Opinión

Instrucciones para una boda

TRIBUNA

Luis Bravo | Domingo 12 de abril de 2026

Uno. Si el evento se desarrolla en otra ciudad y usted reside en Madrid, debe atravesar con tiempo de sobra el tumulto y obras de la estación correspondiente desde la que deba partir su tren. En el caso de Chamartín y sus amplias galerías de paneles blancos, puede fijarse que es el mismo tono que el utilizado en los psiquiátricos. ¿Casualidad? Puede dudarlo.

Dos. Si pretende echar una cabezada en el viaje de ida, aunque vale tanto como para el viaje de vuelta, tenga en cuenta que la megafonía que anuncia cada parada goza de una excelente acústica. Los agradecimientos del conductor hacen sentir la pausa —póngase, por ejemplo, con el tren detenido en Valladolid— igual que el recibimiento de Cleopatra a Julio César o a Marco Antonio, todo vítores y loas.

Tres. Si el apartamento u hotel se encuentran a una distancia prudente o excesiva de su punto de llegada, puede ir caminando, tomar un taxi, el autobús o el metro. El cansancio de llevar a cuestas la maleta y el portatrajes no será excusado.

Cuatro. Si viaja con acompañantes con tendencia a normalizar sus rutinas y aficiones independientemente del destino en el que se encuentren —viajantes a la inglesa, podrían llamarse—, dese por jodido, pues estarán acusando el cubrir dichas rutinas y aficiones cada tres cuartos de hora, o cada hora y cuarto, más o menos. Se recomienda paciencia y evitar discusiones.

Cinco. No tema socializar con los lugareños. Sea en una cafetería de especialidad o en un banco del paseo del puerto, si la conversación que lleve resulta del interés del interlocutor accidental, no oponga resistencia: siga su cortesía y muestre un cierto temple incluso para continuar su ruta antes de que pueda arrepentirse y verse cogido por el brazo camino de otro lugar hablando sobre la enfermedad del amor, qué temperatura afecta más a los huesos u otras variantes de achaques y paliques.

Seis. Procure disfrutar de las puestas de sol y las fachadas del casco viejo. Para lo primero, no olvide las gafas y algo de crema protectora. Para lo segundo, no deje de estar pendiente de las gaviotas y su facilidad para aliviarse sobre mesas, toldos y paseantes.

Siete. Si los novios solicitan su presencia para una quedada del tipo ‘preboda’, acuda porque es el ensayo del desenfreno del día siguiente. También por charlar con los protagonistas, ya que una vez casados, no volverán a sentirse tan jóvenes como lo eran unas horas antes.

Ocho. Si el día de la celebración necesita algún detalle para su atuendo o decide comprar un suvenir porque es el único momento libre que encontrará para ese cometido, hágalo, por supuesto, hágalo, ¿a qué demonios está esperando?

Nueve. De camino al lugar donde se realizará la ceremonia oficial, ayuntamiento o iglesia, admire la cantidad de perros y el vapor liviano que se eleva desde la playa hasta los edificios del paseo marítimo. Seguramente encuentre otros invitados y de otras bodas y podrán compartir ese guiño de los que visten elegante por un escenario que invita a la desnudez y a tumbarse a la vera de una cerveza o tinto.

Diez. Si siente un abrume o emoción durante los votos, llore. Los demás estarán en las mismas. No se haga de menos. Cuando oiga los ‘Sí, quiero’ respectivos, aplauda y coree y alégrese, que para algo ha venido a una boda.

Once. Comience a saludar y confraternizar con los invitados, pues quedan muchas horas por delante. Fume un cigarrillo, mastique un chicle o aplíquese un poco de cacao de labios para paliar la ansiedad.

Doce. En el autocar que lo lleve al lugar donde se realizará la ceremonia oficial, palacio o mansión o carpa de bodas al uso, hable de comida y bebidas y recetas con sus cercanos. Mantenga cierta precaución si no recuerda el menú de boda. Las expectativas, ya se sabe.

Trece. Si el tiempo resulta favorecedor, aproveche para sacar las fotos de recuerdo en la terraza y estancias propicias. A partir del cóctel de bienvenida, lo que se pretende como tableau vivant de sutileza y belleza, no deviene sino en desfile felliniano, de su etapa más circense, por supuesto.

Catorce. Saboree el menú. Repita si hay posibilidad. Disfrute de la puesta de sol. Combine la tónica con moderación, pues queda noche todavía. Baile. Cotillee. Beba. Vuelva a bailar. Siga bebiendo. Haga feliz al dj. Cotillee por su aspecto de banquero de Barclays haciendo sus pinitos en la mesa de mezclas. Siga bebiendo, también agua, no lo olvide. Intente la coreografía del No rompas más mi pobre corazón sin miedo al éxito. Exprese su alegría por los novios y sus familiares, todos igual de exultantes que fatigados.

Quince. Sopese si seguir la fiesta una vez se acabe la celebración oficial. De no haber leído las indicaciones en el apartado anterior, el sopor que sienta en esos momentos podrá verse incrementado con creces al día siguiente. Siga su instinto, no obstante. Todas las noches son una noche y otras aplicaciones de sabiduría popular que quieran decirse para vadear la resaca.

Dieciséis. Si no concilia el sueño en el tren de regreso, concédase unos minutos para recapitular lo vivido. Para rebajar de nuevo los excesos de abrume o emoción, piense en el poema de W.H. Auden en el que este se preguntaba cómo expresar exactamente lo que se quiere decir cuando se dice Te amo, aunque no se puede saber exactamente qué se quiere decir. Piense que los recién casados seguirán con esas dudas. Piense y dilucide sobre el amor sin volverlo un conato de resaca. ¿Casualidad? Puede dudarlo.