Los Lunes de El Imparcial

Camila Sosa Villada: La traición de mi lengua

Autobiografía

Domingo 19 de abril de 2026

Tusquets. Barcelona, 2026. 107 páginas. 18,00 €. Libro electrónico: 12,99 €.

Por Aránzazu Miró



Camila Sosa Villada siempre sorprende, con su escritura, por sus diferentes maneras de afrontarla. La temática es también varia y múltiple, porque habla de resistencia, de familia, de emoción, de relaciones personales, de amor, de escritura, de identidad, pero siempre desde un punto de vista diferente, no sé decir si original o atrevido: es la vida vista desde el travestismo, con todo lo que conlleva de erotismo y cuerpo.

Sí, Camila Sosa nació como Cristian. Y se hizo conocida como escritora con Las Malas (2019), donde explica el proceso de transformación en el travesti que es y sus primeros tiempos de calle y de entorno vital, desde la expulsión de su propia familia al encuentro con el grupo en el parque Sarmiento de Córdoba (Argentina) y el acogimiento en la pensión de la Tía Encarna, esas Malas que se quieren y apoyan tanto entre ellas y que le enseñan lo que es amar y compartir. Sus relatos (Soy una tonta por quererte, 2022) son también muy recomendables, claros y directos, como la novela, aunque narren historias de travestismo que son terribles, pero resultan magníficos.

En el libro que tenemos entre manos, La traición de mi lengua, da una vuelta a todo para explicar sus intereses literarios. Así comienza, con un cambio abrupto de su escritura ligera a una fuerza novedosa, que a mí me ha llevado a su primera obra publicada, en los Marginales de Tusquets, La novia de Sandro (2015), presentado como poesía que es más una prosa poética de reconocimiento al amor, ese que vuelve a aparecer aquí en La traición de mi lengua.

Habla de deseo, pero también, o primero, del de la escritura: «Que mi escritura continúe en la elipsis». Comienza reconociendo que ese interés de cambio en su proceso creativo, que quiere escribir para «hacer de esos saltos en el vacío momentos de escritura tácita, algo que continúa sonando incluso sin instrumentos», y hacerlo desde un nuevo aprendizaje: «hay un arte, algo que me propongo aprender, y es el arte de escribir lo que no se dice. Un mensaje secreto». Así comienza este libro de una escritora adulta y consagrada que busca nuevas formas. Para contar la memoria, para entenderse a sí misma, para homenajear a los que la aman y a los que ama, para reconocer su forma de amar y de utilizar el eros; sí, es muy clara en las formas, también.

Y es este un libro breve, hecho de concisos capítulos que saltan, que va de la escritura, de la niña que fue, del amor que ha perdurado tantos años (Sandro), de la memoria y la desmemoria, del erotismo, del cuerpo, de la reconciliación consigo misma pero también de la traición y del amor, hasta del perdón; de cómo Guignard, Yourcenar, Duras, Mistral, hasta Picasso, han dado voz a esos mismos sentimientos suyos.

Hay mucho sufrimiento en sus textos: «Escribo sobre el erotismo porque soy travesti, y las travestis tenemos los días contados», de la misma forma que se sabe escritora: «Ya pagué el precio, es hora de escribir lo que se me antoje, aunque esto no le guste a nadie».

Sin embargo, «la escritura sin disfraz, la escritura hablada» ocupa sus reflexiones en una primera parte; avanzado el texto, le acucia la memoria, «quiero hacer este poema, el de la noche de la memoria», y olvida un tanto esos afanes de escritura para desgranar sentimientos, en esas piezas cortas en que se adentra en lo insospechable, a partir de esa decisión de que «la identidad era una cárcel».

Es un libro de bravura, escrito con coraje (como todos los suyos) que resulta un grito a la memoria, «el afecto más traidor que existe» y a la traición, «creo que escribir es traicionar». Porque, prosigue, «toda escritora traiciona su intimidad, la intimidad de su familia, de sus amores, de los secretos que exigen silencio, de la justicia humana del silencio». La lengua, que reconoce es un disfraz, como parte de su propia transformación, dirige el texto hacia un final de reconocimiento identitario y de reencuentro con el amor logrado.

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