Opinión

¿Por qué el ser y no la nada?

TRIBUNA

José María Méndez | Sábado 18 de abril de 2026

Heidegger plantea esta pregunta al final de su obra “Qué es la Metafísica”. Y la plantea como si compendiase el interrogante más básico y profundo de la filosofía.

Estaba equivocado. En estricta lógica, antes que el ser y la nada están los dos modi del ser: posible y necesario.

Los medievales conocieron perfectamente la existencia de estos dos modi. Para mayor precisión emplearemos los adverbios posiblemente y necesariamente, aunque
sea más tedioso. Usaron la palabra latina modus (plural modi) para designar las dos variantes que modifican la noción de existir o ser. Al considerarlas como aspectos posteriores o secundarios respecto a existir o ser, cometieron el mismo error que Heidegger. Sin embargo, y como intentaremos probar, los modi son anteriores en pura lógica a la oposición entre el ser y la nada.

Ante todo, evitemos la polisemia más antigua en la historia: las dos palabras estimadas como las más básicas en filosofía, existir y ser. Una de las dos sobra. Tomemos la drástica solución de usar siempre existir y borrar de nuestro léxico el vocablo ser. Aunque al final podremos comprobar que, si substituimos existir por ser, el significado de todo lo dicho en este artículo queda inalterado.

En esencia, lo que vamos a exponer sobre los dos modi coincide con lo ya dicho en un artículo anterior (“Existir sensu lato y sensu estricto”, El Imparcial 19/03/26). Si tenemos en cuenta los modi, la palabra existir es usada sensu stricto. Y si no los tenemos en cuenta, entonces el término existir es empleado sensu lato. Por tanto, sólo varía la perspectiva con que abordamos el mismo tema. Pero la conclusión a que se llega es la misma.

En efecto, si olvidamos los modi, nos parece que en Dios existe y Madrid existe el predicado existe significa lo mismo en ambas frases. Estamos mentando simplemente lo que hay, lo opuesto a inexistencia. Sólo estamos declarando que algo está presente de algún modo ante nosotros.

Las seculares e interminables polémicas de los filósofos sobre esta crucial cuestión han quedado zanjadas de una vez para siempre con la reciente formalización de la Lógica. Ahora disponemos de una formidable herramienta de la que antes se carecía. El cálculo lógico está a nuestro alcance. En concreto, ahora manejamos, y con total seguridad en la notación, la llamada dualidad entre los conceptos de posiblemente existir y necesariamente existir.

Esta dualidad se descompone en cuatro igualdades. Explicitamos el afirmador, pues aquí es decisivo para saber exactamente de qué estamos hablando. Abreviamos necesariamente por Ne y posiblemente por Po.

1ª.- posiblemente existe = no necesariamente no existe. +Po+ = -Ne-
2ª.- necesariamente existe = no posiblemente no existe. +Ne+ = -Po-
3ª.- posiblemente no existe = no necesariamente existe. +Po- = -Ne+
4ª.- no posiblemente existe = necesariamente no existe. -Po+ = +NeEn

En resumen, necesariamente se relaciona con existir de dos maneras. Primera, +Ne+ o Dios ; Segunda, +Ne- o nada absoluta.

Y lo mismo para posiblemente: Primera manera, +Po+ como sucede en el hecho en nuestro mundo +(si llueve, el suelo se moja). Segunda, +Po- o nada relativa en cualquier mundo distinto del nuestro -(si llueve, el suelo se moja).

Las dos ocurrencias del afirmador-negador y el modus en medio forman un bloque. Por ejemplo, al negar -Po+, pasamos de un solo golpe a +Ne-. La dualidad puede ser vista como una doble negación, que deja las cosas como estaban, Pero no una doble negación sin más, sino según un orden estricto y preciso. Leyendo de izquierda a derecha, el primer afirmador-negador opera sobre el modus y el segundo sobre el predicado existe. Y ambas operaciones junto con el intercambio de modus producen las cuatro igualdades de la dualidad.

Hagamos ahora una comprobación, que exige afinar un poco más en la notación. En vez de Ne usamos Θ, y en vez de Po empleamos Π. La expresión Θa significa el individuo a necesariamente existe. La letra a sin más equivale a el individuo a existe. La expresión -a significa el individuo a no existe. Por último, Π-a está por es posible que el individuo a no exista, y su equivalente -Θa está por el individuo a no necesariamente existe.

La comprobación es ésta. Si escribimos Θa → a, ¿valdría también la expresión -a → -Θa? ¿Se cumpliría la validez lógica (A → B) → (-B → -A) ? El resultado de la prueba es positivo según todo lo anterior. Si explicitamos el afirmador, la expresión -Θa se escribe como -Θ+a. Su negación -(-Θ+a) lleva a +Π-a. Pero +Π-a es lo mismo que la expresión de partida -Θ+a. O bien -Θa en la notación habitual con el afirmador implícito. Comprobamos así que (Θa → a)→ (-a → -Θa) se cumple.

Más aún. Dado que -Θa es lo mismo que Π-a, llegamos a esta validez de la lógica modal: -a → Π-a. Es obvio que si a no existe de hecho, entonces es posible que a no exista.

Por otra parte, a → Πa lleva directamente a -Πa → -a. Estas tres fórmulas nos parecen obvias. Son en efecto valideces de la lógica modal.

En conclusión, los dos modi del ser son anteriores en puro rigor a la noción que, tanto a Heidegger como al resto de los filósofos, les ha parecido siempre la más básica y fundamental de todas, existir. El error generalizado ha sido considerar los modi como algo que viene a continuación de existir. Lo correcto es lo contrario. Hay que partir precisamente de los modi.

Añadamos una consideración complementaria sobre el concepto de nada. En su célebre pregunta Heidegger parece referirse a la nada como alternativa a existir en su máxima generalidad, es decir, la nada absoluta, para la que suelo utilizar el neologismo nullitas. No existe nada, absolutamente nada, ni Dios, ni cosmos alguno.

Malamente podría Heidegger invocar la nada absoluta, si él existía como mente pensante. En todo caso, nullitas sería en pura teoría el correlato óntico de una contradicción como +A & -A. Es lo que suelo llamar tercera correspondencia entre ESSE y LOGOS.

En la práctica sólo tiene sentido hablar de nada relativa, o sea, referirse a una consistencia lógica que aún no ha accedido a la existencia, como nuestro mundo antes del Big Bang. O a algo que ha sido real en este mundo, pero ya ha desaparecido, como los dinosaurios. También se entiende el concepto de nada en la frase Fulano no asistió a la reunión u otras parecidas. La famosa pregunta de Heidegger tiene un alcance muy inferior al que él imaginaba.

Los Manuales de Lógica empiezan siempre con la lógica sentencial y sólo más adelante introducen la lógica modal. En lógica sentencial se supone que la afirmación o negación de un predicado respecto a un sujeto es lo que está en directa relación con la palabra existir. Las maneras o modi de existir vendrían después. Incluso se publican libros con el título lógica modal y se los presenta como si se tratase de un tema especializado de la lógica en general y por eso mismo se publican aparte.

A tenor de todo lo antes dicho, más bien habría que empezar un Manual de Lógica por los modi del ser, que hemos simbolizado por Θ y por Π. En vez de la pregunta de Heidegger, más adecuada sería esta otra ¿por qué Θ y Π preceden siempre a la noción de existir?

Por ejemplo, esta precedencia lógica es patente en la proposición la posibilidad de nuestro mundo es condición necesaria para su existencia. Si algo no puede existir, entonces no existe de hecho. Y si existe de hecho, entonces es que podía existir. La fómula (-Πa → -a) ↔ (a → Πa) es también un teorema de lógica modal.

En conclusión, si existe algo posible en algún sentido o de alguna manera, la dualidad nos lleva forzosamente a algo necesario que llamamos Dios.

Desde varias perspectivas y en repetidas ocasiones he sostenido que el moderno cálculo lógico, no sólo valida y confirma el viejo argumento ontológico de San Anselmo, sino que además lo amplía y le da mayor envergadur. La precedencia lógica de los modi respecto a la noción de existir no es más que una nueva variante de la misma opinión.

El ateísmo ha muerto. O más exactamente, se ha convertido en ignorancia de la lógica formalizada moderna. Pero no hay peligro de que el ateísmo desaparezca como realidad social. Si bien los ignorantes mueren, la ignorancia como tal siempre se renueva. Y hasta crece.

Con todo, en el plano teórico de las ideas -el único que aquí nos interesa- es un hecho que el ateísmo ha muerto. Gottlob Frege y Giuseppe Peano fueron los asesinos. Yo me limito a expedir un rutinario certificado de defunción.