Opinión

Stephen Hawking

TRIBUNA

José María Méndez | Jueves 12 de marzo de 2026

Helen Keller y Stephen Hawking son sin duda dos señeros ejemplos del coraje de un espíritu pensante, que se abre camino por encima de los obstáculos de un cuerpo que apenas deja un resquicio para comunicarse con el mundo exterior. Hellen Keller era sorda, muda y ciega. Stephen Hawking padeció una esclerosis amiotrófica, que sólo le permitía mover un músculo de la cara para expresarse.

Vaya por delante mi más rendida admiración por la persona de Hawking. Esta declaración previa es necesaria, para dejar claro que la crítica a sus ideas es compatible con el más sincero respeto hacia su persona. De lo que aquí se trata es de analizar las ideas de alguien, con independencia de que su salud física fuese buena o mala.

José Ramón Recuero acaba de publicar un enjundioso libro titulado “Big Bang, Universo y Vida” en Editorial Y griega. En él se detiene con especial atención en la última doctrina de Hawking sobre el origen del universo. Hacia 1970 aceptó, como hizo la gran mayoría de los físicos tras el descubrimiento de la radiación de fondo, lo que se ha venido a llamar “Teoría estándar del Big Bang”: el universo tuvo un principio en el tiempo. Pero luego Hawking cambió de idea y sostuvo que el universo no tuvo principio, pues se ha creado a sí mismo mediante una formidable fluctuación cuántica.

No voy a entrar en el fondo del asunto. Remito al lector interesado a las nueve razonadas observaciones que hace Recuero sobre la absurda tesis de Hawking. Pero la lectura de su libro me ha suscitado esta pregunta: ¿cómo explicar que una mente superdotada como la de Hawking se degradase hasta el punto de terminar exponiendo una tal sarta de inconsecuencias lógicas?

Viene aquí a cuento una escena del “Fausto” de Goethe. Mefistófeles charla con el catedrático Fausto. Un ujier anuncia: un alumno recién llegado a la Universidad quiere hablar con el Dr. Fausto. Mefistófeles aprovecha la ocasión. Prestame tus ropas académicas y así me divertiré un rato con el muchacho. Este se dirige a Mefistófeles creyendo que es Fausto. Busco la verdad apasionadamente, pero no sé por dónde empezar. El consejo del Diablo, que se supone es Mefistófeles, no pudo ser más acertado. Entonces apúntate al Collegium Logicum. Allí te ahormarán la mente, para que no divague por los aires buscando bagatelas.

El rigor matemático no es suficiente para disciplinar la mente. Basta el caso de Hawking para probarlo. Él era un muy competente matemático. Hace falta algo más profundo: la Lógica, como bien dice Mefistófeles. Y sobre todo ahora, en que gracias a Frege y Peano la lógica más elemental de todas, la llamada lógica sentencial ha sido completamente formalizada.

En efecto, esta lógica primaria es enteramente formal. No hace falta que exista un mundo en que las frases -sentencias en inglés- sean verdaderas o falsas. No hace falta exhibir frases concretas. Sea cual sea la frase, será siempre o verdadera o falsa.

Y sólo hay dos opciones, que no admiten término medio. Verum ex integra causa, falsum ex quocumque defectu. Una verdad a medias es una falsedad. Y así se concluye que sólo hay tres tipos de fórmulas lógicas: valideces, consistencias y contradicciones.

En el cálculo lógico sentencial se puede ir siempre para adelante o para atrás, y no aparecen problemas sin solución, como ocurre con los cálculos matemáticos. Es un cálculo completo y decidible, perfecto. En realidad es la chispa divina que hay en nosotros y nos hace semejantes a Dios. Es el Logos de que habla San Juan, que desconocía la materialidad de este cálculo, pero era consciente de su carácter divino. El que lo domina sabe que está ante la Verdad formal absoluta, la cual sostiene cualquier verdad que podamos enunciar luego en cualquier lenguaje ordinario. Por eso su conocimiento es capaz, al menos en teoría, de disciplinar nuestra mente.

En efecto, poseemos ese punto de apoyo para mover el mundo, con que soñaba Arquímedes. Leibniz lo llamaba characteristica universalis. Sabía que existía tal cálculo definitivo y perfecto. Buscó inútilmente esos cuatro maravillosos operadores lógicos, que luego descubrieron Frege y Peano: afirmador-negador, conjuntor, disyuntor inclusivo e implicador. Gracias a eso tenemos ahora ordenadores e inteligencia artificial IA. Asistimos a una revolución intelectual, cuya envergadura sólo es comparable con la invención de la escritura. Y quizá la supere.

Dije antes en teoría, porque en la práctica yo mismo me topé una vez con alguien que me espetó: a mí lo que me gusta es contradecirme. Por otra parte dominar ese cálculo exige un esfuerzo intelectual, que no todo el mundo es capaz de hacer. Con todo, mi convicción es que el estudio honrado de la lógica sentencial formalizada bastaría en principio para disciplinar la mente humana.

Esto es lo que faltó a Hawking, una formación lógica adecuada. Es lo que falta a la gran mayoría de los humanos. Es lo que aconsejo enseñar al niño en cuanto se pueda. La misión de los pedagogos en estos momentos es encontrar cómo hacerlo de manera que un adolescente pueda comprender su contenido. Sin duda captará enseguida lo más importante: existe la verdad absoluta, Por mucho que se multipliquen las argucias en su contra expresadas en lenguaje ordinario, jamás quedará destruida esa verdad absoluta y formalizada. Más bien quedará reforzada. Gracias a la verdad formal absoluta de la lógica sentencial podemos entender a los que al hablar mienten, y a veces consiguen engañarnos. Paradójicamente su mismo éxito al engañarnos anula sus turbios propósitos de destruir la verdad absoluta. Al contrario, la obedecen y confirman. Si se entiende lo que dicen, es que han respetado las reglas de la lógica sentencial.

Así pues, con su conducta todo el mundo admite en su interior que tiene que haber una verdad última e incuestionablemente objetiva, para que luego exista alguna verdad concreta por alguna parte. Esto es así como dos y dos son cuatro, se suele decir. Todos nos comportamos de acuerdo con ese criterio. Para comprobarlo, basta dar a nuestro acreedor tres billetes de cien y decirle ahí tienes los cuatrocientos euros que te debía.

La frase hecha 2+2 = 4 se encuentra en casi todos los idiomas y dialectos. Sin embargo, para que 2+2 = 4 sea verdadero, hace falta que exista un mundo con al menos cuatro individuos. Es una verdad condicionada, por más que nadie dude de

ella. Lo que se trata de enfatizar aquí es que la verdad de la lógica sentencial es completamente incondicionada. No hace falta que exista un mundo para que sea verdadera, como ya se dijo antes. Si Hawking la hubiese estudiado, no hubiera cambiado la razonada Teoría estándar del Big Bang por su estrambótico cataclismo cuántico.

En las última parte de su libro (páginas 294 a 319) Recuero multiplica las citas de científicos, preferentemente actuales, tanto a favor como en contra de que la Creación es obra de Dios. Recuero es ciertamente persona de muchas y provechosas lecturas. Alaba y justifica los argumentos de Eccles, Dyson, Penfield, el español David Jou y otros varios. Y censura y critica con autoridad a los más numerosos autores ateos, o con creencias dudosas como el propio Einstein.

Con todo, llama la atención el silencio del libro sobre el moderno cálculo lógico que debemos a Frege y Peano. No lo menciona siquiera, aunque hace numerosas referencias a los ordenadores y la Inteligencia artificial IA.

En mi opinión, es justo en este terreno de la lógica formalizada donde se puede encontrar el punto del apoyo para mover el mundo con que soñaba Arquímedes. O por lo menos, discurrir sobre tan graves y controvertidas cuestiones con la máxima seriedad intelectual a nuestro alcance.

Dicho de otra manera: como en el caso de Hawking, en la gran mayoría de los científicos, que elucubran y escriben hoy día sobre el tema del origen del cosmos y del hombre, se nota claramente que no han pasado por el Collegium Logicum. Y en consecuencia se les ve el plumero....sus mentes divagan por los aires persiguiendo bagatelas.