Opinión

¿Tiene cartas Trump?

TRIBUNA

Jesús Carasa Moreno | Jueves 23 de abril de 2026

He escrito, recientemente, varios artículos sobre la personalidad de Donald Trump y creo que son bastante certeros a la vista de su comportamiento, en los últimos tiempos (días), plagados de atropelladas decisiones.

Tiene prisa, consciente del escaso tiempo que le queda para consumar su propósito, erigir su propia estatua y pasar a la historia como uno de los presidentes más grandes de EE.UU., sino el que más. Por eso se dedica a “solucionar”, atropelladamente, problemas y situaciones que, a su juicio, DEBE resolver para ello. Y a componer su “relato”.

Yo creo que Trump aunque no lo dice, porque su soberbia se lo impide, tiene un modelo al que quiere parecerse o superar,

En sus sesiones de trabajo/espectáculo, en el despacho oval, siempre, sorprendentemente, repleto de colaboradores, vemos, en lugar destacado, un retrato del presidente Reagan, que parece ser su modelo. Trump accedió a la presidencia con el mismo lema que Reagan, “Make America Great Again” (MAGA), hacer grande a América otra vez.

Y es esta pretensión de comparación con Reagan, la que nos muestra el verdadero tamaño de Trump. Porque donde hubo claridad, hay embrollo, donde hubo eficacia, hay torpeza, donde hubo discreción, hay charlatanería, donde hubo finura en el trato, hay bravuconería, donde hubo pocos objetivos, pero vitales, hay muchos. pero anecdóticos, donde hubo prudencia, hay chulería y donde hubo buen humor, hay destemplanza.

Y mucho me temo que donde hubo gran herencia para todos, habrá mucho para pocos y poco para muchos.

Para empezar, Reagan llevó a la Casa Blanca una gran experiencia de servicio público. Fue presidente de California a la que dejó, cumplidos dos mandatos, como uno de los estados más ricos y sin duda, el más emprendedor y avanzado científicamente.

Su política, en la presidencia, fue muy sencilla y fácil de comprender, con actuación decidida y clara en dos campos.

En el económico, sus famosas “Reaganomics” que consistían en una aplicación, firme y continuada, de políticas liberales. Drástica reducción de impuestos, disciplina en el gasto público, desregulación financiera y control de la oferta monetaria.

En el político, trato claro e inquebrantablemente amistoso a todas las naciones democráticas, en lo económico y en lo militar. Especialmente a Europa Fue al muro de Berlín a reclamar, en memorable discurso, su derribo. Regaló misiles a Alemania Occidental para contrarrestar los que la Unión Soviética había instalado en Alemania Oriental. Y, con su total entrega, la hizo fracasar en su bloqueo a Berlín.

Y lo más importante. Un verdadero milagro. Derritió, a base de astucia y buen talante, aquel témpano de hielo que era la URSS. Acabó con la Guerra Fría y toda Europa fue a coger un ladrillo del “Muro de Berlín” derribado.

Lo demás no le interesaba, Lo dejaba en manos de sus colaboradores, que contemplaban sus plácidas siestas, durante las reuniones en La Casa Blanca. La diferencia entre los dos es enorme.

El uno disciplina en la política económica, con esperanza de resultados a medio y largo plazo. El otro jugueteo arancelario, la fórmula mágica, que él cree

haber descubierto, para sacar ventaja, en lo económico, a los demás, de la noche a la mañana.

El uno claridad en lo político y en lo militar, fidelidad a los amigos y conversión de los enemigos en rivales. El otro, amigos por la mañana que pasan, por la tarde, a enemigos mortales. E increible mangoneo del orden internacional, que está creando enemigos a los EE.UU. y haciéndole perder los amigos.

Y como fondo, el espectáculo, increíble si no lo viéramos, transmitido en directo a todo el mundo, el arrullo constante, del coro de aduladores, que hace que Trump se crea sus propias mentiras.

¡Ay, amigo Trump! Me temo que en la partida donde se juega la gloria que tanto deseas… no tienes cartas.