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Copa del Rey. El Atlético llega a la orilla en el Camp Nou y jugará la final

(Foto: EFE).

SEMIFINAL | VUELTA

Diego García | Martes 03 de marzo de 2026
Un Barcelona formidable goleó al equipo de Simeone pero se quedó a un tanto de forzar la prórroga. El catenaccio condujo a los rojiblancos a su primera final copera desde 2013.

El Barcelona necesitaba un milagro para acceder a la final de la Copa del Rey e hizo todo lo posible por conseguirlo. Completó un partido descomunal con el que golearon al Atlético de Madrid. Arrasaron a los colchoneros por 3-0, con una tarjeta estadística que explica lo desarrollado a la perfección: 21 remates, nueve disparos a portería, un chut a la madera, 71% de posesión, 15 córneres lanzados (ninguno concedido), 44 centros, 23 duelos más ganados y sólo dos remates a portería cedidos. Redondearon la exhibición que necesitaban poner sobre la mesa pero el 4-0 encajado en la debacle del Metropolitano fue demasiado. Les faltó un gol para forzar la prórroga y la resistencia rojiblanca llegó a la orilla con éxito.

En toda su historia, el club azulgrana sólo había podido remontar un 4-0. Ocurrió en 2017, cuando con Lionel Messi, Neymar y Luis Suárez le metió un 6-1 al PSG de Unai Emery en la Liga de Campeones. Hansi Flick quería tomar ese ilustre testigo y alineó a casi todo su arsenal. Venían lanzados (10 de 10 desde que volvieron al Camp Nou) y sabía que iban a monopolizar el control de la pelota y a jugar en campo rival, así que despobló el centro del campo de destructores y colocó a Marc Bernal y a Pedri en el eje. No iba a ser fácil, pues piezas nucleares como Frenkie de Jong, Eric Garcia o Robert Lewandowski no estaban disponibles, pero el estratega germano, como la grada y la plantilla, confiaban en el potencial que atesoran. No obstante, en LaLiga suman ya 71 goles y todavía restan 12 jornadas.

Un Barcelona impresionante

El Barça empezó el encuentro con todo, derrochando convicción. Fue titular Fermín López y el canterano agradeció el gesto presionando con la garra que le caracteriza. La colocación de este obrero en la mediapunta les entregó a los locales un sinfín de recuperaciones elevadas que atosigaron desde temprano a los visitantes (sobre todo a Koke, ciertamente superado por el ritmo catalán). Por ahí llegó la primera parada del meta colchonero Juan Musso, en el segundo minuto. Con la activación tras pérdida rozando máximos, lección aprendida del bochorno de la ida, los favoritos comenzaron a volar también con balón gracias al gobierno de Pedri. El genio canario todavía no está en plenitud, mas se nota mucho cuando está presente. Las circulaciones fluyen con continuidad y con filo.

Diego Pablo Simeone no escondió sus cartas y sus muchachos arrancaron el desafío atrincherados. Priorizaron por completo la gestión de la ventaja desde el orden y el sacrificio colectivo, a pesar de haber desplegado a Julián Álvarez, Antoine Griezmann y a Ademola Lookman. Les costó un mundo aguantar el cuero porque estaban centrados en un repliegue intensivo que dictaba sobrepoblar el centro para taponar el juego entre líneas local. Y por ahí alcanzaron a amortiguar el prólogo, con Marcos Llorente pegado a la movilidad de Raphinha desde el rol de lateral diestro. Giuliano, sometido como siempre a los mandatos de su progenitor, ejerció como carrilero en fase defensiva. No encajar pesaría mucho más que amenazar a lo largo de la noche. La supervivencia quedó supeditada a la ejecución del catenaccio. A muchos metros de la portería contraria.

El Barcelona nunca pestañeó en relación con su objetivo. Ni siquiera las lesiones de Jules Koundé y de su relevo, Alejandro Balde, les desviarían de la ruta estudiada. De este entuerto quedó Joao Cancelo emparejado con el vértigo de Lookman, mas el nigeriano no tuvo su mejor rendimiento. Perdía muy rápido la pelota un sistema visitante encerrado y que ofrecía sólo avances exteriores. Por ahí, y por más robos altos ante los intentos de salida de juego combinativa rojiblanca, llegarían más chuts que exigieron a Musso. En el 14 Raphinha emitió un latigazo que rozó el poste; en el 15 el arquero argentino le negó a Bernal la celebración; y en el minuto 17 Ferran desperdició un córner de Fermín para, a continuación, mandar al limbo un centro destacado de Lamine.

A pesar de los pesares, los colchoneros habían logrado negarle al Barça los pasillos centrales y frenar la irrupción inicial. El 'Cholo' pensó que la mejor oportunidad para aguantar pasaba por no ofrecerle espacio para correr a los velocísimos atacantes azulgranas, así que montó un muro desacomplejado. Jugaban con el tiempo a favor. Brilló en el achique Johnny Cardoso, muy astuto para repeler los centros a la frontal de los que tanta tajada sacan los barceloneses. Así, en la primera media hora sólo alcanzaron a hilvanar dos posesiones sostenidas. En cambio, cuando consiguieron concatenar cuatro o cinco pases y superaban la presión oponente, se descubrieron con espacios para dañar. Como en la ida. Así, en transiciones patrocinadas por la indispensable visión de juego de Griezmann, en el 28 estrenaron los guantes de Joan García y en el 42 estrellaron en el poste un remate. Ambas acciones fueron anuladas por fuera de juego, mas constituyeron un aviso.

La hora de la verdad para el Atlético

Sin embargo, el guion del Atlético no estaba centrado en eso. Había que sufrir y achicar. Esa era la receta aunque los acercamientos locales cada vez pusieran en más problemas a Musso, que antes del descanso ya se había convertido en el mejor jugador de la delegación capitalina. En el 24 despejó un cañonazo de Lamine desde media distancia y en el 29 voló para sacar de la cepa del palo un derechazo de Ferran, tras otra emboscada de Fermín a Koke. La inercia gritaba ya la lógica del 1-0 y en el minuto 30 aconteció. Fue en un córner sacado en corto en el que la zaga colchonera de desconectó por vez primera del libreto. Lamine se coló en el área tras sorprender a la despistada retaguardia visitante, pintó un centro inmejorable y Marc Bernal anotó sobre la línea de gol. El club ha esperado con razón a este diamante que en esta temporada está empezando a brillar. Tiene 18 años, mide 1'93 metros, posee buen pie, despliegue físico y finalización. No sería ésta su última palabra del choque.

La apertura del marcador encendió a la grada pero no inquietó a los madrileños, que siguieron en sus trece. Con el paso de los minutos y el aumento de las pérdidas peligrosas en la salida de juego, Simeone decretaría la saludable receta del pelotazo. Era una jornada ésta de precauciones y de pocas alegrías, como la que casi factura la inteligencia del renacido Julián Álvarez, que en el 47 tejió una contra que concluyó con un centro sublime de Llorente y un remate desafinado de Lookman con todo a favor. Y, claro, si se juega a fabricar pocas llegadas y se perdona, todo se complica. Así, el repiqueteo continuo de ataques azulgranas, con Marc Pubill salvando un extremis y Raphinha cabeceando cerca de la madera, volvería a rebalsar justo antes del descanso, cuando Pedri recibió una circulación frenética en la frontal, se coló en el área y fue derribado. Raphinha no perdonó y mandó el partido al intermedio con la mitad del trabajo hecho -minuto 50-.

Simeone recibió esta cornada y la interpretó como un potencial punto de inflexión. Entonces, con 2-0, ordenó ganar ambición y en la reanudación la orden de subir las líneas cuando el Barça daba un pase retrasado se transformó en más valentía posicional sostenida. Casi no habían amenazado en ataque y el 'Cholo' sabía que ésta era una condición básica para cortar el ritmo del envalentonado conjunto 'culé'. Así que sus jugadores se remangaron y en el 48 exigieron a Joan García tras un robo adelantado a Balde con el que Julián conectó un zurdazo desde la frontal. Griezmann tomó galones desde su primer toque, desde su sedosa calidad para aguantar la pelota y distribuir. Pero ese aire fresco duró poco. Se esfumó en cuanto que Lamine rompió a Matteo Ruggeri un par de veces y Musso hubo de multiplicarse ante los intentos de Fermín y Bernal. A partir de ahí el Atlético fue modificando su nómina (Llorente acabó de centrocampista) hasta competir con cinco defensas, dos pivotes defensivos y un solo punta, el enrachado Alexander Sorloth.

Quedó todo pues, a falta de media hora, en manos de la puntería del Barcelona. No ayudó en esa faena el desacertado Ferran Torres, que sería relevado temprano por el venenoso golpeo de Marcus Rashford. Y Flick terminó por meter a Ronald Araújo de delantero centro cuando restaban todavía 20 minutos para el final. La contrarreloj no entendía ya de equilibrios y con el cansancio causando estragos en el equipo catalán, Lamine Yamal tiró de sus compañeros. La chispa de su escuadrón había desaparecido mas su segundo tiempo resplandeció. Y Pedri resumiría el estado de su colectivo en este punto: desfondado, con más corazón que fuerzas, quiso acabar el minutaje sobre el césped con gallardía. Esa épica muestra de coraje pudo recortar distancias en el 72, en otra acción a balón parado en la que Bernal remató sin marca en el área pequeña -minuto 72-, pero no conseguiría en el desenlace más que centros inocuos y saques de esquina. Un intento postrero desviado de Lamine bajó el telón a un esfuerzo asombroso al que le faltó fuelle, que emociona pero no escribe una página histórica. El Atlético festeja su primera final de Copa en 13 años. Han priorizado este torneo, la opción más cercana de romper la sequía de títulos (no alzan un trofeo desde 2021), y les ha salido bien la jugada.

Ficha técnica

3- Barcelona: Joan García; Cancelo, Gerard Martín, Cubarsí, Koundé (Balde, min. 13/Ronald Araújo, min. 70); Marc Bernal, Pedri; Fermín López (Dani Olmo, min. 64), Raphinha, Lamine Yamal; y Ferran Torres (Rashford, min. 64).
0- Atlético: Musso; Ruggeri, Hancko, Pubill, Marcos Llorente; Koke (Nahuel Molina, min. 58), Johnny Cardoso, Giuliano Simeone (Giménez, min. 76), Lookman (Sorloth, min. 58); Griezmann y Julián Álvarez (Baena, min. 69).
Goles: 1-0, min. 30: Marc Bernal; 2-0, min, 50: Raphinha (penalti); 3-0, min. 72: Marc Bernal.
Árbitro: Ricardo de Burgos Bengoetxea. Amonestó a Dani Olmo, Cancelo, Lamine Yamal y a Baena.
Incidencias: partido correspondiente a la vuelta de las semifinales de la Copa del Rey, disputado en el estadio Camp Nou (Barcelona).

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