Traducción de Marta Valdivieso Rodríguez. Lumen. Barcelona, 2026. 368 páginas. 22,90 €. Libro electrónico: 11,99 €.
Por José Pazó Espinosa
Cisnes salvajes es un libro que publicó la autora china, y luego británica, Jung Chang en 1991, hace ya la friolera (sin cuernos) de 45 años. Nacida en 1952 en Yibin de padres activistas comunistas, con 17 años, en 1969, dejó China para irse a Inglaterra a estudiar en la universidad de York. Fue una de las primeras ciudadanas chinas en salir de la república maoísta para estudiar en una universidad occidental. China, en esos años, iniciaba algo que Japón había hecho casi cien años antes, al abrir fronteras en la época Meiji (1875-1914): mandar jóvenes a Occidente, para que se formaran allí y luego volvieran a Japón, para poner en práctica lo aprendido.
La abuela de Jung Chang, una mujer con los “pies vendados”, fue concubina de un general, y sus padres, de clase ilustrada, gozaron de alterna fortuna con el régimen comunista. Primero, recibieron prebendas y cargos oficiales; luego, en la era de Mao, escarnio y ostracismo. Caer en desgracia significaba ser expuesto a la denuncia pública y, en última instancia, a la cárcel o la muerte. Sin embargo, los padres fueron purgados y, aunque el padre, un comunista puritano, murió de forma temprana, su madre llegó a edad muy avanzada, y murió ya con Xi Yinping en el poder.
Jung Chang se casó con un pianista chino Yee, de quien casi no habla en su libro, se divorció y volvió a casarse con un profesor británico de Historia Política especializado en China, Jon Halliday, con quien compartió la autoría de varios libros. La primera obra de Jung Chang en 1991 fue Cisnes salvajes, una biografía familiar de mujeres pertenecientes a tres generaciones: su abuela, su madre y ella.
El libro, con una sutil crítica al régimen maoísta, fue un éxito fuera de China, mientras que en China se convirtió en un libro si no prohibido, sí obliterado. En él, defendía a la última emperatriz de la historia china antigua (vetada por Mao), Cixi, y exponía las arbitrariedades que sobre todo las mujeres de su familia habían sufrido en sus vidas. El libro tuvo un enorme éxito en el mundo anglosajón. Tras él, vinieron otros, escritos al alimón con su marido, entre ellos una popular y polémica biografía de Mao Tsetung
El libro que nos ocupa hoy, Vuelan los cisnes salvajes, es de 2025, mucho posterior. Por el título, es fácil adivinar que se trata de una secuela, una suerte de justificación y explicación del primero. Lo escribió originalmente en inglés, y su título es Fly, wild swans, Volad, cisnes salvajes. Cisnes salvajes es el sobrenombre de Jung Chang, y el título es una velada referencia a su alejamiento de China, de su familia y de lo que ella misma era. Siendo una obra de alta carga histórica, el subtexto relata en realidad cómo una expatriada acaba cortando lazos con su pasado. Y cómo se puede intentar justificar esta amputación de parte de uno mismo.
Vuelan los cisnes salvajes es un libro claro, escrito con frases breves y un ritmo vivo, basado en hechos más que en impresiones, e incluso alejado de lo que muchos entienden por literatura. Es decir, está siempre lejos de cualquier forma de lirismo. Su prosa es simple y no busca perfección alguna, es de fácil lectura, con frases de aliento corto y contenido casi documental. Solo en algunos momentos, especialmente en la última parte, intenta un lirismo que no acaba de casar con el resto de la narración.
En la primera parte del libro, Jung Chang relata su infancia. Habla de su abuela, la concubina que acabó casándose con un médico naturista, de su madre, una mujer fuerte, enérgica, comunista crítica pero sabia en su adaptación a las circunstancias, de su padre, un comunista convencido, puritano en su comportamiento, que acabó siendo repudiado por sus mismos correligionarios, lo que le llevó a una temprana muerte. Su madre continuó con su vida en el partido, pero también vivió el resto de sus días con miedo a la represión.
Jung Chang, el cisne volador, fue una niña de las juventudes comunistas. El partido le dio a los 17 años la oportunidad de estudiar fuera de China, en el Reino Unido. El Reino Unido de la segunda década de los 60 era un lugar efervescente, lleno de música y cultura alternativa, y de alguna manera la suerte estaba echada para Jung Chang. Fue el inicio de una separación que en el libro comienza con una confesión reveladora: “No tardé en hacer “mi mayor descubrimiento”, como escribí a casa y a mis amigos: que los extranjeros no eran marcianos; eran seres humanos, como los chinos”. En ese mundo de “seres humanos”, Jung Chang terminó su tesis y escribió Cisnes salvajes. El libro tuvo tal éxito, sobre todo en el mundo anglosajón, que pudo abandonar la universidad y dedicarse a la escritura en exclusiva. Junto con su marido británico, decidió entonces dedicarse a escribir sobre China, en un sentido histórico y biográfico. Cisnes salvajes no fue prohibido en China, pero sí se desaconsejó su publicación y se prohibió hacer películas o series de televisión sobre él.
De acuerdo con Jung Chang, esa prohibición llega hasta hoy, hasta la China próspera que rivaliza en muchos aspectos de tú a tú con el jefe, con los Estados Unidos, preocupado ahora por intentar mantener ese liderazgo con las campañas en Venezuela e Irán.
La autora, en la última parte del libro, se muestra más cercana de la China insular, de Taiwan, del antiguo partido nacionalista Kuomintang, y de la China no comunista que de la China de Xi Jinping, a la que lanza algunas andanadas. Es ahí cuando se percibe una quiebra en su esencia, como si no quedara claro si ha valido la pena ese largo periplo, a través de culturas, de éxitos y de separaciones.
En su conjunto, el libro deja el amargo regusto de que el Reino Unido no es ya lo que era, y tampoco la China que describe o los Estados Unidos. Incluso la autora se desvanece, y se hace algo invisible como si relatara algo que debiera dolerle, pero ocultara lo que en realidad le duele. ¿Qué es la vida sino un largo camino de traiciones, a pesar del éxito o del fracaso?
Al final, es triste que pesen más las justificaciones que la propia vida, pero por otro lado es el sino de nosotros, los humanos, estemos en un lado u otro del espejo. Como literatura, Vuelan los cisnes salvajes es un libro ligero y simple, al servicio del eterno autoengaño; como testimonio, una lectura muy conveniente para comprender a ese gigante, China, que, de forma silente y discreta, casi humilde, se va colocando poco a poco en un lugar central de nuestras vidas.