“La mujer es vana, superficial, egoísta, inferior al hombre en cabeza y corazón. ¿Qué sería de ella si el hombre no la amara? Bestia de carga, nada más”. Esta conocida frase de Sabino Arana refleja con exactitud el pensamiento del presidente del Partido Nacionalista Vasco. Se puede edulcorar su figura, expresar alternativas forzadas, disimular atrocidades. Pero lo que pensaba sobre la mujer lo dejó nítidamente expuesto.
Sorprende por eso que la Fundación Sabino Arana reciba suculentas subvenciones y patrocinios de los ministerios de Cultura y Asuntos Exteriores. Ciertamente, Pedro Sánchez necesitó para la investidura y, necesita para aprobar las leyes, los cinco escaños del PNV en el Congreso de los Diputados. Pero el sanchismo podía buscar otras fórmulas antes que financiar la Fundación Sabino Arana y que le puedan recordar lo que el fundador del PNV pensaba de las mujeres y que nunca rectificó.
La incongruencia es de tal calibre que solo la supera el apoyo político -alcaldía de Pamplona- y el económico a Bildu, el partido orgullosamente heredero de ETA, la banda terrorista que asesinó a docenas de socialistas del PSOE felipista. Todo tiene sus límites. Traspasarlos conduce al descrédito y al ajeno escepticismo. Organizar todo un aparato para beneficiarse del voto de la mujer, proclamando un feminismo irreductible, y financiar luego a la Fundación que ostenta el nombre del político que consideró a la mujer “una bestia de carga, nada más”, robustece ese cinismo elevado al cubo que caracteriza la política del PSOE sanchista.