AL AIRE LIBRE

PABLO IGLESIAS, LÍDER DESTACADO DE LA IZQUIERDA ESPAÑOLA

Luis María ANSON | Miércoles 11 de marzo de 2026
Con el respaldo de cinco millones de ciudadanas y ciudadanos llegó a ser vicepresidente del Gobierno...

Con el respaldo de cinco millones de ciudadanas y ciudadanos llegó a ser vicepresidente del Gobierno. Desembarcó del sanchismo porque las encuestas reducían a cero los siete escaños de Podemos en Madrid. Barrió a las encuestas y se alzó con diez escaños. Sin embargo, decidió dar un paso atrás porque Gabilondo perdió las elecciones frente a Ayuso. No hizo girar las puertas giratorias. No se convirtió en presidente del Museo del Prado ni en presidente del GrupoCorreos ni en consejero de un Banco sanchista. Volvió a su trabajo en la Universidad y en el mundo audiovisual, dando una soberana lección de coherencia política. Con Pablo Iglesias se podrá coincidir o de él se podrá discrepar. Pero la objetividad exige reconocer virtudes esenciales de las que, por cierto, carece una buena parte de la clase política española.

Dedico todos los días minutos largos a TikTok, donde hablan muchos días los principales líderes de la izquierda española. Pablo Iglesias es el mejor, el más razonador, el más coherente, el juicio claro, la opinión certera. Gran orador, cuando habla se merienda con patatas a las finas hierbas a todos sus compañeros de la izquierda.

Me cantan, día tras día, las glosas de Colau, de Rufián, de Maillo, Delgado y Bustinduy, entre otros muchos. Sobre todos ellos destaca Pablo Iglesias, a pesar de mantenerse discretamente en la reserva. Yolanda, que le debía todo, le traicionó con un descaro sin precedentes en la historia democrática española. La apellidaron Díaz Iscariote. Está ahora hundida. Los aspirantes a sucederla en el liderazgo de los partidos zurdos unidos se callan, pero la desdeñan. Son muchos los candidatos a liderar esa izquierda radical española, pero todos saben que el mejor de ellos se ha situado por decisión personal en un segundo plano. Me refiero a Pablo Iglesias. La objetividad exige reconocerlo así, desde posiciones como las mías muy lejanas a su ideología política.