De forma solemne, desde el palacio de la Moncloa, el presidente del Gobierno pronunció un discurso sermón de carácter institucional para mortificar a Donald Trump y atraer el voto de sus partidos aliados de extrema izquierda, secesionistas y proetarras. A la vez, la eficaz ministra Robles descongestionaba la tensión en la embajada estadounidense en Madrid y ordenaba a nuestra mejor fragata, la Cristobal Colón, que partiera hacia Chipre para sumarse a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
Hasta aquí podríamos llegar. Discurso para que las extremas izquierdas españolas se callen y barco de guerra para participar en la guerra medioriental. Demasiado. Los partidos de extrema izquierda se han dado cuenta del engaño y la alta política estadounidense ha estallado contra Pedro Sánchez con algún aspaviento y varias amenazas que sobraban.
No se puede contentar a todos. Antonio Maura dejó escrito que en ocasiones “la claridad política exige superar las medias tintas”. Pedro Sánchez no puede satisfacer a los del “No a la guerra” y a la vez a los aliados que intervienen en la guerra. Cuando se descubre el engaño se corre el riesgo de irritar a todos. Claro que el presidente del Gobierno español pensará que en los últimos años la política del engaño le ha funcionado de forma eficaz. Y seguramente no le falta razón porque el líder sanchista continúa sentado en la poltrona monclovita. Sin embargo, parece que está en las últimas. Golpeado por varios partidos de la izquierda radical, zarandeado internacionalmente por Donald Trump, Pedro Sánchez no sabe ya donde esconderse. Y no son solo los políticos los que denuncian su doblez. Empresarios e intelectuales multiplican las declaraciones sobre el riesgo que corre España a causa de las contradicciones de un Gobierno en minoría parlamentaria, en mayoría de embustes y todavía sin Presupuestos Generales del Estado.