En el artículo “¿Por qué el ser y no la nada?” (El Imparcial 18/04/2026) expuse la idea de que los llamados impropiamente modi del ser son anteriores a la noción misma de existir. Son anteriores de suyo, como diría Zubiri. Heidegger situó su pregunta al final de su obra “¿Qué es la Metafísica?, dando a entender que se trata de la cuestión más capital o profunda de la filosofía. En el presente trabajo se propone una respuesta para esta célebre pregunta de Heidegger, aunque corregida previamente en su redacción.
Empecemos por recordar lo que nos enseñaron sobre la multiplicación de números positivos y negativos. Hay cuatro casos. 1o, + por + = + ; 2o. + por - = - ; 3o. - por + = - ; 4o. - por - = +.
Lo mismo ocurre en lógica con dos ocurrencias seguidas del afirmador- negador. El símbolo + está por afirmar y el símbolo - por negar. El criterio lógico es mismo que el matemático. 1o, + + = + ; 2o, + - = - ; 3o, - + = - ; 4o, - - = +.
Dado que en los casos 1o y 2o el afirmador deja las cosas como estaban, se suprime habitualmente el símbolo + al empezar cualquier fórmula positiva. Parece una pérdida de tiempo escribir +A en vez de A. Aunque se omita el símbolo +, el lector entiende que está implícito. Sin embargo, cuando nos ocupamos de las cuestiones más radicales de la Metafísica, como es nuestro caso ahora, hay que explicitar el afirmador.
Pasemos ahora a la dualidad, que fue el tema fundamental del articulo anteriormente citado. Llamemos trío modal a cualquier combinación de estos tres símbolos seguidos: un primer afirmador-negador, un modus en medio, un segundo afirmador-negador. Y recordemos que el orden entre estos tres símbolos es decisivo.
Vamos a topar con una enorme, mayúscula y trascendental sorpresa. Tanto al afirmar como al negar cualquier trío modal resulta que al final volvemos al primitivo trío modal.
En efecto, afirmemos los cuatro casos de la dualidad, usando Θ por necesario:
1o, + (+Θ+) = + Θ+ ; 2o. + (+ Θ-) = + Θ- ; 3o, + (-Θ+) = -Θ+ ; 4o, + (-Θ-) = -Θ-
El hecho de que afirmar un trío modal deje las cosas como estaban no nos llama la atención, pues nos es familiar este hecho. Lo verdaderamente asombroso es que lo mismo ocurre cuando negamos un trío modal. La operación de negar también deja al final las cosas como estaban.
1o, - (+ Θ+) = - Π- = + Θ+ ; 2o, - (+Θ-) = -Π+ = + Θ- ; 3o, - (-Θ+) = + Π- = -Θ+ ; 4o, + (-Θ-) = + Π+ = -Θ-
Hemos afirmado o negado los tríos modales operando sobre símbolo Θ. Pero lo mismo sucede si afirmamos o negamos sobre el símbolo Π o posible. El lector puede comprobarlo por sí mismo.
Así pues, hemos de concluir que un trío modal es inaccesible o inmutable al afirmador-negador. Sigue igual, tanto si lo afirmamos como si lo negamos. Esta es justamente la esencia de la dualidad y de las ocho igualdades a que da lugar. Negar un trío modal lleva a su equivalente dual. Estamos ante la señal inequívoca de haber dado con la piedra angular sobre la que descansa todo el inmenso edificio del pensamiento o discurso racional. Es la lógica misma la que veta que la verdad de las ocho igualdades que comporta la dualidad pueda ser destruida. En cambio, el ser de que habla Heidegger no es inmune precisamente al afirmador-negador.
Ya lo insinuamos en el artículo anterior, aunque expresado desde otro enfoque. Los modi preceden o son lógicamente anteriores a la idea misma de ser, la noción que erróneamente todos los filósofos, incluido Heidegger, han estimado siempre como la más básica y fundamental de todas en el pensar humano. Estaban equivocados. Son los dos modi los que constituyen el origen absoluto, la piedra angular de la racionalidad.
De todo lo anterior podemos extraer tres consecuencias.
La primera es una respuesta a la pregunta de Heidegger. Tal como él la presenta, su interrogante no tiene sentido. No se sabe de qué está hablando exactamente. La palabra ser es usada en sentido lato y por ende de modo incierto y confuso. Propiamente, ni siquiera se trata de una frase. En estricto rigor lógico no dice nada. Lo mismo que bu bu bi bi bu bu ba ba.
En cambio, la frase se hace perfectamente inteligible, si anteponemos el término necesario a la palabra ser. Para ser más claros, usemos existir en vez de ser. Una vez corregida en su redacción, la pregunta seria ésta: ¿por qué Dios (Ipsum Esse) necesariamente existe y la nada absoluta (nullitas) necesariamente no existe? Entonces la respuesta es inmediata. Si alguien piensa, es obvio que él existe y nullitas necesariamente no existe. Pero el antónimo, por así decir, de nullitas es Dios. Dios necesariamente existe justo porque nullitas necesariamente no existe.
Esta respuesta a Heidegger se puede formalizar: (Θ+a → +a) ↔ (Θ-b → -b). La letra a está por Dios y la letra b por nullitas.
La flecha está subrayada para enfatizar este fundamental aspecto de la cuestión que aquí se ventila. La expresión Θ+a → +a denotaría una verdad a medias: Dios existe. En cambio Θ+a → +a refleja la verdad completa: Dios necesariamente existe. Esta capital distinción también puede exponerse mediante existir sensu lato y sensu stricto. (Cfr El Imparcial 19/03/2026).
Los filósofos de lengua alemana usan profusamente el adjetivo notwendig (necesario) y el concepto Notwendigkeit. Pero ninguno de ellos, ni siquiera Heidegger, alcanzó a captar su exacta envergadura. El ser prevalece sobre su aparente contrario nada. Pero no se dice por qué. Ahora sabemos la razón. Lo vemos claro justo porque hemos colocado la palabra necesariamente antes de la palabra existir.
Desde un punto de vista lógico las dos frases Dios necesariamente existe y nullitas necesariamente no existe deben ser tratadas de la misma manera. De ahí que el coimplicador ↔ esté presente en la fórmula (Θ+a → +a) ↔ (Θ-b → -b).
Reflexionemos un momento sobre el alcance y significación de ↔ en esta fórmula. Consideremos implícito el adverbio necesariamente en las dos frases siguientes, para facilitar su más rápida comprensión. Negar la existencia de Dios equivale a afirmar el absurdo de que existe la nada absoluta. Afirmar la evidencia de que no existe la nada absoluta es lo mismo que afirmar que Dios existe.
Repito. Si el amable lector no duda de su propia existencia, y está seguro de que la nada absoluta o nullitas necesariamente no existe, con la misma rotundidad ha de admitir que Dios necesariamente existe.
La segunda consecuencia se refiere a la conexión entre Dios como Ipsum Esse y su poder creador de entes contingentes. Ipsum Esse quiere decir que no se ha recibido la existencia de nada o de nadie, y que por tanto no se puede dejar de existir. Pero no queda claro cuál sea la conexión lógica entre Ipsum Esse y el poder creador de Dios.
Por supuesto las dos nociones han ido siempre juntas en la tradición cristiana. Pero se las ha unido siempre de modo externo, forzado o artificial por así decir. Nunca en la forma en que los conceptos de necesario y posible aparecen ligados por noción misma de dualidad en el moderno cálculo lógico. Y sólo por la dualidad. Por ejemplo, el implicador no funciona en la expresión Θa → Πa. Llevaría al absurdo -Πa → -Θa → Π-a. O sea, la dualidad consigo mismo del símbolo Π.
La tercera consecuencia se refiere a la conexión entre los tres modi del ser -necesario, posible, nullitas- y los tres tipos de fórmulas lógicas -validez, consistencia, contradicción-. Ya sabemos que validez lógica y Ser necesario se coimplican lo mismo que se coimplican contradicción y nullitas o nada absoluta.
Sólo quedaría añadir que la conexión entre posible en el reino del ESSE y consistente en el reino del LOGOS es doble. La negación de una consistencia es otra consistencia. Como meras consistencias ambas son igualmente posibles en principio. Posible sí se corresponde con +consistencia. Posible no se corresponde con -consistencia. Pero la situación cambia drásticamente, si una de las dos consistencias pasa ex potentia ad actum, como decían los medievales. La otra se hace contradictoria.
Por ejemplo, la consistencia positiva +(si llueve, el se se moja) ha pasado en nuestro mundo de real-posible a real-actual. Por tanto la correspondiente consistencia negativa -(si llueve, el suelo de moja) no puede hacerse actual en algún otro mundo distinto del nuestro, so pena de contradicción. Todos los mundos, da igual si meramente posibles o actuales, caen bajo la misma y única lógica.
Con todo, posible sí y posible no pueden ir juntos ocasionalmente y sin dar lugar a una contradicción, como por ejemplo en un billete de lotería antes del sorteo. Pero estas situaciones son transitorias. En el sorteo se vuelve a la solución final del suelo y la lluvia antes citada.