El Barcelona aceleró este sábado hacia el merecido alirón al conquistar la árida plaza de Getafe y abrir una brecha de 11 puntos con respecto al decrépito Real Madrid (con sólo 15 en juego). El vigente campeón de LaLiga afrontó este difícil desplazamiento sin Lamine Yamal (su máximo goleador del curso y principal generador de fútbol ofensivo) y salió victorioso gracias a la fuerza del colectivo, al compromiso de todos los jugadores en el plan de juego. Esa es la receta del éxito, y de la regularidad, del mejor equipo español del año. Juegue quien juegue, todos se aplican como si fueran titulares y la sintonía entre las piezas es total. No habían ganado en el Coliseum desde 2019 y esta tarde rompieron esa mala racha con una victoria que encarrila el título liguero y acerca el sueño dorado de recibir el pasillo merengue en el 'Clásico' del 10 de mayo.
Hansi Flick ya sabía lo que es visitar la cueva de José Bordalás, así que sacó todo su arsenal atacante y añadió un matiz: dio la alternativa a Robert Lewandowski por delante de Ferran Torres. Apostó el estratega germano por el juego aéreo del polaco ante la enorme dificultad que iban a encontrar para definir rutas entre líneas. El libreto de los 'azulones' es de sobra conocido, por lo que el Barça buscó la manera de filtrarse en esa granítica red de ayudas. Aún así les costaría un mundo generar peligro antes del descanso. Les fue imposible imponer su estilo a ese escuadrón madrileño estrecho y corto, que se ha convertido en la tercera mejor defensa por implementar un entramado defensivo sobresaliente. La sobrepoblación del centro taponó los pasillos interiores que tan buen resultado le da a los 'culés' y desde ahí reprodujeron la incomodidad supina que padecen casi todos los clubes que aterrizan en territorio getafense.
La intensidad, la agresividad en los duelos, la pujanza anatómica y la acumulación de faltas locales para cortar el ritmo contaminaron desde temprano el desempeño del favorito. Pedri quiso acelerar las circulaciones pero no había manera de filtrar balones. Y el desequilibrio exterior quedó muy mermado por una ausencia de Lamine que, como es lógico, no supo llenar Roony Bardghji, su relevo de circunstancias (Raphhinha sigue lesionado). Así, los catalanes sólo encontraron filo en la banda que compartieron un entonado Joao Cancelo y el inteligente Fermín López. De hecho, por ese costado llegaron los acercamientos iniciales del choque, con un centro de Pedri y el cabezazo alto de Lewandowski -minuto cuatro-; y con una asistencia al hueco de Fermín y la conducción en transición que Dani Olmo concluyó cruzando demasiado su derechazo.
Los 'azulones' cruzaron el décimo minuto aposentados de verdad y amenazando a través del balón parado. Cedieron la pelota, no les importa, y se afanaron en destruir y en rascar acciones de estrategia. Esa es su identidad, con el excepcional Luis Milla Jr. dirigiendo y con Mauro Arambarri mordiendo y estirando al conjunto con su potencia desaforada. En el 12 se juntaron ambos y Jules Koundé salvó el testarazo propicio del uruguayo. Poco a poco se iría desinflando la personalidad azulgrana, incapaz de herir desde la alegría combinativa que le es característica. Además, casi no registraron desmarques de ruptura, más allá de la intención de Fermín. El orden del Getafe ganaba terreno y llegaba incluso a apilar centros laterales hacia el arco protegido por Joan García. No en vano, hay que viajar hasta la media hora vislumbrar una llegada barcelonesa, con la falta lateral botada por Roony, rematada por Lewandowski y despejada, in extremis, por Djené Dakonam.
Con su zaga de cinco piezas y otros cinco guerreros por delante, los locales pasaron de resistir ordenados a avisar a Joan García. Cada vez más se desempeñaban en un bloque medio bien construido y en el 33 un centro lateral de Juan Iglesias obligó a Gerard Martín a ejecutar un despeje providencial. De inmediato, Luis Milla Jr. pintó un cambio de juego genial, en transición, que encontró solo a Davinchi, en la primera vez que pillaban a la adelantada zaga visitante. Pero el lateral juvenil no supo encontrar sin marca en el área a Martín Satriano. Así navegaba el choque hacia el intermedio, con la posesión en manos de los favoritos (78%) y las áreas vacías de actividad y efervescencia. Por obra y gracia del ilustre tacticismo de un entrenador alicantino que esta vez está llevando su milagro a cotas impensables (tiene a sus muchachos en la sexta plaza, en puestos de competición europea con sólo 28 goles anotados desde agosto).
Sin embargo el Barça, que no había podido desanudar el centro del campo (sólo había fabricado una pared entre Koundé y Roony que éste desperdició dentro del área con un mal disparo), pescó una diana descontextualizada en la última jugada del primer tiempo. La maniobra nació de una emboscada en la que cayó Gavi y un intento de contra local, pero Pau Cubarsí apareció con un corte crucial y el cuero le llegó a Pedri en franquía. El canario, que no está atravesando un momento dulce (no daba una asistencia desde el 7 de marzo, en San Mamés), conectó un pase en profundidad maravilloso facilitado por el desmarque de Fermín, que resolvió con clase la salida de David Soria para inaugurar el marcador y regalar aire a su delegación. Penalizaron el único desajuste 'azulón' y escaparon de la trampa capitalina para allanar la senda hacia el botín que habían ido a buscar a Madrid. En su solitario tiro a portería del acto inicial.
Bordalás no titubeó y reaccionó al golpe en vestuarios dando un volantazo. Deshizo la defensa de cinco para pasar a competir con cuatro zagueros y quitó al naif extremo Veljko Birmancevic (incapaz de entender cómo dañar a la espalda de la zaga rival) para jugar con dos delanteros natos. Así pues, entraron Kiko Femenía y Luis Vázquez y su esquema ganó ambición, adelantando las líneas de manera definitiva. Mas ese riesgo no recibiría los frutos deseados. Todo lo contrario... acabó por subir a Djené a la medular en un intento por suturar las fugas. Los 'culés' se relamieron, con Pedri a la cabeza. Ahora podían hilvanar contras y disfrutar a la carrera. En consecuencia, se incorporaron Marcus Rashford y Frenkie de Jong. Y agujerearon el desempeño oponente por medio de circulaciones rápidas y verticales. En el 52 Cubarsí vio el desmarque de Koundé que se escapó y metió un centro que Dani Olmo malgastó, erosionando los guantes de Soria; en el 63 Rashford centró con calidad una pelota cabeceada por Gerard Martín a los guantes de Soria; y en el minuto 68 Pedri hipnotizó a sus rivales para meter un pase perfecto al espacio que Fermín, tras sentar a su par, finalizó al lateral de la red.
El Getafe sollozaba, imposibilitado para llegar a las ayudas y recobrar el brío. Se habían girado por completo las sensaciones del encuentro. Pero como el fútbol no sabe de inercia ni de merecimientos, en el minuto 74 casi capturaron el empate. Davinchi se inventó un centro formidable de la izquierda, Satriano prolongó el envío y Cubarsí le arrebató el gol a Arambarri en el área pequeña. La grada se vino arriba entonces, mas les duró muy poco. En la siguiente acción buscaron un centro al área a través de un saque de banda largo, el cuero le cayó a Lewandowski en su área y el polaco puso en vuelo a Rashford, que arrasó con una conducción individual atronadora y marcó a placer. Un fogonazo espectacular, una sacudida exótica dentro del guión del partido, susurró las tablas para a continuación rubricar la sentencia. Así de maravilloso es este deporte, que sí premia la fuerza del colectivo.