El Atlético empató este miércoles ante el Arsenal en la ida de las semifinales de la Liga de Campeones. Como jugó en el Metropolitano, parecería que el 1-1 cosechado compitiendo en casa no representa un resultado que permita presumir. Pero la realidad que es esta igualada contiene mucho más jugo, pues los colchoneros le dijeron al coloso inglés que le pueden tutear sin complejos. Es más, cuando aumentaron su ambición e intensidad casi pasan por encima de un conjunto visitante muy disminuido por la larga batalla que están manteniendo con el Manchester City por la corona de la Premier League (llegaban después de haber sumado cuatro derrotas en sus siete encuentros precedentes). Ni la final de Copa del Rey frena a unos capitalinos que se ven capaces de asaltar el Olimpo.
Diego Pablo Simeone y Mikel Arteta son dos entrenadores que estudian este deporte. Y que pretenden usar esa sabiduría para controlar cada aspecto del juego (incluida la altura del césped o sacar el entrenamiento previo hacia el Colegio Valdeluz, en el barrio de El Pilar). Por eso el encuentro respondió a lo augurado: se jugó un choque en el que el respeto y las preocupaciones dominaron, en el que la táctica resplandeció más que la calidad; en el que el orden y la arquitectura defensiva se impusieron a la alegría creativa. Ese era el pelaje pronosticado de esta eliminatoria y el primer capítulo correspondió, con sólo seis remates a portería registrados y con un primer tiempo de nítida coherencia con los libretos de sus entrenadores. Con mucho más sudor y concentración que mordiente. En el que sólo remataron dos veces entre palos y no provocaron más que dos saques de esquina, uno por trinchera. Bajo ese prisma empezaron mejor los locales, combinando con soltura gracias a la indispensable función distribuidora de Julián Álvarez y Antoine Griezmann. En estos meses han reproducido ese rol, para eliminar al Barcelona en cuartos de final, por ejemplo, y en esta fecha ambos bajaron metros para aclarar y dar continuidad. Sin embargo duró poco esa primacía madrileña porque los 'Gunners' comenzaron a imponer su nudo táctico desde temprano. Saben presionar con precisión y su potencia física soporta largos esfuerzos. Asimismo, cuando les toca achicar adoptan una forma granítica. No por nada David Raya ha mantenido su portería a cero en 13 de los 22 partidos jugados en esta 'Champions'. Desde ahí, desde esa solidez, dieron un paso al frente para mandar antes del descanso. Mas no queda ya fulgor en su juego. Las insistentes dolencias (de pilares como Jurrien Timber o Kai Havertz) pesan demasiado.
Martin Odegaard se puso al mando de la ofensiva, aunque el noruego todavía no haya alcanzado la forma física perfecta tras las dos lesiones de rodilla sufridas. Su claridad es fundamental para el funcionamiento ofensivo de su colectivo y a través de su ausencia (y de la de Bukayo Saka, hoy suplente por salir una lesión crucial en el tallón de Aquiles) se comprende el tremendo bajón sufrido por los londinenses en esta primavera. Así pues, sin sus dos grandes estrellas en plenitud, los ingleses comandaron la iniciativa, mas no alcanzaron a herir a un repliegue rojiblanco confiado. La pelota les perteneció pero se llenaba de imprecisiones cuando querían verticalizar. Antes de la media hora sólo inquietaron a Jan Oblak con un desborde y centro de Noni Madueke mal rematado por Piero Hincapie -minuto siete-, una transición dirigida por Viktor Gyokeres y finalizada por Odegaard que taponó providencial Johnny Cardoso -minuto 16- y un centro lateral de Martín Zubimendi cabeceado por Madueke y desviado por Matteo Ruggeri -minuto 23-.
La apuesta de Arteta ofrecía las virtudes y defectos que viene arrastrando, y que les ha conducido a pasar de liderar con puño de hierro la Premier y la Fase Liga de la Liga de Campeones (donde en octubre le metieron un 4-0 a los 'atléticos') a llegar muy justos para defender sus candidaturas. Declan Rice y Zubimendi volaban para robar rápido pero no había traducción vertical. Gabriel Martinelli, otro puntal amainado por las dolencias, no supuso amenaza para un Giuliano Simeone que volvió a ejercer de quinto zaguero y Marc Pubill aguantó el duelo energético con Gyokeres de maravilla. Así, el bloque del 'Cholo' no sufrió ni titubeó ante las prolongadas posesiones rivales. Es más, a punto estuvieron de morder a la contra. En el 15 se incorporó Ruggeri para emitir uno de sus centros venenosos que capturó Julián en la frontal, para fintar y conectar un derechazo que hizo volar a Raya. Era el primer alimento para la pasión de la grada. Y en el minuto 29 volvieron a asociarse los dos protagonistas, en similar factura, con testarazo alto final de 'La Araña'. Con Griezmann hilvanando en la sombra. Actuación descomunal de la leyenda colchonera. Sus 35 años no han deteriorado esa inteligencia y visión de juego chispeantes que le caracterizan.
El minutaje aceleraba hacia el intermedio sin mayores sobresaltos. Todo estaba saliendo según lo planeado por los estrategas, en un ajedrez tenso y amarrado que demuestra que en el fútbol de élite todo vale. Todo cabe para acercarse a la gloria más absoluta, el increíble artificio y frescura del PSG-Bayern en la otra semifinal o este producto industrial de laboratorio. La producción quedó en este segmento limitada al agarrón en el área de Koke a Gabriel Magalhaes, en el solitario córner concedido por los rojiblancos en el acto inicial, y a una diagonal con zurdazo ajustado de Madueke -minuto 31-. Las precauciones estaban triunfando (unos y otros preponderaron calmar el cuero antes que contragolpear con valentía) y sólo los errores parecían disponer del poder para alterar la dinámica. Pero, claro, en este nivel los errores no aparecen por sí solos. Hay que forzarlos. Y el Arsenal fue el primero en cazar por esa vía. Ocurrió al borde del parón, cuando subieron de verdad el ritmo y la presión. El Atlético había empezado a apilar pérdidas en su campo y en el minuto 44 Julián cedió mal una pelota y Zubimendi agradeció el regalo. Trazó una pared rápida con Odegaard y asistió a Gyokeres, que fue derribado en el área por un leve empujón de David Hancko por la espalda. El atacante danés marcó con un trueno pegado al poste.
Esta diana (la tercera del discutido Gyokeres a los madrileños en una competición que la que su cosecha no pasa de cinco tantos) bien pudo suponer un golpe a la mentalización local. Nada más lejos. Haber apeado a Lamine Yamal y compañía y llegado a este ilustre peldaño (que no pisaban desde 2017) ha elevado su convicción a cotas ilusionantes y respondieron con personalidad. El 'Cholo', como siempre decisivo, no esperó e intervino: sentó a un Giuliano en dificultad anatómica, metió a Robin Le Normand para que batallase con el corpulento delantero escandinavo y subió a Marcos Llorente al centro del campo. Y acompañó esos ajustes con una orden directa: se acabó el respeto. Tocó a rebato y sus muchachos obedecieron, desplegando una intensidad que descolocó a los británicos en la reanudación.
Sin la clarividencia de Pablo Barrios es más complicado competir en estas cimas, pero la fuerza del colectivo digiere todo tipo de obstáculos. Subieron líneas e incomodaron la lánguida iniciativa visitante para entregar el timón a Griezmann y a un Julián Álvarez más despierto, que dejó atrás el flácido despliegue previo (en el que se estrelló varios disparos en las piernas del imperial Gabriel Magalhaes por precipitación) y que avisó en el minuto 50 con un lanzamiento de falta desde 25 metros que bordeó la madera. Esa fue la forma que tomó un cambio de mando que no tardó en materializarse en el empate. Con un par de velocidades más y un aumento palpable de la agresividad, los españoles apretaron y recibieron premio. En el minuto 56 una acción de estrategia derivó en la volea de Llorente en la frontal que interrumpió Ben White con la mano. Penalti. Álvarez no pestañeó y igualó el marcador con un cañonazo hipersónico. Su racha no tiene precedentes, ya que ha anotado en todas las eliminatorias (más las semis y final coperas) y suma 10 goles en esta edición del máximo torneo de fútbol. Lo nunca visto en la historia del club.
Y los rojiblancos, dominadores exuberantes a base de corazón y afinados por sus dos atacantes, aceleraron aún más para hacerse merecedores de la remontada. No le faltaron oportunidades. Ademola Lookman dispuso de dos opciones muy claras. Concluyó con sendos disparos centrados, fáciles para David Raya, un par de transiciones virtuosas, con participación decisiva del cerebro de los artistas, de la precisión de Ruggeri y de la potencia incansable del Llorente interior. Se le esfumó la puntería al delantero nigeriano y Griezmann tampoco pudo poner la guinda a su exhibición. En el 53 no alcanzó a embocar un rechace muy prometedor y en el 63 estampó en la cruceta un zurdazo delicado a pase del lateral italiano. Era el momento del Atlético. Incluso Julián intentó un gol olímpico que evitó, in extremis, Raya -minuto 64-. La afamada endeblez mental del Arsenal había tomado la escena.
La defensa hacia adelante de Le Normand y de un Hancko gigantesco estaba apocando a los 'Gunners', por lo que Arteta decidió meter mano. Quemó cuatro cambios casi de una tacada, con los que relevó a su delantera al completo para dar entrada a Leandro Trossard, a Gabriel Jesús y a los tocados Eberechi Eze y Saka. Ninguno de ellos supo ejercer influencia decisiva para desequilibrar a un sistema madrileño que seguía mordiendo arriba y que sólo frenó cuando sobrevino una convulsión: en el 77 se lesionó Álvarez y en el 82 el errático colegiado pito penalti de Hancko sobre Eze. El VAR anuló esta última decisión pero 'La Araña' se tuvo que marchar, en la peor noticia de la fecha. Simeone no contó con Alexander Sorloth y eligió a Álex Baena para sostener el control que habían logrado imponer desde el paso por camarines (acrecentado cuando Odegaard fue relevado). Y en el descuento Nahuel Molina casi desató el éxtasis, con un latigazo que Raya desvió lo justo. Nada altería ya el 1-1, ni siquiera el remate franco de Cristhian Mosquera que detuvo Oblak. Escaparon los londinenses y el Metropolitano echó el cierre en esta 'Champions' con sólo dos derrotas que lamentar. El Emirates decidirá en unos días.