Para nosotros los católicos la Semana Santa no es solo un espectáculo de procesiones, saetas y mantillas. Creo que es un periodo de reflexión profunda, sobre todo en estos momentos tan convulsos que nos ha tocado vivir, cuando la vida no parece tener valor para algunos dirigentes mundiales que juegan en el ajedrez de esta tierra, sin importarles lo más mínimo, eso nos parece, lo que nos estamos jugando en este valle que más que nunca es de lágrimas.
Por eso me han impresionado bastante las palabras de Monseñor Satué, obispo de Málaga, y una de las mentes más preclaras de la Iglesia española, que ante el Cristo de Mena, que procesionaba por la calles malacitanas, afirmaba que “la buena muerte no es un adiós, sino la siembra de quien se entrega por los demás para convertirse en vida nueva”.
Es difícil entender las palabras de Monseñor Satué, sobre todo si nos situamos en el mundo materialista de hoy, pero la clave de la reflexión del obispo ha sido darle la vuelta a la imagen de la muerte. En lugar de ver un final en ese cuerpo castigado, nos ha invitado a verlo como una oportunidad. Para Monseñor Satué ese Cristo es una “semilla de resurrección”, o lo que es lo mismo, una seria invitación a la esperanza porque es “el valor de la entrega”, porque nos damos a los demás en estos tiempos tan difíciles, ya que estamos poniendo nuestra propia semilla; porque Cristo es “la luz en la oscuridad”, pues incluso en el silencio más profundo de una despedida o de un momento de crisis, hay una fuerza invisible trabajando para que la vida continúe y porque representa “la sencillez del amor”, porque nos invita a confiar en que lo bueno siempre acaba encontrado su camino.
Insisto en que es una gran reflexión de Satué, porque como apuntábamos antes, precisamente en los momentos de mayor fragilidad o dolor que todos atravesamos, es donde se planta algo nuevo. Unas palabras del obispo muy oportunas, en Jueves Santo, que anticipaban la alegría de la Resurrección que vamos a vivir en esta Pascua, que esperamos y deseamos sea contemplada por esos jugadores de ajedrez como un cierre de partida y que la buena voluntad de los hombres nos traiga la paz.
Por cierto, mi felicitación a Radio Televisión Española por haber transmitido todos los acontecimientos importantes de esta Semana Santa y mi pesar por los desafortunados comentarios de algunos, ex trabajadores de la emisora pública, lamentándose de esas transmisiones “hechas solo para catolicones”- son sus palabras- con procesiones, informaciones en el telediario de los meapilas llevando maderas y llorando en actos de fe, que ni en la época de la Inquisición y que se dedican a beber en estas conmemoraciones”, Perdónalos Señor, porque no saben lo que hacen ni dicen, estos resentidos.
“Feliz Pascua de Resurrección, queridos lectores de El Imparcial”.