Pedro Sánchez, incapaz de gobernar por su minoría absoluta, con todas las encuestas augurando el batacazo definitivo del PSOE y, por ende, su salida de La Moncloa, ha decidido centrar todos los esfuerzos del Estado en salvar el pellejo junto a Begoña Gómez, imputada por cuatro graves delitos que podrían condenarla hasta a 24 años de cárcel, según la reciente petición de la acusación popular. Lo que en su día tachó de “ bulo” es ahora una amenaza real y el presidente del Gobierno está dispuesto a todo, a dedicar “los esfuerzos del Estado” en la operación de salvamento. No sólo el juez Peinado está en el objetivo de la Fiscalía y del Tribunal Constitucional. También los Ministerios al unísono trabajan sin descanso en presionar a la justicia y amedrentar a los magistrados que instruyen las muchas causas de corrupción que atañen al Gobierno.
Y, al mismo tiempo, buscan movilizar y agitar a los ciudadanos para impedir la victoria electoral de la derecha. Moncloa ha dado la orden de generar un estruendo mediático y propagandístico para aniquilar al PP. Los ministros se afanan en convertir en fascismo cualquier actividad del partido de Feijóo, como los homenajes a Corina Machado, que se han celebrado en Madrid, donde Díaz Ayuso logró convocar una multitudinaria manifestación en la Puerta del Sol para pedir “libertad y democracia” en Venezuela. Los medios afines intentan tapar los incontables escándalos de corrupción del Gobierno con “el caso Kitchen” de hace más de una década y los pactos del PP con Vox son utilizados como artillería contra la “ultraderecha” que está a punto de gobernar y, según ellos, arrasará con los derechos humanos nada más llegar al poder. La guerra mediática se ha recrudecido más que nunca. Pues el tiempo se acaba.
Pedro Sánchez busca polarizar a la sociedad hasta el límite. Todas sus últimas propuestas tienen ese propósito, como blindar el aborto en la Constitución y la inquietante regularización masiva de los migrantes sean o no delincuentes; incluso ha dado orden a Instituciones Penitenciarias para nacionalizar a toda prisa a los presos extranjeros. Busca así, además del voto de los “nuevos españoles”, el reproche del PP para acusar a Feijóo de machista, racista y, como siempre, de fascista. También su verborrea “pacifista” contra Trump e Israel tiene ese objetivo, que puede servirle para erigirse en el líder “progresista” mundial a costa de los intereses políticos, económicos y hasta militares de España.
Pedro Sánchez no gobierna. Sólo dedica “todos los esfuerzos del Estado” en intentar esquivar sus responsabilidades, para tapar la corrupción que cerca a su mujer, su hermano y medio Gobierno y a él mismo. Unos “esfuerzos” que también pretenden reventar el pacto del PP y Vox en Extremadura, como declaró en su ridícula cumbre progresista en Barcelona. Y, así, ha convertido a España en un campo de batalla para poner en marcha toda la artillería del Gobierno con el objetivo de aniquilar a la Oposición que amenaza su poder.
De ahora hasta 2027 no habrá tregua. Sin ir más lejos, se lleva a la campaña andaluza la guerra de Irán para anunciar en un mitin la propuesta a la UE para romper su asociación con Israel a sabiendas de que nunca se aprobará. No le preocupa estrellarse y hacer el ridículo en el Parlamento europeo. Porque la propaganda sólo busca el voto de la extrema izquierda que se desmorona, precisamente, por haberle apoyado. Y esa es su hoja de ruta. Buscar votos debajo de las piedras. Se trata, sin más, del canto del cisne del peor presidente de la democracia española. Un canto afónico que amenaza la propia democracia.