolás frente a Estados Unidos, Alemania, Francia y el Reino Unido y la totalidad de las democracias occidentales. El gran problema no es que Sánchez sea considerado un político indecente. Sino que España sea expulsada de la OTAN y arrinconada en la UE. Nuestro país quedaría a la intemperie. El presidente español, sin embargo, permanecerá reguardado en La Moncloa hasta 2027 entre los cuatro aplausos de los cineastas más “progres” y subvencionados de los Premios Goya. Pero no podrá acallar el sonoro y unánime abucheo de la mayoría de los españoles.