Sábado 20 de diciembre de 2008
Empiezan a tomar cuerpo las cifras reales de efectivos con que la administración norteamericana quiere reforzar el contingente en Afganistán. Así, el jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército estadounidense, almirante Michael Mullen, señaló que tienen previsto enviar entre 20.000 y 30.000 militares más a Afganistán a principios verano. Conviene recordar que otro alto mando estadounidense, el general David McKiernan, máximo comandante de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad en Afganistán (ISAF) había solicitado refuerzos para frenar a la insurgencia talibán, muy fuerte en el este y sur del país. De un tiempo a esta parte, los talibanes se han reorganizado y han dado muestras de su capacidad destructiva en multitud de ataques contra tropas de la ISAF.
Con todo, no basta con la mera presencia militar en la zona para asegurar su estabilidad. Desde el Pentágono se apuntaba la necesidad de impulsar el desarrollo económico de Afganistán, uno de los países más pobres del mundo, y de mejorar la eficiencia del Estado afgano. Hacen falta escuelas, hospitales, infraestructuras y un sinfín de cosas. Pero, previamente a todo ello, es imprescindible que haya un mínimo de seguridad para que puedan llevarse a cabo. Esa es precisamente la misión de la ISAF allí. Por más que haya gobiernos como el español que se empeñen en mostrar la misión de las tropas allí destacadas como un paseo militar de amables cooperantes. En absoluto. Afganistán es hoy un germen de estado gracias al contingente que planta cara a diario a la amenaza talibán. Han de darse unas condiciones mínimas de seguridad para que la cooperación internacional pueda abrirse camino. Y esas condiciones sólo las puede garantizar el ejército, el español incluido. El multilateralismo que Obama ha prometido -y que nos conviene a europeos y latinoamericanos- funciona en los dos sentidos: a cambio de escuchar nuestras opiniones y participar en las decisiones, tenemos más responsabilidades y la obligación de contribuir con más tropas. Sería bueno que el señor Moratinos tomara nota.
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