Sociedad

Cuando las mujeres rurales lideran el cambio en una región empobrecida de la India

(Foto: Fundación "la Caixa").

WORK4PROGRESS

E.I. | Jueves 05 de marzo de 2026

En Bundelkhand, una de las regiones más empobrecidas de Uttar Pradesh (India), cientos de agricultoras han decidido organizarse para mejorar sus condiciones de vida. Gracias a la creación de la Organización de Productoras Agrícolas BASANT, empresa fundada y gestionada íntegramente por mujeres con el apoyo del programa Work4Progress de la Fundación ”la Caixa” y ActionAid India, hoy cuentan con empleo e ingresos estables, y han logrado redefinir su papel en la vida económica y social de la comunidad.

La región rural de Bundelkhand es conocida por los bajos índices de empleo, las remuneraciones precarias y la migración de su población hacia los centros urbanos. «Hace unos años, casi el 70 % de las familias trabajaban en las ciudades», explica Dipali Sharma, directora de Eficacia Organizacional en ActionAid India, «pero, a raíz de la pandemia de COVID-19 de 2020, estas familias se vieron forzadas a regresar a sus aldeas, donde descubrieron que apenas había fuentes de sustento para ellas».

Para las mujeres, el escenario era todavía más complejo. A la pobreza y la falta de oportunidades laborales, se sumaban una movilidad muy limitada, serias dificultades para acceder al mercado e información limitada sobre precios y demanda. «La sociedad de Bundelkhand es altamente feudal y de mentalidad muy patriarcal», advierte Sharma, lo que las situaba en una posición de mayor vulnerabilidad.

Ante esta realidad, ActionAid trabaja junto con las comunidades locales para implementar y adaptar la estrategia de Work4Progress, orientada a la creación de empleo de calidad para mujeres y jóvenes. Financiado por la Fundación ”la Caixa”, este programa se desarrolla no solo en la India, sino también en Mozambique y Colombia.

Work4Progress está basado en la innovación social y parte de una premisa clara: las soluciones solo son viables cuando se diseñan a partir del conocimiento profundo del territorio y se cocrean con las personas que lo habitan. «Si involucramos a las comunidades en todo el proceso, construimos confianza y liderazgo», señala Sharma.

Durante la fase de escucha, las mujeres explicaron a la entidad que «sabían cultivar la tierra o criar cabras y aves, pero no contaban con ningún tipo de recursos», recuerda. A ello se sumaban las dificultades del propio entorno: tierras de baja calidad, una región propensa a la sequía y falta de dinero para comprar semillas, fertilizantes y materiales con los que cercar las parcelas y protegerlas de los animales salvajes.