El Barcelona dio este sábado un acelerón en su persecución del título liguero. Ganó en San Mamés ante un Athletic enrabietado, que compitió con una intensidad corrosiva que duró 90 minutos. En una de las salidas más complicadas que le quedan a su calendario y después de completar un fiasco copero de mucho desgaste, los azulgranas dieron un rotundo golpe cimentado en Joan García y en Lamine Yamal. El primero completó tres paradas de valor gol y el segundo pintó un zurdazo resplandeciente para desnivelar el encuentro. La Catedral asistió a un partido colosal en el que favorito salió a flote por la puntería que les faltó a los locales.
Hansi Flick sabía que el cansancio acumulado le jugaba en contra. Hace cuatro días se vaciaron en la vuelta de las semifinales de la Copa del Rey, donde intentaron remontar el 4-0 encajado en el Metropolitano. Además, como el próximo martes han de visitar St. James' Park en los octavos de final de la Liga de Campeones, el técnico germano dio un respiro a Pedri y a Raphinha. En la previa dejó claro que esta noche debían demostrar su valía los secundarios y le entregó la alternativa a Marc Casadó, que se colocó junto a Marc Bernal y a Dani Olmo en un centro del campo novedoso... que no funcionó. Y en los laterales hubo de colocar a Joao Cancelo y a Eric García, ya que acababan de perder por lesión de Jules Koundé y a Alejandro Balde.
Sin embargo, aunque la plantilla catalana permite sortear las insistentes lesiones, el preparador dejó en el campo a Lamine Yamal. El astro juvenil lo está jugando casi todo porque lo hace todo bien. Limpia las jugadas, genera peligro con su sola presencia y verticaliza los ataques con una precisión de pase asombrosa. En esta ocasión no sería una excepción, su influencia se notó durante todo el minutaje. Eso sí, sus compañeros de línea no le acompañaron en la excelencia. Le costó al Barça amenazar de forma sostenida porque acumularon imprecisiones que les cortaron el ritmo. La ausencia de los creativos titulares (Frenkie de Jong sigue en el dique seco) pesó demasiado antes del descanso y los jugadores en liza padecieron para solventar la presión local. Y es que los rojiblancos mostraron una energía y concentración insólitas en esta temporada. Ernesto Valverde debió de frotarse los ojos al ver a sus muchachos competir como él les demanda en plenitud, casi por vez primera en este curso. Pelearon cada balón con todo, yendo a los duelos con el cuchillo entre los dientes y jugando con una valentía táctica que aceptó el riesgo que conlleva ofrecerle espacios a la ofensiva visitante. Incluso le entregaron al inexperto Adama Boiro el marcaje de Lamine. Se negaron a encerrarse y fueron a la yugular del rival. El plan no tenía dobleces: como sabían del cansancio 'culé', lo apostaron todo a arrasar desde lo físico. Y se remangaron para cumplir, más allá de imprevistos como la preocupante lesión de Unai Gómez.
Sorprendió el Txingurri dando al juvenil Seldon Sánchez la mediapunta, pero los vascos también venían de una exigente derrota copera y Oihan Sancet empezó en el banquillo. Así, con el músculo por bandera (Mikel Jauregizar brilló en este sentido, ocupando mucho campo en un esfuerzo emocionante) se lanzaron a por todas y antes del quinto minuto ya habían robado arriba y chutado tres veces. En ese fogonazo inicial Cancelo casi se marca en propia puerta, ya que despejó mal un centro venenoso de Álex Berenguer y el cuero se fue directo a su travesaño -minuto uno-. Un aviso de Yamal en el sexto minuto, con un centro sublime que acabó en un rechace que salvó in extremis Unai Simón, despertó a sus compañeros, que pasaron a empeñarse en domar el tempo a través de la posesión. Además, aplicaron una presión efectiva que bajó los humos a los vizcaínos, aunque este efecto se esfumaría con rapidez. Pero ese dominio del esférico sólo devendría en un chut alto de Cancelo desde media distancia y un remate de tacón de Ferran Torres, en un córner de Lamine, que se marchó rozando el palo -minuto 43-. Sólo pudieron conectar un tiro a puerta en los primeros 45 minutos. La circulación no era suficientemente rápida y fluida como desequilibrar a una resistencia vasca que priorizó el bloqueo de los pasillos centrales. Dani Olmo se cansó de esperar pases entre líneas y la ausencia de desmarques de ruptura de Marcus Rashford completaría una densidad que dio alas a los valerosos locales.
Parecía como si los pupilos de Valverde (que quizá está viviendo la conclusión de su ciclo triunfal en Bilbao) se quisieran quitar las malas sensaciones que arrastran en esta fecha. Se exprimieron en cada lance y llegarían a poner al líder contra las cuerdas. Al contragolpe, y buscándole la espalda a la zaga azulgrana, comenzaron a lanzar su órdago. Y a partir de la media hora pasaron a combatir con las líneas adelantadas. Por esa vía Jauregizar lo probó desde lejos, Seldon perdonó por timidez un mano a mano ante Joan García -minuto 35-, Iñaki Williams anotó un gol bien anulado por fuera de juego -minuto 42- y Robert Navarro definió sin dirección otro giro delicado del prometedor canterano con genes brasileños, que mostró calidad y personalidad para pedirla, aunque sería relevado en el intermedio para dejar paso a Sancet y a la ofensiva local definitiva.
Atrás estaban solidificados por un Dani Vivian imperial. El central, que por exigencias del guión venía de jugar de lateral diestro, sobresalió al cruce. Fue el comandante de una defensiva que sostuvo el arreón colectivo, con Aymeric Laporte conectado. El zaguero zurdo rindió con solidez y en el 35 le arrebató a Cancelo una posibilidad de remate clara. Con esos argumentos y a pesar de las limitaciones -Nico Williams sumó su quinto partido seguido sin convocar-, el Athletic generó más peligro en la primera mitad y se fue a por la gloria en una reanudación que lució más abierta. Entre otras cosas porque Marc Bernal le dejó su sitio a Pedri. La entrada del genio canario tuvo un impacto inmediato. La pelota comenzó a circular con frenesí y precisión, de modo que Unai Simón tuvo que trabajar. En el 47 voló para repeler un cañonazo de Rashford desde el pico del área y en el 49 vio cómo un centro punzante del inglés y peinado por Pau Cubarsí se iba desviado por poco. Pero los rojiblancos no titubearon. Asumían los riesgos de su propuesta y mantuvieron su libreto, generando un ida y vuelta vibrante, que disparó el listón del espectáculo. De repente tomó forma una guerra de trincheras que consumió la gasolina de todos dejando una factura épica. En resumen, el encuentro correspondió con lo que históricamente ha significado este clásico del fútbol español.
En el toma y daca el Athletic pilló varias veces mal parada a la zaga visitante. En el 53 Sancet inauguró la producción con un chut flojo; en el 57 reclamaron roja a Cubarsí por zancadillear a Iñaki Williams cuando era el último defensor; en el 59 Vivian se disfrazó de extremo para sentar a Eric García y asistir para el remate de Sancet que sacó con un paradón Joan García; y en el 66 los locales no supieron traducir un cinco para tres en peligro real. Como Flick percibió el cariz que estaba tomando la inercia, a falta de media hora recurrió a Robert Lewandowski (recién recuperado), Fermín López y, sobre todo, a Raphinha. La inclusión del brasileño abrió aún más los espacios, al fin proponían los favoritos desmarques en profundidad.
No frenaría el partido en su carácter ingobernable por el orgulloso derroche físico de los 'leones'. Se habían prendido los fuegos artificiales y el más eficaz se llevaría los puntos. Y ahí la calidad decide. Lo intentó Sancet con movimientos que recuerdan su mejor versión, nutriendo contras bien intencionadas a las que les faltó puntería en el último pase y la finalización, pero Lamine Yamal reclamó los focos. En el minuto 68 anotó el único gol de la cita, aprovechando una conducción perfecta de Pedri. El creativo arrancó con lo que le quedaba en la reserva, hipnotizó a toda la zaga oponente y abrió en el momento justo hacia el zurdo, que llegaba sin marca por la derecha. Entonces el astro 'culé' sentó a Boiro y emitió un zurdazo cruzado que se coló tras tocar la madera, cerca de la cruceta del segundo palo. En otra maravilla decisiva. Sin duda, a sus 18 años ya es el referente de su delegación, también en el plano goleador.
Se quedaron los vizcaínos en desventaja a pesar de todo el arrojo puesto sobre la mesa. Bien podrían haberse venido abajo, después de todo lo sufrido en estas semanas, mas refrescaron el ahínco con un pundonor que puso en pie a la tribuna. Si siguen así, certificarán a buen seguro el escaño europeo. Desprovistos del veneno goleador (hecho que ha reducido sus aspiraciones a cazar un billete para la Liga Conferencia), apuraron el tiempo apretando arriba. Imposibilitando que el Barça durmiese el desenlace por medio de la posesión. Flick acabó situando a Eric García en el mediocentro porque no podían apagar el corazón rival y aún así Vivian, Berenguer, Sancet, Robert Navarro y Gorka Guruzeta pudieron firmar las tablas en el tramo final. Con todo, el Barcelona escapó vivo, afianza su liderato y encarrila la candidatura al título. Montado en una inercia de cuatro victorias consecutivas con 11 goles a favor y uno en contra.