Sábado 20 de diciembre de 2008
El artículo 37 de la Constitución Española reconoce el derecho de los trabajadores a adoptar medidas de conflicto colectivo; o lo que es lo mismo, el derecho de huelga. Ese mismo artículo dispone que habrán de regularse por ley “las garantía precisas para asegurar el funcionamiento de los servicios esenciales”. Dicha “ley de huelga” todavía no ha sido promulgada, durante los 30 años de vigencia de la Carta Magna española actual. Ni un solo gobierno ha tenido el coraje político suficiente para abordar un problema que deja ver su auténtica dimensión cada vez que un colectivo especialmente sensible adopta medidas de presión. A los desmanes de los llamados “piquetes informativos” se suman los abusos de profesionales que toman como rehenes a unos ciudadanos absolutamente indefensos. Es lo que sucede estos días con los pasajeros de Iberia que ven cómo gran parte de sus vuelos sufren retrasos o cancelaciones a causa de una huelga de celo encubierta de sus pilotos.
La compañía aérea española ya ha manifestado el elevado coste -no sólo económico- que le está suponiendo esta situación. Porque, aparte del dinero que Iberia deba destinar a indemnizaciones, horas extras y demás, hay que añadir el lucro cesante que le supondrá la pérdida de confianza de miles de potenciales viajeros, hartos de las veleidades de los pilotos. El colectivo que agrupa a éstos últimos, el SEPLA, se defiende arguyendo que ellos no están en huelga, sino que se limitan a hacer su trabajo, y que si se producen retrasos, el motivo hay que buscarlo en las “carencias técnicas y humanas” de la compañía. Entre tanto, miles de personas que tienen que volar estos días para pasar la Navidad con sus seres queridos no saben si podrán hacerlo. Y es que la irresponsabilidad de algunos les lleva a presionar donde más duele. Arruinarle estas fechas al pasaje de Iberia por parte de un colectivo caprichoso y generosamente remunerado es de todo punto inaceptable. Si hay un conflicto, que lo resuelvan las partes interesadas. Pero que no tomen de rehenes a quienes no tienen ninguna culpa de ello. Y gracias a los cuales, por cierto, pilotos y directivos de Iberia mantienen sus puestos de trabajo.
TEMAS RELACIONADOS: