Opinión

El otro feminismo

TRIBUNA

Juan José Vijuesca | Miércoles 11 de marzo de 2026

¿Cuántas clases de feminismo tienen cabida en la sociedad actual? Pregunta que, por más raro que pueda parecer, depende de la palabrería que utilicen los organizadores del tinglado.

En estos momentos, salir a la calle para exigir la igualdad de derechos de las mujeres dice mucho sobre lo que se está reclamando en función del precio del mercado de ocasión. Ya saben, eso de sacar rédito en urnas; y, por supuesto, sin ningún respeto hacia ese otro feminismo acreditado que se mira en los espejos de tantas mujeres sobresalientes a través de la historia que, con escasos apoyos y todo en contra, lucharon frente a las tormentas masculinas durante una época machista y patriarcal en la que los roles de género entre hombres y mujeres estaban establecidos e incluso regulados por ley. No quedaba otra que echarle ovarios al asunto.

Lo que hace invisible al feminismo contemporáneo es una versión distinta. Algunas líderes políticas han asumido la tarea de dividir y prescindir del espíritu con el que hace años se salía a la calle en unión y buena compañía, en aras de la igualdad tan necesaria. Pero claro, hoy en día, para beneficio de algunas y algunos, han creado un caladero de doble sesgo, que no solo modifica el verbo del propósito reivindicativo, sino que también dividen a las mujeres y provoca la separación del feminismo. Por eso, la asistencia a estas marchas está en caída libre.

Disfrazar lo legítimo utilizando el lema “No a la guerra”, ahora desempolvado por Pedro Sánchez, en pos de réditos electoralistas, revela las maniobras torticeras de ese feminismo doctrinario que se refugia en otras causas externas con tal de seguir en el sitial de la buena vida. Así, el Día de la Mujer se transforma en la vocería oficial del Gobierno Sánchez. Práctica esta que nada tiene que ver con el objetivo principal, como lo es el lograr la tan deseada y perseguida igualdad entre hombres y mujeres en todas las áreas sociales.

Con estos mimbres no es nada raro que el feminismo histórico, el de una misma voz de verdad, se haya alejado de este circo mediático, pues su mensaje original se ha perdido en la confusión, la instrumentalización y el sectarismo. Da fe de ello la ministra de Igualdad, Ana Redondo, cuando utiliza ese juego de palabras en celo tan característico del sanchismo: “Las mujeres iraníes antes sufrían con los ayatolás, ahora sufren bajo las bombas”. Y claro, uno se pregunta: ¿Dónde han estado sus señorías en los pasados 47 años, sin salir a la calle para alzar un sonoro “YA BASTA” ante el dolor persistente que Irán causa a las mujeres? Hipocresía en estado puro.

Afortunadamente, hay otras voces. Amelia Valcárcel, feminista de larga trayectoria del PSOE, exmiembro del Consejo de Estado y mujer de contrastado nivel intelectual, quién además no rehúye criticar a los de su partido, ha manifestado que el “No a la guerra” como lema disuasorio es como decir “No al cáncer. La cuestión es qué hacer si la guerra existe”. Y tiene razón, aunque alguien podría defender el reservarse la opción de decidir si quiere ir a la guerra o no, pero, sin embargo, no se puede elegir padecer una enfermedad grave. Por supuesto, pero es que las voluntades propias no esquivan el riesgo que se acumula en los dos casos comparados; quizás debido a que vivimos dentro de un Orden Mundial que decide por nosotros el lugar, la manera, el momento y la razón de los sucesos. En la actualidad, nuestra capacidad de tomar decisiones es casi inexistente, especialmente frente a los grandes problemas que nos amenazan.

Y regreso a la defensa de la mujer, que es lo que me ocupa y preocupa. Como ya cité, por suerte hay otro feminismo, que persigue el no dejarse manipular por grupos sectarios. Ellas tienen la capacidad de representarse a sí mismas sin necesitar doctrinas o identidades falsas. Son esas mujeres que se sienten identificadas con el feminismo histórico, dando veracidad a la recomendación de Mary Wollstonecraft: “Fortalezcan la mente femenina ampliándola, y se acabará la obediencia ciega”.