Vías de ferrocarril, carreteras, autopistas, presas, pantanos, puertos y aeropuertos exigen tareas de mantenimiento realizadas con seriedad y medios suficientes. Así ha sido hasta la llegada de Pedro Sánchez al poder. Sin Presupuestos Generales del Estado durante tres años, con una política que, en gran manera, aborda los problemas del hoy y olvida los del mañana, la ligereza y falta de previsión se han impuesto en una parte considerable de la Administración pública. Parte de los muertos y heridos no son producto de la mala suerte, el cambio climático o el accidente, sino del mantenimiento inadecuado.
La opinión pública tiene conciencia del deterioro de las infraestructuras españolas porque algunas de ellas son de diaria utilización popular. Por ejemplo, las carreteras. La ausencia de mantenimiento salta a ojos vistas. La Asociación Española de la Carretera (AEC) ha hecho público un informe demoledor, según el cual “la red española se encuentra en el peor momento de su historia”. El Gobierno de Pedro Sánchez ha asistido, sin tomar las medidas pertinentes, a que el 52 por ciento de nuestras carreteras estén muy deterioradas y 33.366 kilómetros (un 32 por ciento del total) en estado de extrema gravedad.
Los ingenieros, según una información de El Español, aseguran que el estado actual de las carreteras españolas causa al menos un millar de accidentes. La política seria consiste en prevenir, no en curar. Y en el tráfico de carreteras y autopistas la previsión exige en primer lugar invertir el dinero necesario y en segundo lugar encargar los trabajos a empresas solventes. Es decir, sobran los amiguetes, los compromisos y las mordidas porque es un hecho que la falta de diligencia está multiplicando los accidentes con muertos, heridos y graves trastornos económicos.
Y no será por falta de avisos. Tanto los medios de comunicación serios, como los usuarios de las carreteras, como los ingenieros expertos alertan todas las semanas de un deterioro creciente y cada vez más alarmante: brechas, fisuras, socavones, firme deteriorado, señalización borrosa, badenes peligrosos y otras muchas anormalidades son percibidas diariamente por los usuarios de la carretera.