Los Lunes de El Imparcial

Ocean Vuong: El emperador de Alegría

Novela

Domingo 08 de marzo de 2026

Traducción de Daniel Saldaña París. Anagrama. Barcelona, 2025. 440 páginas. 22,90 €. Libro electrónico: 11,99 €.

Por José Pazó Espinosa



Hay una rama de la narrativa norteamericana que regenta su sede principal en Nueva Inglaterra, pero que hunde sus raíces en El Quijote. Me refiero a la que produjo en el siglo XX a John Irving, Kennedy Toole, Kurt Vonnegut, Updike, etc. A veces, se ven como hijos rebeldes de Dickens, que lo son, pero a menudo se olvida la filiación de este autor británico con el tronco español, su carácter de relato biográfico de niño o joven sufriente (la picaresca) y los intentos de escapar de la realidad con fantasías autoinfligidas (Cervantes).

Este subgénero y los autores antes citados han solido producir novelas por lo general extensas de corte humorístico, entremezclado con ácida crítica social. Suelen ser obras lineales en su estructura, costumbristas en su decorado, con una lectura amena y divertida. El Quijote, en suma.

Curiosamente, la rama cervantina tuvo tanto éxito en España, si bien la picaresca nos ha seguido ofreciendo frutos variados, que pasan por Pascual Duarte, por citar uno. Juan Benet se quejaba de la discontinuidad de la rama cervantina, y de la ausencia de seguidores. Pero esta reivindicación benetiana se pierde en la más general que formula sobre el estilo. En su opinión, los autores españoles perdieron el gran estilo, para quedarse en la cominería del costumbrismo con una mirada tendente a la miopía.

Además, perdieron el humor. Sin embargo, en los EE. UU., la mirada cervantina, el choque entre realidad y psique personal con una resolución humorística, se ha mantenido, y no hay personaje de peso en novela o película que no viva a gusto en esa brecha interna que existe entre la realidad y el deseo. Uno de los que mejor lo entendió aquí, fue Cernuda en su poesía.

Todo este largo preámbulo sirve para subrayar el hecho de que El emperador de Alegría, la segunda novela del joven autor vietnamita de origen Ocean Vuong, se enmarca en esa tradición. Es un libro extenso, con un protagonista joven, Hai, que vive en ese espacio real e imaginario (como la Mancha), que va de Nueva York a Vermont, pasando por Massachusetts y New Hampshire; la Castilla la Nueva inglesa, en definitiva, la Nueva Inglaterra o New England. Pero, en este caso, Ocean Vuong, al ser un inmigrante vietnamita, vive también entre un pasado asiático que no llegó a conocer bien, y una quasi marginalidad actual que pasa por el fentanilo, el pastilleo, y los trabajos basura en cocinas de restaurantes de comida rápida, repletas de seres igualmente marginales y estrambóticos. Sus posibles salidas en este decorado son tres: la universidad, la escritura o el suicidio. Dos de ellas fracasarán. Quizá por ello, este libro se lee también como una confesión personal de ambición, fracaso y pérdida.

En este sentido, se parece mucho a la conocidísima novela La conjura de los necios del citado Kennedy Toole. Pero Ocean Vuong añade un factor diferencial, que es el ser de familia inmigrante. Nueva Inglaterra ha sido el escenario de los sueños de los jóvenes wasp (white anglosaxon protestant), de sus anhelos y de sus fracasos, pero en esta ocasión lo es de un inmigrante vietnamita.

La novela, en sus agradecimientos, tiene una mención para Zadie Smith, autora de Dientes blancos, novela inmersa en la corriente reseñada, y ahora profesora de escritura creativa en la Universidad de Nueva York. Y no es baladí, ya que la lengua inglesa, sobre todo el inglés USA, está siendo tomado por las voces inmigrantes, creando así una nueva tradición mixta, en la que ojos ligeramente diferentes se enfrentan al mundo y lo interpretan con mecanismos creados por otros.

Así ha sido siempre y así será. Tenemos el caso del argentino Hernán Díaz, quien siguiendo la senda estilística de Cormac McCarthy a pies juntillas, reinterpreta en su interesante novela originalmente en inglés, A lo lejos (Impedimenta) el Oeste Americano, con un viaje inverso, del Oeste hacia el Este.

Ocean Vuong comienza El emperador de Alegría con una premisa usada muchas veces: un joven intenta suicidarse por su sensación personal de total fracaso. Sin embargo, el suicidio se ve frustrado, y Hai es rescatado por una anciana, Grazina, inmigrante lituana, que alterna momentos de lucidez con otros de enajenamiento por su Alzheimer. A su vez, el protagonista, pasa de estados de autoanálisis conscientes a estados alterados de la conciencia por las pastillas que consume.

Esta improbable pareja, Grazina y Hai, similar en algunos supuestos a la que forman Ignatius J. Reilly y Myrna Minkoff en La conjura de los necios, y similar a la de nuestro Quijote y Sancho, se dedicará a crear situaciones hilarantes, que al final son un trasfondo crítico y triste de la dura realidad social, aunque siempre al modo de Nueva Inglaterra, con píldoras de humor.

La voz narrativa de Hai –y la de Ocean Vuong tras él– es afilada y divertida. He aquí algunos ejemplos:

“--En mi país, a casi todos los escritores les dieron las pastillas del silencio.

--¿Del silencio?

– Balas.”

“Para hacer cualquier cosa necesitas dinero, eso lo sabes. Mi marido murió hace ya cinco años, y sigo con deudas por sus dos horas de funeral.”

“Pero ¿a dónde se la llevaban? A un lugar donde se prometía libertad, pero donde estar solo era posible dentro de un espacio igualitario y contenido, armado de muros y candados, en el que una alimentación medida se repartía a diario por los largos pasillos, de manos de personal nacido en un “otra parte” interminable, que renunciaba al cuidado de sus propios hijos para ver envejecer a desconocidos, todo eso para mantenerte de modo que pudieran chupar el dinero de tu cuenta bancaria mientras tú estuvieras calentito, inmovilizado por los calmantes, saciado y aturdido, un cuerpo ya maduro para la cosecha, o demasiado maduro, incluso.”

En definitiva, ejemplos de la realidad actual de Occidente. Realidad que así contada, desde la mezcla de inmigración y tradición, ofrece diversión y crítica, placer y repulsión, en un libro que bien merece una lectura de esas que se imaginan, paciente y algo larga, lecturas que la primavera nos anuncia y con las que el verano nos regala.

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