Los Lunes de El Imparcial

Najat El Hachmi: La cazadora de cuerpos

Novela

Lunes 04 de mayo de 2026

Destino. Barcelona, 2026. 176 páginas. 20,90 €. Libro electrónico: 10, 99 €.

Por Soledad Garaizábal



La escritora de origen marroquí Najat El Hachmi (Nador, 1979), que ganó el Premio Nadal en 2021 con su obra El lunes nos querrán, publica con la editorial Destino una nueva versión de la novela La cazadora de cuerpos, que escribió en 2011 y ha sido ahora completamente reeditada por su autora. Subtitulada como o la ansiedad del deseo, la obra se publicita como una exploración “del cuerpo y el deseo femeninos con todas sus contradicciones” y se centra en las experiencias sexuales de una joven mujer.

Esta joven trabaja como limpiadora en una fábrica, en turno de noche, y muestra con respecto al sexo una actitud bastante compulsiva y apremiante. Colecciona amantes ocasionales; el chino, el etéreo, el marroquí, el argentino, el libanés, el casado, el punyabí… y así un largo etcétera de hombres con los que se relaciona intentando siempre no establecer lazos afectivos.

La protagonista no quiere encontrar amor ni ternura, sino dominio, intensidad, libertad y control. Está a la caza de constantes nuevas experiencias, a través de las cuales pueda ella conocerse mejor y saber qué es exactamente lo que anda buscando, aunque, tal vez, este coleccionismo amatorio no sea más que una forma de huir de sí misma.

Las cosas empiezan a cambiar cuando comienza a trabajar en una casa particular, limpiando el piso de un escritor maduro. Arranca la novela con la descripción de su tarea allí, y la autora juega con la “erotización” de la descripción de su cuerpo y sus movimientos mientras limpia la casa del escritor.

“Estoy en el suelo de la cocina, a cuatro patas, las rodillas dentro de los pantalones, molestan. (…) Con la boca entreabierta acelero la respiración sin darme cuenta hasta que se convierte en un jadeo suave. (...) El movimiento de todo mi cuerpo es de atrás a adelante y con un movimiento imperceptible de la presión contra el suelo en cada embestida (…) Arqueo las nalgas, la cintura desciende y la musculatura firme de la espalda se dibuja bajo la piel (...) Adelante y atrás, adelante y atrás, entregándome por completo hasta que acabo y me siento sobre los talones.”

Esta sensualidad que imprime artificialmente a las tareas de limpieza, esa concepción de su propio cuerpo como arma sexual, se desarrolla a la vez que ella dirige diálogos mudos a su empleador, y le va narrando en silencio todas esas experiencias que acumula con otros hombres. “¿Ha escuchado todo esto que le estoy contando mientras le limpio el baño?”.

Sin embargo, con él es todo distinto. La distancia que siempre quiso mantener con sus amantes ocasionales empieza a ser demasiada cuando comparte estancia con el dueño de la casa que limpia; “Tenerlo tan cerca y que no quiera invadirme es una experiencia nueva”.

En la novela resulta realmente curioso esta extraña relación que la autora establece entre la erótica de las tareas de limpieza y el deseo sexual: “Cuando limpio debe de parecerle que me muevo como en el sexo, y más aún con todas esas salpicaduras. Es porque cuando limpio, como cuando follo, pongo en ello todo el cuerpo, estoy toda yo presente y me noto entera”.

Sin embargo, El Hachmi articula un erotismo frío, de encuentros breves en los que lo que parece importar es la lucha por el dominio o la sumisión, la cesión o la conquista, todo ello descrito en un tono narrativo intencionadamente distante.

Utilizando un lenguaje directo y frecuentemente vulgar, la narración avanza mediante frases que, en su mayoría, no van más allá de las descripciones de los cuerpos y sus movimientos, en un relato bastante insípido, a pesar de la temática y el tono, sin que el lector llegue a conectar, excitarse o vincularse a la historia, que resulta artificial y demasiado ajena.

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