Javier Cámara | Jueves 18 de diciembre de 2008
La Navidad es la época de volver a casa, con la familia, con los amigos, a descansar. Supongo que todos recuerdan aquel anuncio de televisión que, con sabor a turrón, decía: “vuelve a casa por Navidad”. Sucede que algunos nos lo están dejando muy claro, quizá demasiado. Es el caso de nuestro ministro de Economía.
Aunque navideños, no son buenos tiempos para Pedro Solbes. Los datos económicos demuestran que poco o nada se está haciendo desde su departamento y la calle es un clamor. Ya, ni la prensa amiga defiende sus tesis.
El presidente del Gobierno ha querido respaldarle, confirmarle y puede que, además, animarle con el anuncio de su continuidad: "Es un gran gestor de las cuentas públicas y va a cumplir con su deber", dijo.
Y digo yo: Llegado el momento ¿cuál es su deber, dimitir o esperar a que lo dimitan? ¿Marcharse dignamente o aceptar ser el cabeza de turco que apechugue con la inacción ante la crisis?
Me van a perdonar, debo ser muy malo, pero es que a mi todo esto me recuerda –utilizando un símil futbolístico– a ese momento en el que todos los aficionados de un equipo, periodistas y jugadores dan por finiquitado a un entrenador. Entonces va el presidente del club y lo confirma. ¿Qué pasa siempre? Que a la semana siguiente se le da la carta de despido.
Mientras, el club busca sustituto y deber de los periodistas es adelantar el nombre. Sebastián parece que pierde fuerza, aunque no es descartable –Zapatero se la debe gorda por el “papelón” de candidato a la alcaldía de Madrid e Industria parece poco pago– y Vegara volvió a negar la mayor por tercera vez, como San Pedro: "No me veo, en absoluto, como ministro en este momento". Si ahora no, ¿cuándo, el año que viene?
Pero volviendo a don Pedro. No es descartable, por el contrario, que sí sean buenos tiempos para el titular de Economía. Cabe la posibilidad de que esté deseando marcharse. Es más, puede que, incluso, no hubiera querido nunca ser el responsable de las cuentas de este país. Por lo menos no en los términos en los que ha estado dirigiendo su tarea al frente del Ministerio, con medidas absurdas e inútiles impuestas “desde arriba”.
Nunca sabremos cuánto de Solbes hubo en nuestro ministro de Economía.
En cualquier caso, no parece que le esté yendo bien. En verdad, resulta que no son buenos tiempos para ninguno de los vicepresidentes. Las actuaciones de María Teresa Fernández de la Vega –otrora acaparadora de informativos, boletines y diarios– se han visto reducidas a su comparecencia de los viernes tras el Consejo de Ministros. Ella misma se ha encargado de descartar la crisis. Ustedes y yo veremos lo que tardamos en cantarles a ambos un “adiós con el corazón”.
Y hablando de volver, y de volver por Navidad, también es posible que los que vuelvan a la mesa del Gobierno, no para la cena navideña, sino de negociación, sean los pistoleros y asesinos mafiosos de ETA. ¡Es que hay algunos que no aprenden! Después de renegar tantas veces de la más que fallida política antiterrorista durante su primera legislatura, sí resulta un “misterio”, y no me refiero al de Belén, que nuestro presidente estuviera pensando volver por esos derroteros.
No sé si vuelven por Navidad, pero algunos vuelven a las andadas. Unos van y otros vienen, como la vida, pero los hay que deberían permanecer: en la cárcel.
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