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Liga de Campeones. El Real Madrid muere con honor en Múnich tras completar un partidazo decidido por el árbitro

(Foto: EFE).

CUARTOS | VUELTA

Diego García | Miércoles 15 de abril de 2026
El equipo de Arbeloa remontó la eliminatoria en un encuentro sensacional, jugado al ataque, pero cayó con el golazo final de Luis Díaz. Doblete de Güler y gol de Mbappé. La discutible expulsión a Camavinga, clave.

Llegó el momento decisivo, la noche en la que el Real Madrid precisó el cariz de una temporada febril, marcada por la injustificable actitud de algunas de sus estrellas, el cambio de entrenador, las lesiones y un explícito agujero creativo en la plantilla. Los merengues se habían impuesto la obligación de remontar al Bayern tras el 1-2 concedido en el Bernabéu, empresa nada sencilla ya que los bávaros están en plena ebullición, con la Bundesliga en el bolsillo (12 puntos de colchón) y la apariencia de haber recobrado el pedigrí arrollador de antaño. Dieron al cara y la talla, compitiendo de verdad, al contragolpe. Pero en los últimos minutos la trabajada utopía se desinfló, con la inexplicable expulsión de Camavinga y el golazo de Luis Díaz que alejó la orilla a un muy buen rendimiento español. Al fin lo dieron todo por la camiseta pero el club todavía espera para firmar una remontada fuera de casa en esta competición. Cuando se enfríe la sensación de injusticia, se caerá en la cuenta que salvo milagro sumarán dos cursos sin grandes títulos. Un hecho inasumible en ninguna esfera de la entidad.

Álvaro Arbeloa, que quizá se estaba jugando su puesto de trabajo en esta fecha, no especuló. Tenía que lidiar con la trascendental baja de Aurelien Tchouaméni y respondió con una apuesta rebosante de ambición. Ajustó a Fede Valverde al rol de mediocentro y acumuló a su alrededor futbolistas de talento. El objetivo pasaba por discutir la posesión y, sobre todo, por superar la ardiente presión rival con más facilidad que hace una semana. Y, claro, priorizó la producción de fútbol porque había que marcar goles... aunque no le quedase otra que recular y correr. De este modo, arriesgó desde su alineación al arrinconar la importancia del equilibrio. Era un todo o nada y el técnico español actuó en consecuencia. Y la fortuna, el misticismo o lo que sea, le entregó premio a las primeras de cambio. Manuel Neuer, MVP en la ida de esta eliminatoria, le regaló a Arda Güler el 0-1 a los 37 segundos. Cometió un error terrible en el pase, estando lejos de su portería, y el turco anotó a placer el tanto que igualó las fuerzas de una manera tan sorprendente como precoz. Y que encendió su partidazo.

Un arranque trepidante para un partido alocado

Pero los alemanes reaccionaron con la solidez que les caracteriza. Funcionan con un automatismo industrial, inasequible a las dudas y que asimila los imprevistos con la seria naturalidad del que cree que puede gobernar cualquier escenario. La cordura estaba de su lado. Presionaron como siempre, reclamaron el monopolio de la posesión (del 70%) y circularon el cuero con rapidez y armonía, hecho que les entrega ocasiones claras por pura lógica. Es por eso que han marcado en todos los encuentros que han jugado en este curso, han batido el récord histórico de goles de la liga local (con todavía cinco jornadas por delante) y llevaban, en este punto, 153 tantos anotados. Su capacidad de generar peligro toma múltiples vías y el balón parado fue la que les devolvió la primacía esta noche. En el sexto minuto Joshua Kimmich puso en vuelo un córner venenoso y Alexandar Pavlovic cabeceó a la red, en el área pequeña. En un error de marcaje impresionante de Trent Alexander-Arnold. No sería el último.

El Madrid había pescado una diana antes de merecerla por el juego y le costó un mundo respirar en lo sucesivo. La frontera de los 20 minutos encontró a los merengues ahogados con balón, incapaces siquiera de concatenar tres o cuatro pases que les permitieran estirarse o buscar una contra. El ritmo inicial de los locales metió a los visitantes en una centrifugadora que subrayó, por enésima vez este año, la ausencia de un centrocampista distribuidor de garantías. Valverde, Güler y Jude Bellingham quisieron liderar pero la realidad es tozuda. Sólo el otomano daría un paso al frente decisivo. En este lapso únicamente un pase al espacio de Vinicius localizó la carrera de Kylian Mbappé, que desaprovechó el oasis por lentitud. Konrad Laimer despejó in extremis y la tribuna volvió a su atmósfera triunfal, aunque los ibéricos descubrieron ahí, en esa maniobra, un salto de página vital. Así, Neuer pudo cicatrizar esa metedura de pata impropia de un portero de 40 años (mas ciertamente familiar en su repertorio).

A pesar de la indigestión descrita, el oficio inyectado por Arbeloa les permitió navegar con el asidero de Eder Militao y de Ferland Mendy, un lateral crucial por su afamado candado que esta vez limitó al fenomenal punzón Michael Olise. Aunque sin ayudas de los mediocampistas todo se complica. Para alimentar los aires de remontada, el madridismo sabía que necesitaría una gran actuación de Andrei Lunin y el meta ucranianio, que empezó con dudas ante el juego aéreo, correspondió con la exigencia en el minuto 27, cuando el genial Kimmich conectó un zurdazo rasante complicado. Además, la hinchada capitalina entendía, con acierto, que iba a hacer falta una buena dosis de puntería. La que no compareció en Chamartín. Y este ingrediente también hizo acto de presencia, pues los españoles festejaron una nueva diana en el minuto 29, cuando Güler se inventó un golazo de falta espectacular. El turco pintó un dardo directo a la escuadra como colofón a una de las escasas transiciones producidas por su delegación hasta entonces. El aura volvía a domeñar a la racionalidad futbolística... hasta que Harry Kane reinstauró el orden. Un chut centrado de Serge Gnabry y otro angulado de Josip Stanisic habían avisado, pasada la media hora, de la inalterable convicción bávara y el goleador inglés, que había estrenado los guantes de Lunin, recibió con comodidad en el área y ajustó un derechazo que se coló en pegado al poste. Con Alexander-Arnold saliendo en la foto una vez más. Sin duda, este es el año del atacante británico, que ya suma 50 tantos y camina a toda velocidad hacia la Bota de Oro.

Los detalles

Sin embargo, esta es la 'Champions League', la competición que peor conjuga las inercias, los favoritismos y los merecimientos. El ajedrez ya había desnudado del todo una esencia más próxima a lo pretendido por Arbeloa, cercana al tiroteo (15 remates totales, ocho a portería, en el primer tiempo), y la verticalidad merengue hizo caja para redondear un primer tiempo de fuegos artificiales. Este quizá era el único encuadre que beneficiaba a los madrileños. En el 40 Brahim encontró un zurdazo que Vinicius estampó en el larguero y en el 42 fue 'Vini' el que hipnotizó a la inmóvil zaga germana y asistió para que Mbappé autografiase un 2-3 efervescente. Así pues, unos y otros se marcharon a vestuarios para tomarse un respiro de la abrasiva intensidad reinante y sólo los visitantes sonreían. Mención aparte mereció la responsabilidad de Valverde, guardando la posición, y de los artistas que se desfondaron en las coberturas defensivas. Su sudor cimentó este triunfo parcial e iba a resultar nuclear para completar la insólita remontada.

Kompany intervino en el camarín e introdujo el frenesí de Alphonso Davies. Ahora era el estratega belga el que arriesgaba y la primera acción del canadiense derivó en un centro atrás y un remate de Luis Díaz repelido al límite por Bellingham. Acto y seguido, una vez más padeció el Madrid a balón parado y Dayot Upamecano perdonó en otro córner lanzado por Kimmich -minuto 48-. Retomó el Bayern la presión elevada y la voluntad agresiva de dominar, si bien los españoles llevaban muchos minutos mejor parapetados. Y en el 54 serían los merengues los autores de su llegada inaugural de la reanudación, con un centro brillante de Alexander-Arnold, una volea propicia de Mbappé y un paradón, a bocajarro, de Neuer. Además, en el 56 Brahim conectó en profundidad con Mbappé, más el punta no supo disparar con éxito. Las cartas estaban sobre la mesa, con los visitantes replegados y dañando a la contra, y los alemanes controlando el cuero en el campo oponente. Ambos técnicos afianzarían ese decorado al dar entrada a Jamal Musiala (suplente al salir de una grave lesión) y a Eduardo Camavinga.

Pero los entrenadores tienen la influencia que tienen, nada más. Ambos conjuntos viajaban al filo y en un par de minutos Alexander-Arnold salvó a los suyos ante Luis Díaz y Vinicius se escapó y chutó desviado. En el 66 fue Fede Valverde el que probó suerte en una transición, en la confirmación de que ya podía volar. Camavinga le guardaría las espaldas... en teoría. Y de inmediato Olise destapó su calidad de golpeo para la estirada de Lunin. Cada oportunidad, dentro del chorro irrefrenable de este espléndido intercambio de golpes, sabía a decisiva y en el 71 Vinicius perdonó una nítida, fabricada por la clase en carrera de Mbappé. La finura en la finalización se había esfumado de forma discreta de las botas madridistas, sobre todo del regateador brasileño, no no estuvo al nivel de Kylian. A continuación, Upamecano volvió a dirigir mal un cabezazo en una acción de estrategia muy clara. El ida y vuelta, fantástico para el aficionado neutral, empezaba a contaminar de cansancio a los visitantes y conduciría hasta el desenlace a golpe de taquicardia, con una diagonal de Olise que bordeó el travesaño.

La pelota no cambiaba de dueño y el partido tampoco se despegaba de la incertidumbre, pues las dos áreas recibían amenaza (al minuto 90 se habían registrado 33 tiros, 14 entre palos). Como en todo el enfrentamiento. En el 85 Antonio Rüdiger rescató a los visitantes en un remate mordido de Kane que se colaba. Y cuando todo se encaminaba a la igualada traca final, Camavinga cometió uno de esos errores que cuestan despidos. En el 87 perdió tiempo, ofreciendo al árbitro una excusa para dejar a su escuadra con un jugador menos y con un rejonazo inesperada que destensó la organización. En una expulsión que puede resultar chocante por la altura de la cita. Entonces le tocó de repente al Madrid sobrevivir, nada más. Sin el peón destinado a ejercer de mediocentro equilibrador. Y en el 89 la lógica terminó por estallar contra la ilusión merengue. Luis Díaz recibió en el pico del área y, con tiempo y comodidad, afiló un latigazo espléndido para sellar el 3-3. Olise puso la guinda en el descuento y marcó la conclusión del curso madridista. Después de esta orgullosa eliminación, sólo les queda penar en LaLiga durante mes y medio. Pagando los pecados (seis victorias en los últimos 13 partidos) que estuvieron a punto de purgar en el Allianz Arena.

Ficha técnica

4- Bayern: Neuer; Konrad Laimer, Jonathan Tah, Upamecano, Stanisic (Davies, min. 46); Pavlovic, Kimmich; Gnabry (Musiala, min. 61), Luis Díaz, Michael Olise; y Harry Kane.
3- Real Madrid: Lunin; Mendy, Rüdiger, Militao, Alexander-Arnold (Pitarch, min. 90); Fede Valverde, Arda Güler (Mastantuono, min. 90), Bellingham, Brahim Díaz (Camavinga, min. 62); Vinicius y Mbappé.
Goles: 0-1, min. 1: Arda Güler; 1-1, min. 6: Pavlovic; 1-2, min. 29: Arda Güler; 2-2, min, 38: Harry Kane; 2-3, min. 43: Mbappé; 3-3, min. 89: Luis Díaz; 4-3, min. 95: Olise.
Árbitro: Slavko Vincic (Eslovenia). Expulsó a Camavinga (min. 86) y a Arda Güler (min. 95) y amonestó a Stanisic, Militao, Vincent Kompany (en la banda) y a Rüdiger.
Incidencias: partido correspondiente a la vuelta de los cuartos de final de la Liga de Campeones, disputado en el Allianz Arena (Múnich, Alemania). Antes del pitido inidial se guardó un minuto de silencio en honor de José Emilio Santamaría, emblema merengue con cuatro Copas de Europa en su palmarés.

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