No pudo ser. El Atlético cayó este martes en la vuelta de las semifinales de la Liga de Campeones, se quedó en la orilla en Londres tras jugar con el Arsenal a penalizar los errores. Salieron victoriosos los ingleses, por puntería y por un arbitraje muy casero (de pelaje propio de otro siglo) y polémico que llena de indignación a un cuadro español que compitió siguiendo el plan de la ida, aunque esta vez el segundo tiempo no fue tan volcánico y la jugada no les saldría bien. Además, la lesión de Julián Álvarez antes del desenlace supuso un freno al arreón ideado y el sueño se fue desinflando poco a poco hasta una conclusión que dio carpetazo a una temporada muy ilusionante... que se ha quedado sin cosecha. Los 'Gunners', muy poderosos en el Emirates Stadium (23 triunfos en 29 partidos jugados en casa este curso), festejan el acceso a la final, un peldaño que no pisaban desde 2006 y que experimentarán sólo por segunda vez en la historia del club.
Diego Pablo Simeone tomó nota de lo ocurrido hace una semana, cuando arrasaron tras el paso por vestuarios, y extrajo un aprendizaje: Marcos Llorente debía ser alineado en el centro del campo y Marc Pubill, en el lateral diestro. Esa fue la única variante expuesta en un desafío para el que sus muchachos llegaban más descansados, pues rotó en Valencia el pasado fin de semana mientras que los locales debieron competir con todo para defender el liderato de la Premier League. Con la nómina definida, sólo faltaba por comprobar el estado del tobillo de 'La Araña', dañando en el primer capítulo de esta eliminatoria. Y en un comienzo pareció haber sanado bien, pues el argentino y Antoine Griezmann volvieron a ligar jugadas entre líneas, como parte fundamental de una propuesta colchonera con mayor personalidad. Esta vez no se encerraron y demostraron carácter táctico, apagando el presumible prólogo frenético londinense. Es más, suya sería la primera ocasión, en un pelotazo de Jan Oblak que derivó en la conexión de 'Grizi' con Giuliano, el centro de éste y el remate desviado de Julián -minuto ocho-. Y en el 11 los dos magos se asociaron y provocaron un despeje apurado de David Raya que Giuliano no embocó por el cruce in extremis del espléndido Declan Rice. El interior local rindió a la perfección como pivote, capturando cada balón dividido e iniciando el juego en la base de la jugada.
Si algo caracteriza al Arsenal, en esta versión disminuida de 2026, es su pragmatismo. Más aún si Martin Odegaard está tocado (y lo estaba, por eso fue suplente). Ha dejado atrás la explosividad y alegría de su ofensiva para centrarse en la solidez de su defensa. Y sobre esa base, la construcción de una de las defensas más seguras de Europa, desarrolla un planteamiento en el que arriesgar está casi prohibido. Con esas precauciones ha llegado hasta aquí, sin haber perdido todavía en esta competición, y se plantó en el Emirates, con una posesión horizontal que casi no dañó a los españoles. La zaga de cinco piezas del 'Cholo' (Giuliano volvió a ejercer de carrilero diestro en el achique) se apoyó en la marca del fenomenal Koke sobre Eberechi Eze en la mediapunta y en la pujanza de Marcos Llorente para subir las líneas. Con ese orden le bastó para echar el candado sobre un arco protegido por Oblak que no recibió amenaza antes del minuto 20 más allá de la influencia de Bukayo Saka y de un par de disparos altos y lejanos de Riccardo Calafiori y Gabriel Magalhaes.
La recuperación del diamante inglés es básica para que los londinenses puedan sostener sus aspiraciones hasta final de mes. Su capacidad de desborde inquieta a cualquiera y amaneció en la eliminatoria en esta fecha, aunque aparecería a cuentagotas por la extraordinaria labor de Matteo Ruggeri y las ayudas comandadas por Ademola Lookman. Por su perfil generaron esas llegadas inaugurales y el propio Saka marró una volea nítida en el balón parado local -minuto 18-. La realidad es que se volvían a cumplir los augurios que aventuraban una semifinal igualada, táctica y de visión áspera. Esta noche se reprodujo una copia muy fiel del primer tiempo jugado en el Metropolitano el pasado miércoles: conservadurismo, tensión posicional, físico y pases intrascendentes por doquier. Los porteros no tuvieron demasiado trabajo, en consecuencia. Y sólo los errores activaban las burbujas ofensivas, como en el 25, cuando Rice se desplegó y forzó un córner lanzado en corto, en el que Myles Lewis-Skelly (titular en detrimento de Martín Zubimendi en el mediocentro, para buscar más vértigo) metió un centro peligroso que no localizó finalización; o en el 29, cuando Marcos Llorente amortizó una imprecisión para trazar una galopada larga que culminó con un buen centro al que también le faltó rematador. La banda del todocampista madrileño y de Giuliano se destacó como la más atinada para ejecutar saltos de página. Lookman, en el otro costado, nunca superaría a Ben White. No tuvo su día el nigeriano.
En esa densidad avanzaba el minutaje, desprovisto de vibraciones. Los entrenadores gobernaban el juego desde el libreto, con lo que eso significa para el espectáculo del fútbol. Los amarres tácticos, las obligaciones defensivas, ganaban la partida a la soltura creativa, con David Hancko como mejor visitante (excepcional corrigiendo). Sin embargo, pasada la media hora perdió la primacía posicional un Atlético que pasó de incomodar en el bloque medio a ceder metros en su repliegue, hecho aprovechado por los ingleses para subir su ambición. Hasta entonces su hoja de ruta había pasado sólo por los balones directos hacia el corpachón de Viktor Gyokeres (en bello cuerpeo con Robin Le Normand) y las segundas jugadas que bien pudiera generar el tanque sueco, pero en este punto previo al descanso bajaron el cuero al césped y encontraron grietas en el muro rival. Y los colchoneros perdieron valentía para responder.
La primera circulación sostenida y con intención de los locales arribó en el minuto 33, con asociaciones de lado a lado y un centro mordido que detuvo Oblak. A partir de ahí los ingleses elevaron su intensidad en todos los aspectos (duelos, balones divididos, ritmo de pase, verticalización). Sobrevino el Arsenal que había goleado el sábado al Fulham y que rememoró a aquel que le metió 4-0 al Atlético en octubre. Con ese brío descontextualizado pasó a recuperar rápido y a combinar con veneno, como en el minuto 35, cuando la fluidez desembocó en el desborde interior de Leandro Torssard (acierto total de Arteta en su titularidad, por puro desequilibrio en estático, en lugar de Gabriel Martinelli) y el chut de Rice desviado a córner por Hancko. Acto y seguido, el motor británico volvía a estrellar un chut en un zaguero español y en el minuto 42 Ruggeri salvaría a los suyos al anular, al límite, una circulación coral oponente, al primer toque entre líneas y directa hacia el área. El fogonazo no cesaba y los rojiblancos achicaban como podían, añorando llegar intactos al intermedio. Mas no lo lograron, pues en el minuto 44 William Saliba se inventó un pase a la espalda, hacia el desmarque de Gyokeres, que se escapó y centró hacia el segundo poste. Trossard recibió el cuero en el pico del área, congeló la acción para emitir un misil rasante que se coló en un bosque de pies y al que Oblak reaccionó con un paradón de reflejos, pero Saka estuvo atento y embocó el rechace. El único desajuste de la defensiva del 'Cholo' le costó un gol que a la postre valdría el billete para la final.
Con ese rejonazo a cuestas, y sin haber rematado a portería en todo el primer acto, llegaron los rojiblancos al camarín. Como en la ida, a pesar de la sensación de control les volvían a anotar justo antes del parón y quedaban obligados a remontar. Entonces no les quedó otra que evidenciar la consistencia competitiva con la que habían eliminado al Barcelona dos veces (en Copa del Rey y en 'Champions'). Sin margen, era el momento de ir a por todo con gallardía. Como hace una semana. Esa era la orden y los jugadores visitantes cumplieron con su cometido. Y volvieron a hacer tambalear a un Arsenal limitado, incapaz de domar el tempo por medio de la posesión. Con el extraordinario Pubill y Ruggeri ahora sí incorporándose al ataque (el italiano, sin marca por la desidia de Saka), los colchoneros tutearon al coloso y rozaron el premio. Sólo les faltó la bendita contundencia en el remate. En el 47 una circulación privilegiada dio paso al giro de juego de Julián, el centro espinoso y el despeje acuciado de la zaga inglesa; en el 51 un pase largo de Koke y una cesión grotesca de Saka devino en el regate de Giuliano a Raya que el argentino no supo definir (le faltó técnica para rematar con la izquierda a portería vacía y Magalhaes consiguió forcejear lo justo para despejar); en el minuto 52 lo probó Pubill con un latigazo desde media distancia; y en el 56 ocurrió el punto de inflexión. La jugada definitoria. Griezmann encañonó a Raya, que respondió bien pero el rebote no fue despejado por Gabriel y Calafiori hizo penalti sobre 'Grizi'.
El colegiado pitó una falta previa muy polémica (por inexistente) de Pubill a Gabriel y obvió el penalti posterior. Pero segundos después el VAR estudió un posible penalti... Extraño si toda la jugada había sido anulada por falta previa. El entuerto estaba servido y se resolvió barriendo para los de casa, sin contemplaciones, como en el penalti de Calafiori a Giualiano que se quedó en el limbo por un fuera de juego 'fantasma'. Ni el árbitro fue a revisar la jugada a la pantalla ni quedó aclarado en qué consistió la revisión del penalti notificada. Porque el pisotón del lateral transalpino sobre Griezmann era palmario. Sea como fuere, el partido se había roto y le sentaba mejor a un Atlético que añadió más madera con el triple cambio que introdujo a Johnny Cardoso, Nahuel Molina y Alexander Sorloth, a falta de media hora. El 'Cholo' dibujó el asedio postrero que acercaba la remontada con casi todo su arsenal... pero la fortuna se le atravesó. El tobillo de Julián Álvarez dijo basta. 'El Pupas' añadió otra muesca a su interminable via crucis. Sólo 10 minutos después del órdago tuvo que retirar su estrella. Y también se marchó un Griezmann de fuelle agotado y emocionante esfuerzo defensivo. El reto se transformó de repente casi en una utopía, con Álex Baena y Thiago Almada a los mandos.
Hasta ahí llegaría el peligro generado en el arco de Raya, aunque los visitantes pelearon hasta el final, buscando en largo y con centros laterales a Sorloth. Mas Gabriel Magalhaes se pegó al noruego y amortiguó su influencia en un desenlace anudado, en el que pasaron muy pocas cosas por la labor industrial local y la sonrojante permisividad del colegiado con las explícitas pérdidas de tiempo inglesas. El Arsenal, que sólo registro dos tiros entre palos esta noche (ni uno tras el descanso), fabricó una contra en la que casi sentencia. Gyokeres conectó una volea que rozó el larguero. Así, el conjunto 'Gunner' confió todo a su retaguardia y a que su delantero aguantara pelotazos (muy buen rendimiento el suyo en esa suerte), ya sin Saka, Eze y Trossard. Odegaard comparecería, pero el partido iba más adherido a los bemoles que a la calidad. Y los colchoneros derrocharían coraje hasta el último segundo, muriendo con honor. La esperanza se escapó en el zurdazo en escorzo de Llorente que detuvo Raya y en la pifia de Sorloth, con todo a favor, en la finalización de la última gran combinación -minuto 86-. Budapest tiene ya su primer finalista. Hace 20 años que no llegaban tan lejos y 22 que no ganan la Premier. Arteta tiene ante sí la historia.