Opinión

Existir sensu lato y sensu stricto

TRIBUNA

José María Méndez | Jueves 19 de marzo de 2026

En el diccionario actualizado de la Real Academia de la Lengua RAE consta el sentido de las palabras tal como son usadas en la calle. Lo que de ordinario entiende la gente cuando oye o lee un vocablo suelto o una frase completa.

Pero en multitud de ocasiones tropezamos con sinonimias -varias palabras para una misma cosa- y polisemias -una misma palabra para varias cosas-. La RAE procura evitar con sus aclaraciones los frecuentes malentendidos provocados porque no haya una sola palabra para cada cosa y una sola cosa para cada palabra. O sea, lo que en Lógica se entiende por correspondencia biunívoca.

Esta exigencia de rigurosa precisión al definir lo que denota exactamente una palabra o una frase se ha hecho total y absoluta en los modernos lenguajes artificiales y en la inteligencia artificial IA. Sólo así se consigue que una idea pensada en una mente pase a otra mente igualmente pensante, sin ser deformada en el camino por el uso descuidado e informal del lenguaje.

Por su parte, los filósofos en sus discusiones y escritos han estado siempre obligados a saber de qué están exactamente hablando. Más aún, deben estar seguros de que están hablando de la misma cosa. Justo para no incurrir en equívocas polisemias se ha introducido la distinción entre sensu stricto y sensu lato.

Pasemos pues a la polisemia más antigua en la historia: las dos palabras más básicas en filosofía, existir y ser.

Según lo anterior, una de las dos sobra. Tomemos la drástica solución de usar siempre existir y borrar de nuestro léxico el vocablo ser. Aunque al final podremos comprobar que, si substituimos existir por ser, el significado de todo lo dicho en este artículo queda inalterado.

Con todo, incluso después de comprometernos a usar sólo existir, sigue acechándonos el peligro de la polisemia. La palabra existir tiene dos significaciones bien distintas. En las frases Dios existe y Madrid existe ¿el predicado existe es usado rigurosamente en el mismo sentido? ¿O estamos ante dos sentidos distintos?

Las seculares e interminables polémicas de los filósofos sobre este crucial tema han quedado zanjadas de una vez para siempre con la reciente formalización de la Lógica. Ahora disponemos de la llamada dualidad entre los conceptos de posiblemente existir y necesariamente existir. Esta dualidad se expresa por medio de cuatro igualdades. Primera, posible = no necesario no. Segunda, necesario = no posible no. Tercera, posible no = no necesario. Cuarta, no posible = necesario no.

Si desconocemos la Lógica, como por desgracia es el caso de todo el mundo salvo prueba en contrario, pensaremos que el predicado existe tiene el mismo sentido en ambas frases, Dios existe y Madrid existe.

En efecto, éste es precisamente el sensu lato de la palabra existe. Lo que hay, lo que se da, lo que ocurre o sucede, lo real, lo que podemos ver o tocar. Hallarse según el diccionario de la RAE. O con expresión más técnica, la experiencia empírica.

Pero si tenemos en cuenta la mencionada dualidad entre necesario y posible, diremos que lo correcto es pronunciar o escribir las dos frases así: Dios necesariamente existe y Madrid posiblemente existe.

Usamos entonces el predicado existe en su verdadera significación o sensu stricto. Por supuesto, en sentido lato en la calle oímos tanto Dios existe como Madrid existe. Pero en sentido estricto los dos sujetos de ambas frases no existen de la misma manera. Más aún, en lógica rigurosa las frases Dios existe y Madrid existe no dicen nada. No se sabe a qué tipo de existencia se refieren, si a la posible o a la necesaria. En un lenguaje que pretenda ser filosófico o científico ambas fases están necesitadas del adverbio que las haga pasar del ambiguo sensu lato al exacto sensu stricto.

Quizá nos sorprenda el adverbio posiblemente en la frase Madrid posiblemente existe. Ciertamente no estamos acostumbrados a escucharlo en estas condiciones. Pero el lector es invitado a tener en cuenta que una consistencia lógica, como si llueve, el suelo se moja, existía como tal consistencia lógica antes del Big Bang. Lo mismo que existía también su negación (si llueve, el suelo se moja) eso no. En el Big Bang la primera de las dos consistencias, la positiva, pasó de lo real posible a lo real-actual en nuestro cosmos. Y la segunda o negativa se convirtió en un imposible, so pena de contradicción lógica.

Justo en este paso de lo real-posible a lo real-actual consiste el concepto de existir posiblemente. Antes del Big Bang hubiera podido ocurrir al contrario. Que Madrid exista hoy día como indiscutible cuestión de hecho, no anula la posibilidad lógica antes del Big Bang de que Madrid no hubiera existido nunca. Antes del Big Bang un cosmos sin Madrid era tan factible como un cosmos en que (si llueve, el suelo se moja) eso no fuese una verdad. Justo eso es lo que significa aquí el adverbio posiblemente en la frase Madrid posibiblemente existe

Otra cosa es que la idea de un cosmos sin Madrid ni siquiera nos venga a la cabeza a los que hemos nacido y vivido siempre en esta ciudad. Pero si reflexionamos un momento, eso y sólo eso es lo que nos extraña en la frase correcta en Lógica Madrid posiblemente existe. Como diría Hume con razón al menos en este punto concreto, estamos tan acostumbrados a una determinada idea, que ponerla en duda casi nos parece una contradicción lógica.

Por otra parte, la dualidad lógica entre posible y necesario nos informa igualmente del obligado significado de la frase Dios necesariamente existe. Es una reflexión que invito al lector haga por sí mismo. Si se considera ateo, se verá en el arduo dilema de tener que elegir entre el ateísmo y la lógica formalizada moderna.

En todo caso, queda claro qué deba entenderse por existir sensu lato y existir sensu stricto, que es el título y el motivo de este artículo.

No obstante, viene bien añadir un complemento, que reafirma y extiende lo antes dicho sobre la envergadura y alcance de la dualidad entre posible y necesario. Se trata de la distinción, en cierto modo paralela, entre temporal y eterno.

Definimos temporal por la coimplicación nace puede morir. Abreviamos empezar a existir por nacer y cesar de existir por morir.

Y definimos eterno por no nace no puede morir. Ambas definiciones están conectadas por la validez lógica (A↔ B) ↔ (-A ↔ -B).

Obviamente temporal se corresponde con la noción de posiblemente existir y eterno con necesariamente existir. Salta a la vista la gran proximidad entre los conceptos básicos de existir y tiempo. Dio en el clavo Heidegger al titular su obra más conocida como Sein und Zeit.

Por otra parte, las expresiones poder morir y no morir nunca de hecho no constituyen una contradicción lógica. Al conjuntarlas, se obtiene una consistencia lógica. Lo mismo que, si he comprado un billete de lotería, antes del sorteo me puede tocar es compatible con me puede no tocar.

Surge entonces un tercer concepto, para el que se suele usar el término eviterno. O sea, un ente temporal que nace y puede morir, según su definición, pero que de hecho no muere nunca. En la tradición cristiana es lo que siempre se ha pensado de los los bienaventurados en el cielo.

Este poder no morir no entra en la definición de temporal. Pero es una consistencia lógica, que no forma contradicción con poder sí morir. Como tal consistencia lógica, también puede pasar de lo real-posible a lo real-actual. Se trata de un regalo divino, que puede ser otorgado a un ente que ha sido creado antes como posiblemente existente. También en la tradición cristiana se ha distinguido siempre entre la Creación del ser humano y su posterior Redención.

En conclusión, el trinomio temporal-eterno-eviterno nos ayuda a comprender mejor la más fundamental dualidad posible-necesario.